viernes 16 de diciembre de 2011

Correo

Hola aquí les dejo mi correo para que me escriban. Estoy a sus ordenes.
Iván.

miércoles 7 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 8

SIEMPRE TE AMARÉ ABRIL

Cielo, contestó el teléfono de su casa. Al oír la voz de Andrés, el mundo se le vino abajo.

-Andrés, qué sorpresa…
-Hola, Chata.
-Hola, Andrés…
-Oe, ¿tienes grupo para el trabajo de Economía III?...
-No, Andrés… nunca me puse de acuerdo con nadie…
-Bueno, te pongo en mi grupo para el lunes…
-Gracias, Andrés… te la debo
-No, hoy por ti, mañana por mí.
-Gracias, Andrés.
-Chata, se acerca tu cumpleaños…
-Así parece, ¿qué me vas a regalar?…
-Ya verás. Habla, unas chelas…
-¿Unas chelas?... Bueno…
-Ya pues vente a mi jato…
-No, en tu casa no… vamos al Piano Bar, Andrés…
-Ya, está bien, allí, en una hora…
-Muy bien.



-Ahora, hagamos otra pose…
-¿Qué pose, señor Sánchez?
-La del filo de la cama.
-¿Esa?… bueno, usted ordena y yo obedezco…

Marisol, de lo echada que estaba, gateó hasta el filo de la cama. Sánchez, de lo echado que estaba, se puso de pie, para vulnerar las nalgas de Marisol, lo hizo sin contemplaciones, con vértigo, y con fuerza. Sánchez, terminó en esa postura.

-Otra vez fue hermoso… ¡qué placer!...
-Que bueno que le haya gustado…
-¿Quieres un cigarro?...
-Sí, por favor… necesito fumar.
-¿Cuánto me dijiste que constaba el servicio especial?
-Cien dólares más, señor.
-Bueno, Marisol, será para la próxima…
-No hay problema señor, Sánchez. Pero, que esto quede entre usted y yo… no le diga nada a mi “representante”…
-No te preocupes, yo no le diré nada.
-El servicio especial consta de chupada sin condón y el servicio de la colita con condón.
-Suena bien… bueno, para qué esperar para la próxima… toma, cien dólares más…
-Gracias, señor Sánchez… le juro que no se va a arrepentir.
-Eso ya lo sé…

Sánchez, otra vez se acomodo sobre la cama boca arriba. Marisol, terminó de fumar su cigarro y, como si fuera una serpiente, se enredo entre las piernas de su cliente favorito.

-Eso, increíble, así, así Marisol…



-Vaya, tú siempre tan puntual…
-Es algo que me caracteriza, Cielo.
-Sí, ya veo.
-Sí, joven…
-Tráigame lo de siempre, una jarra con cerveza…
-Sí, joven, a la orden…
-Hace tiempo no venía a este lugar, Andrés.
-Yo tampoco, Cielo…
-Eso no se nota mucho.
-Bueno, ¿Cuéntame?, ¿Qué tal?...
-Ay Andrés, me hablas como si no me hubieras visto un año, diez meses, no sé… déjame decirte que estudiamos juntos, por si no lo sabes.
-Vaya… has venido con la navaja afilada.
-Al grano, Andrés. ¿Qué quieres de mí?
-Sólo conversar, Cielo. Sólo eso.
-Mira, eso de que me vas a poner en el grupo para el lunes, me suena a algo más…
-Bueno, si lo tomas así. Pero fuera de eso, te he citado aquí porque quiero sólo conversar contigo.
-¿Estás seguro?…
-Más seguro que el seguro de pensiones…
-Joven, aquí esta su jarra… su cenicero, y que disfrute.
-Gracias.
-Estás seguro, mira que ya vamos a tomar y, después, cuando suba la cerveza, las cosas se complican…
-Chata, no te voy hacer nada. Ya te he dicho que sólo quiero conversar contigo…
-Bueno, entonces conversemos…
-Chata, estás muy delgada… no comes, o estás enferma.
-Estoy en el gimnasio, Andrés.
-Ah sí, que bien.
-Me deberías de imitar, te veo subido de peso.
-Tal vez. ¿Brindamos?
-¿Y por qué motivo?...
-Por nosotros, por nuestra amistad, en fin… por conocernos tanto tiempo…
-Si tú lo dices… ¡Salud, entonces!
-Salud, Chata…




Él, caminó hacia el cuarto de baño. Caminó, con un sólo pensamiento en su mente, un pensamiento, que le estaba dando vueltas en la cabeza. Él, no podía recordar nada. Retrocedía y adelantaba su memoria como si fuera una grabadora de un periodista en acción. Él, orinó, pero siguió pensado en esa chica que según él, la había visto en algún lugar. Su prima, Diana, le había dicho que esa chicha que, él juró haberla visto antes, se llamaba, Paloma. Él, salió del baño para regresar a su cuarto, para seguir pensando o, mejor dicho, tratar de recordar, en dónde había visto a esa chica. “Maldita memoria, carajo… a ver… no, no es ella… no, menos… Puta madre, ya fue…” Él, desistió del afán de recordar a esa chica. Se quiso relajar, jugando en la computadora y de paso ver en la computadora chicas calatas teniendo sexo; páginas pornográficas en la web. En ese pasatiempo que él disfrutaba mucho, escuchó el llamado a su puerta de su cuarto. Minimizó las páginas pornográficas y maximizó otra página de cultura. Se paró de su asiento del escritorio y caminó para abrir la puerta. El que tocó la puerta era su padre. Él, abrió la puerta y su padre entró sin pedir permiso, entro sin miedos de nada.

-Ya te he dicho que no le eches seguro a la puerta…
-Estoy estudiando, papá.
-Insisto, no es necesario que le eches seguro por el simple hecho de que estés estudiando.
-Si tú lo dices…
-¡Sí!... ¡lo digo yo!… ¡y qué?
-Nada papá… cálmate… ya, está bien, no le hecho seguro.
-¿Cuánto es lo de tu instituto?
-Dos mil soles…
-¿Hasta cuándo tienes plazo para pagar?…
-Hasta mañana, papá.
-Mañana temprano vas a pagar tu instituto, ya… y ya es hora que te pongas las pilas para trabajar, ya tienes que ayudar en la casa.
-Está bien… déjame terminar con estos cursos que son trancas, así tengo más tiempo para buscar un trabajo…
-Muy bien… Listo, te dejo, y ya sabes, no eches seguro a la puerta, ya.
-Esta bien, papá.

Él, esperó que su padre cerrara la puerta y con prisa buscó su celular para llamar a su prima Diana. Ella contestó a la tercera timbrada.

-Hola, primito…
-Diana, mañana lo hacemos, ya tengo plata.
-Ya tienes plata…que bien.
-Sí, ya. Mañana mi viejo me va a dar para pagar el instituto…
-Mierda, vas a cutriar rico, huevón…
-Bueno, quinientos soles no le cae mal a nadie, ¿no?…
-Mierda… el instituto te cuesta mil quinientos…
-Así es…
-Mierda, qué rico…
-¿Puedes o no puedes mañana?
-Ya, chévere, pero antes vamos a comprar ropa.
-¿Tienes plata?…
-No tonto, tú me vas a comprar algo… nada te cuesta, si no es tu plata…
-Ya, está bien…
-Gracias primito… bueno, te tengo que dejar, estoy en la calle…
-Listo, Dianita, mañana nos vemos…
-Ok, mañana nos vemos.

Él, terminó de hablar con su prima Diana, dejó el celular sobre la cama y volvió al escritorio para seguir viendo las páginas pornográficas que tanto le gustaban.



-Por favor, una jarra más.
-A la orden, Joven.
-Eres una mierda conmigo, Andrés. Nunca me tratas tan bien, sólo cuando es para esto…
-Cielo, sabes muy bien que nosotros somos tal para cual…
-Pero yo te quiero, Andrés. Y mira, ya estoy mareada, pero siempre te lo he dicho sana, sin ninguna gota de alcohol.
-Sí, lo sé, yo también te quiero…
-Pero a tu manera, Andrés. Me quieres sólo para esto… ¿Y de ahí qué?...
-De ahí nada, Cielo. Ahora, sólo estamos tú y yo… ¿lo demás?, no importa.
-Aquí tiene su jarra, joven.
-Gracias. Por favor, me trae la cuenta…
-Cómo no, joven.
-Sí, importa, Andrés. Porque mañana seré sólo tu amiga.
-Nunca Cielo. Ya te he dicho, nosotros somos algo muy especial.
-Salud Andrés, ya no me importa…
-Déjame besarte para calmarte.
-Sí, hazlo, hazlo tiernamente, por favor…
-Como siempre, Cielo…
-Disculpe, Joven. Su cuenta…
-Ah, gracias. Espere, tome y quédese con el vuelto.
-Gracias, Joven.
-¿Cielo, nos vamos?...
-¿A dónde? ¿A mi casa?...
-¿Cómo, no es que ya no te importaba nada?
-Ay Andrés, siempre es lo mismo…
-Te prometo que esta vez va a ser diferente. Te lo prometo.
-Ok, vamos… no me importa nada. Sólo estar contigo.
-Entonces, nos vamos.
-Pero todavía queda cerveza en la jarra…
-Eso ya no importa Cielo. Vamos…
-Vamos Andrés… vamos…

miércoles 2 de noviembre de 2011

CAPÍTULO 7

SIEMPRE TE AMARÉ ABRIL.


7

Abril, cuando terminó de hablar con Pocho por el celular, se le vinieron varias cosas a la mente. Tantas cosas que las resumió en tres partes. Primero: el saber que Pocho está en Lima y recuperado, para Abril, fue como algo extraño, como algo nuevo, como algo curioso, como algo deseable. Volver a ver después de mucho tiempo al primer hombre de su vida. Al que le hizo sentir cosas que antes no había sentido y, sobre todo, a la única persona que le presentó de una cierta forma, el verdadero amor. Un amor difícil por las circunstancias en que se dio. Un amor que, ella misma no lo llamaba así, sino, tan sólo un querer. Un amor al tiempo perdido, de situaciones placenteras, comprometedoras y arrolladoras. Abril, se echó sobre su cama boca arriba y miró la pared en lo alto de su habitación, encontró la nave del recuerdo, y empezó a recordar los mejores momentos con Pocho. Abril, llegó al recuerdo de uno en especial, uno que, aunque pase cien vidas después de ella, nunca podrá olvidar. Su primera vez con Pocho. La nave del recuerdo hizo un alto y mostró con detalles la escena ya mejorada y ya editada. Abril, cerró los ojos y se dejó llevar por aquella nave del recuerdo:

-Pocho, tengo sólo diecisiete años.
-Abril, eso no importa si hay amor. Ya estamos aquí, vamos a dejar que nuestros cuerpos hablen por sí solos.
-Pocho, tengo miedo. ¿Y si salgo embarazada?...
-Por eso no te preocupes, yo me voy a cuidar.
-Sabes muy que soy virgen…
-Siempre hay una primera vez, chiquita.
-Pocho, yo te quiero mucho. Protégeme…
-No tengas miedo, chiquita. Nada malo te va a pasar. Tú déjate llevar…
-Por favor, protégeme. Haz que nada malo me pase.
-Ya te he dicho que no te preocupes, tú sígueme… ¿quieres que fumemos antes de hacerlo?...
-No, está vez no quiero fumar. No ves que lo que vamos a hacer es algo importante para mí.
-Ya, está bien, Abril. Pero yo sí me voy a meter un tronchito para estar relajado.
-Está bien, fuma, con tal que me trates con cariño…
-Mientras tanto, tú desvístete y ponte cómoda.

Abril, abrió los ojos, cautivó una sonrisa, recordó ese momento donde por primera vez se tuvo que desvestir frente a un hombre.

-Tienes un hermoso cuerpo, chiquita.
-Cuando fumas, empiezas a delirar, Pocho.
-No, de verdad, Abril. Vamos, fuma un poquito…
-Está bien, pero sólo un poquito…

Abril, empezó a fumar sin impórtale hacerlo, su cabeza estaba en otra parte, mejor dicho, estaba buscando respuestas, tuvo miedo, tuvo vergüenza, pero siguió fumando. Cuando terminó, ya hacia desnuda sobre la cama, ella sólo esperó que Pocho terminara de fumar la hierba de marihuana.

-¿Sabes?, fumar me relaja, Abril.
-Ya veo, pero termina, que quiero salir de aquí cuanto antes.
-Espérate pues, deja que la hierba se me suba a la cabeza…

Pocho, se empezó a quitar la ropa. Ya mostraba sonrisas sin querer. Buscó los preservativos, los encontró, los puso sobre la cama y ya desnudo buscó los labios de Abril.

-Espera, ¿quiero que me prometas algo?
-Tú dirás, chiquita.
-Quiero que me prometas que a partir de este momento, sólo harás el amor conmigo, sólo conmigo…
-Prometido, chiquita. Sólo contigo.
-A ver tus dedos. Prométemelo otra vez, quiero ver tus manos…
-Ya, ya… mira mis manos, mis labios y escucha… prometo hacer el amor sólo contigo…
-Eso me gusta. Entonces ahora sí hagámoslo…

Pocho, la empezó a besar tiernamente por toda la cara. Buscó tocar sus senos tiernamente, lo consiguió, después, vulneró su cuello con besos apasionadazos. Abril, estuvo nerviosa, pero se dejó llevar lentamente sin dejar de cerrar los ojos, pensando que nada malo iba a pasar. Abril, ya no sintió miedo, ya se había entregado al deseo, a la pasión.

-No, no, no… Pocho, ponte el condón…
-Un ratito así, nada malo va a pasar.
-No, Pocho. Me dijiste que te ibas a cuidar.
-Un ratito, no la voy a dar a dentro.
-No, prefiero evitar… ponte el condón, por favor.
-Pero, primero chúpamela, sin condón.
-Ya, está bien. Pero que conste que todavía no sé hacerlo…
-Haz la cuenta que es un chupetín, sólo usa lengua y boca, nada de dientes. Y mientras haces eso, succionas…
-Vaya, cómo se nota que has estado con muchas mujeres.
-No creas, Abril. No he estado con muchas mujeres.
-A ver, que tal me sale…

Abril, retrocedió lentamente, buscó su espacio, se acomodó el cabello a la caída libre, y sin pensar, con intuición, empezó a hacerle el sexo oral a Pocho, lentamente y con cuidado.

-Eso, abril, eso… con cuidado, chiquita.

Abril, siguió con el ritual. Se sintió presa de placer, cautivó la escena, monitoreaba el peligro y respiraba forzosamente.

-Espera, espera, Abril… no pares, no pares, por favor…

Abril, le hizo caso, pero no porque él se lo pidiera, si no porque ya se sintió dueña del placer.

-Eso es para que veas, que no soy una monja.
-Ya veo…
-Ahora, ponte condón. Quiero que mi primera vez sea ahorita, con este deseo que no puedo controlar, hazme el amor, Pocho.

Pocho, buscó el preservativo que lo había dejado en la cama, lo encontró en un rincón a punto de caerse al piso. Rompió la cajita y sacó uno. De inmediato se lo puso, hasta el fondo, aislando el bello púbico y afilando su “arma” manualmente.

-Tienes unos ricos senos, chiquita.
-Despacio, loco, loco…
-Sí, ya sé. Eso, muévete, eso, bésame.
-Ahora sí… Ahí, ahí, ahí…sí, sí, sí, sí… sí…

Abril, se retorció de placer. Sus gemidos fueron exagerados y excitantes. Al principio no se movió, después, llevó el ritmo como algo natural. Abril, ya estaba disfrutando de su primera vez con el hombre que amaba, que quería, que deseaba.

-Eres única, chiquita…
-Sigue, sigue, mi amor.
-Vamos hacer otra pose… voltéate.
-¿Cómo?, ¿así?…
-Sí, así. Ahora ponte como si fueras un perrito…
-Como perrita, dirás…
-Bueno, suena feo, pero en fin.

Pocho, no esperó más tiempo para vulnerar las nalgas de abril. Ambos disfrutaban de ese placer único y deseoso. Abril, sintió que había acabado como dos veces, y se iba por la tercera. Pocho, aguantó el primero. Cada vez que sintió que estaba a punto de acabar, se detenía, se controlaba, así lo hizo varias veces, hasta que no pudo más, y ya adentro de Abril, terminó con fuerza y lujuria. Pocho, cayó en el hermoso dorsal de Abril, y ella, se desplomó boca abajo sobre la cama…

-Chiquita, fue hermoso…
-Sí, fue hermoso. Que rico. No sabes cómo me siento.
-Que bueno, eso me hace sentirme bien.
-Me siento en las nubes. Mi primera vez, algún día tenía que pasar.
-Y eso que falta más, ah.
-¿Sí?...
-Claro, Chiquita.
-Bueno, si tú lo dices. Al principio, mostré un poco de temor, pero para la próxima, me vas a ver más tranquila.
-Es normal, chiquita, fue tu primera vez…
-Seguro.

Pocho, se levantó de la cama, caminó hacia donde estaba su pantalón. Busco en él, algo que no encontraba en sus bolsillos. Hasta que halló un tubito amarillo y lo escondió entre sus manos.

-¿Qué haces, Pocho?... Ven acuéstate conmigo, no me dejes sola.
-Ya voy chiquita, espera…

Abril, miró que Pocho escondía algo en su mano derecha. No pudo evitar la curiosidad y sin dejar de mirarlo le dijo:

-¿Pocho, qué es eso que llevas ahí?, ¿Otra clase de condón?...
-Nada, chiquita. Es un lubricante.
-¿Lubricante?...
-No has oído hablar que hay lubricantes para el sexo.
-No, sólo para carros.
-Puta madre, no me hagas cagar de la risa.
-Pero ya, no te rías, ¿Y para qué quiere un lubricante?.
-Para el sexo anal.
-¡Qué?, me la vas a meter por el culo, no , ¡estás loco!…
-Pero es parte del sexo, es normal, además chiquita, tienes un lindo culito.
-Sí, eso sí, todos esos hombres mañosos, cuando paso por cualquier lugar me miran el culo.
-Es que es bonito. Chiquito y formadito. En forma de una gotita.
-Cada uno sabe lo que tiene,¿no?.
-Eso sí, así es, Abril.
-Pero Pocho, si me la vas a meter por culo, me va a doler, no quiero que me duela. En vez de sentir placer voy a sentir dolor.
-No, loquita. Al principio duele un poco, pero cuando el culo está bien lubricado, vas a ver que te va a gustar.
-No te creo, loco.
-Lo que tengo en la mano es un lubricante y sirve para eso. Vamos a hacerlo y verás que será algo único.
-Ya, está bien. Pero si me duele mucho paramos ¿ya?.
-Ok, chiquita. Ya vas a ver que no te va a doler. Sólo te dolerá un poquito y nada más.
-Esperemos que sea un poquito…

Abril, abrió los ojos, quiso obviar esa parte de su memoria. No por el hecho que no le había gustado. Al hacerlo, sintió placer, un poco de dolor, pero al final le gustó. Pero terminó con ese pensamiento porque opacaba de cierto modo su primera vez. Sólo la nave del recuerdo editó y mejoró la inocencia y ternura de su primera vez.
Abril, le tocó seguir con la segunda parte de sentimientos encontrados que atormentaron su cabeza. La segunda parte de las tres que había resumido a causa de la llamada de Pocho. Lo segundo: Abril, se preguntó: “¿Y si otra vez regreso con Pocho?. Abril, supo que cualquier cosa podría pasar. Escuchar después de mucho tiempo la voz de Pocho, le hizo sentir otra vez como una chiquita de diecisiete años. Abril, se dio cuenta que otra vez la nave del recuerdo aterrizaba sobre su pared, volvió a cerrar los ojos y de nuevo se dejó llevar. Recordó la escena en donde Pocho le dijo para que fuese su enamorada.

-¡Loco!, ¿Por qué me has llevado hasta aquí?...
-¿No te gusta conocer nuestra historia, Abril?.
-¿Historia?, bueno, sí. Lo que pasa es que pensé que me ibas a llevar al cine.
-Ah, seguro porque te dije que te iba a llevar a un lugar donde ibas a ver cosas lindas.
-Claro. Pero si ya estamos aquí, normal.
-La culpa es mía, Abril. Debí decirte que soy un asiduo a los museos.
-No, no te preocupes.
-Veo que no eres muy aficionada a los museos.
-He estudiado historia, en el colegio y en La Pre, pero de ahí a ir a museos… en fin.
-Lo que pasa es que nunca has tenido un guía como yo.
-Mira tú…
-Sólo quiero que conozcas un sitio que, hasta ahora, para mí, es algo alucinante.
-No me digas, ya sé: El Señor de Sipán.
-Bueno, no precisamente, pero me alegro que sepas algo del Señor de Sipán.
-Para que veas que algo conozco.
-Sí, ya veo. Pero no. Yo te quiero enseñar las Líneas de Nazca.
-¡Las Líneas de Nazca?
-Sí. Las imponentes y enigmáticas "Líneas de Nazca" son, creo yo, uno de los más importantes legados de las antiguas culturas Pre-Incas peruanas: fuente de conocimiento y registro asombroso de los fenómenos celestes.
-¡Vaya!, Pocho. No sabía que eras un erudito en la materia.
-Ven, vamos a ver las Líneas de Nazca, y te explico mejor…
-Vamos pues.

No usaron el ascensor. Subieron por las escaleras sintiéndose presos por el silencio de ese lugar. Pocho, nunca olvidó, cuando de niño su padre lo llevaba cada vez que podía, después del trabajo, a recorrer todos los museos de Lima. El museo de La Nación, siempre fue el preferido de Pocho. La emoción indescriptible que sentía Pocho, cada vez que el auto salía a las orillas de la avenida la Marina rumbo hacia la avenida Javier Prado. Pocho, de niño, siempre supo y, quizás fue la única referencia, cuando su Padre al volante solía decir: “San Borja, San Borja”, eso significó para Pocho, que ya había llegado al Museo de la Nación que tanto le gustaba. Los padres de Pocho, tardaron en saber cual fue esa afinidad tan placentera que sentía Pocho de niño al ir a los museos. Cayeron los dos que, la fuente de inspiración de aquellos dibujos que su hijo hizo por muchos años se debió a todos esos museos que de niño asiduamente él visitaba junto a su padre. Un día Pocho, cuando tenía cinco años, dibujó en sus paredes de su casa, las Líneas de Nazca. Al bajar su padre de su cuarto, miró el dibujo y se quedó un poco dudoso, pero de inmediato se dio cuenta del dibujo que había hecho su hijo. Se quedó emocionado, se preguntó: ¿cómo era posible que en un par de visitas al Museo de la Nación, Pocho, su hijo de cinco años, había captado la idea y plasmado todas las Líneas de Nazca en la pared de su casa?. Recordó Pocho, cómo ese día su padre lo abrazó hasta no cansarse, y de los besos que le dio su madre sin dejarlo también de abrazar. Ese dibujo se quedó en casa por lo menos un mes. El padre de P-ocho prohibió que nadie borrase ese dibujo hasta que se cumpliera un mes. Cuando borraron las propias Líneas de Nazca que había dibujado Pocho, su padre le tomó a ese dibujo varias fotos. Después, al revelar las fotos, hizo enmarcar la mejor foto en un cuadro y lo colgó a simple vista en su cuarto. Lo colgó con la misma emoción que sintió cuando vio por primera vez el dibujo que había hecho su hijo. Ese cuadro lo llenaba de orgullo, de inspiración, de emociones y, sobre todo, lo llenaba de muchas fuerzas para seguir luchando contra su enfermedad, o por lo menos, luchar hasta que la enfermad lo acabase.
En cambio, para Abril, fue como ir a una misa. Nunca le gustó eso de hablar bajito o respetar culturas antiguas. Abril, ya nada podía hacer, ya estaba adentro de un museo esperando pasar el rato, sin saber que ese día, mirando las Líneas de Nazca, Pocho, se le iba a declarar.

-Esas son, Abril. Las enigmáticas Líneas de Nazca.
-¡Vaya!... una cosa es estudiarlas y otra cosa es verlas en miniatura.
-Son alucinantes ¿no?.
-Sí, qué diferencia. Las Líneas de Nazca, no se pueden apreciar muy bien en libros ni en Internet.
-Así es. Cuando tenía cinco años, en la pared de mi casa, dibujé las Líneas de Nazca.
-¿No?...
-Sí…
-Loco, pobre tu mamá, pobre casa.
-Para nada, a mi mamá le gustó el dibujo y a mi padre, que en paz descanse, también le gustó mucho lo que hice. Hasta le tomó varias fotos a mi dibujo.
-Toda una familia de locos la tuya, ah.
-Modestia a parte, Abril. Una familia muy culta…
-Así parece, en fin, ahora quiero ver al Señor de Sipán. ¿Vamos?
-Espera, Abril. Quiero decirte algo.
-Vaya, qué seriedad.
-Lo que te voy a decir es algo serio.
-¿Algo serio, aquí?... ¿en éste lugar?...
-Sí, aquí, qué, tiene algo de malo.
-Para Nada, pero… ¿no crees que es un poco raro este lugar para que me hablas en serio?.
-No me importa, lo que te tengo que decir no puede esperar más.
-Entonces habla, que te escucho.

Abril, le habló a Pocho sin dejar de mirar las Líneas de Nazca y, así, de ese modo, escuchó lo que él le iba a decir:

-¿No me vas a mirar?…
-El simple hecho que no te mire no quiere decir que no te esté escuchando.
-¿Estás segura?...
-Sí…
-Bueno, total, algún día te lo tenía que decir…
-Eso es la figura de un mono ¿no?...
-Abril, te quiero…
-…
-Eso Abril, así me gusta, que me mires. Eso chiquita…
-Pocho, yo…
-No me digas nada. Sólo quería que lo sepas. Que sepas que te quiero. Que estoy enamorado de ti desde el primer día que te vi.
-¿Y cómo sé que no me estás mintiendo?
-Tú crees que te voy a traer hasta aquí, hasta este lugar, sólo para engañarte.
-Tal vez. Puede ser. ¿Quién sabe?
-No chiquita, nada que ver. No sabes lo que significa para mí éste lugar. Éste lugar me hace recordar mucho a mi padre. Los dos adorábamos estar aquí. Y yo nunca voy a jugar con su memoria, menos, cuando estoy a aquí al lado de estas Líneas diciéndote que te quiero, que estoy enamorado de ti.
-Pocho… no sé qué decirte.
-Ya te he dicho, no digas nada.

Pocho, ya la había atrapado con la mirada. Se acercó lentamente, besó su frente, olió su cabello, llegó a los hombros, la abrazó muy fuerte, su corazón latió a una velocidad inalcanzable. Abril, quería escapar, pero no pudo. Se dio cuenta que también se le había prendido en su cabeza ese foquito de gusto que iluminaba su mente y a la vez iluminaban sus ojos. Pocho, siguió abrazándola hasta que encontró la razón de buscar su boca. Volvió a estar en sus hombros, después, volvió a oler su cabello, otra vez besó la frente de su chiquita, y sin mirarla, con los ojos cerrados, como un imán, estrechó los labios de su bella Abril. Se besaron sin control, sin ataduras, libres, con ganas de empezar una nueva vida. Se besaron al lado de tanta historia junta, de tanto pasado olvidado y a la vez recordado.

Abril, sobre su cama, volvió abrir sus ojos. Se dio cuenta que había humedecido sus labios por el recuerdo de aquel beso. Abril, siempre supo que casi todos los momentos que pasó con Pocho, fueron momentos lindos e inolvidables. Pero, lamentablemente tuvo que recordar el problema que tuvo él con las drogas. No estaba segura si realmente Pocho se había curado del todo. “uno nunca deja de ser drogadicto, alcohólico, vicioso, en fin… sólo existe la abstinencia y el de ya no recaer más. Abril, pensó así, de esa manera, humedeciendo con pena, ya no sus labios, sino sus ojos. De la alegría pasó a la tristeza de un romance que fue muy difícil y complicado para ella. Abril, otra vez sintió que tenía que cerrar los ojos para recordar y seguir con la última parte de su resumen de sentimientos encontrados. Abril, no quiso hacerlo, no quiso ya recordar nada, pero fue demasiado tarde, ya la nave del recuerdo había sufrido un aterrizaje forzoso sobre el techo de su cuarto. La nave del recuerdo editó la escena más triste de esa relación:

-¡Dame Carajo!... ¡No ves que necesito plata!...
-Pero Pocho, plata para qué…
-No me jodas con preguntas entupidas, Abril… ¡sólo necesito plata!.
-No tengo…
-Sí tienes. Me dijiste que estabas ahorrando para comprarte un nuevo celular… ya pues, esa plata. Yo después te devuelvo todo y con intereses…
-Así me dijiste con la plata del libro que me iba a comprar… y hasta hora no veo nada.
-Eso es otra cosa, Abril.
-No Pocho, ya no confío en ti.
-¡Carajo!... ¡Por favor!... Préstame…
-No. Dime ¿para qué quieres plata?…
-Estoy metido en un lío, chiquita…
-¿Cuál lío?...
-Por la droga… les debo plata…
-¡Mierda!, me juraste que ya no te ibas a drogar…
-Chiquita te juro que es la última. Ya no me drogaré más… sólo quiero pagarles y punto.
-Y si no es así, Pocho.
-Chiquita, confía en mí. Necesito pagarles antes que me hagan algo…
-¿Señorita, éste señor la está molestando?...
-¡Tú que te metes, serrano de mierda!...
-Pocho, ¡tranquilo!…
-Para qué se tiene que meter éste huevón… quien chucha lo invitó.
-Por favor señor, sin ofender… sólo quiero ayudar.
-Entonces vete, no ves que estoy conversando con mi enamorada…
-Señorita, se encuentra bien.
-Si señor. Todo está bien…
-Ya ves, todo está bien, así que te puede ir por donde viniste.
-¡Pocho!…no hagas un escándalo en la calle, ¿quieres?...
-Que conste señorita que me estoy retirando porque usted me está diciendo que todo está bien…
-Gracias, señor… pierda cuidado.
-Muy bien, me voy entonces.
-¡Carajo, lo que me faltaba!... Bueno Abril, ¿me vas a prestar?, ¿sí o no?…
-¡No, no, no!... algo me dice que no te preste nada…
-¡Carajo!... prefieres que me hagan daño…
-No, nada de eso loco. Pero ya no confío en ti…
-¡Mierda!... ¿Entonces qué hago?...
-Ven vamos a mi casa. Mis padres no están. Allí podemos hablar con calma y me dices la verdad…
-Ya te he dicho la verdad, Abril. Debo plata por la droga…
-Vamos Pocho. Ven conmigo…

Abril, se acercó a él, lo besó, lo abrazó y lo protegió. Después, ella lo llevó a su casa, sintió que Pocho no pasaba por un buen momento. No le creyó en nada de lo que le dijo de deudas o cuentas. Supo muy bien que esa plata la necesitaba para drogarse y quedar perdido por varios días sin que Abril supiera nada de él. Abril, sobre el mueble, lo abrazó sin soltarlo, le quería mucho, le importaba y lo necesitaba.

-Así me gusta verte, Pocho. Ves, así… tranquilo loquito.
-Perdona, Abril. Fui un tonto en reaccionar así.
-Nada. No tengo nada que perdonarte.
-Gracias, chiquita.
-Hagamos el amor, mis padres no vienen hasta mañana…
-¿Estás segura?...
-Sí, loquito.
-Pero, ¿aquí, en el mueble?... Vamos a tu cuarto.
-Sí, mejor.

Caminaron abrazados hasta el cuarto de Abril. Se hicieron el amor como ya sabían hacerlo. No hubo ni primera vez ni nada de miedos. Hicieron el amor con coraje y pasión. Ya echados y desnudos sobre la cama, aprovecharon para conversar.

-Dime, Abril: ¿Cuál es mejor regalo que de chiquita que te han hecho?...
-Cuando era pequeña, mi padre me regalo una muñeca muy bonita… algo que hasta hora conservo… mira mi ropero… ahí está todavía la muñeca.
-Sí, ya veo. Está linda…
-¿Y tú? ¿Cuál es el mejor regalo que te han hecho de niño?...
-Un juego de dibujo. Llenos de lápices, colores, pintura, plumones, papel…
-¡Qué lindo!... te lo merecías…
-Gracias, chiquita. Y ahora último, ¿te ha sorprendido algún regalo?...
-Sí, claro, tus regalos…
-No pues, así no vale, me refiero a algo que no te haya regalado yo…
-Mmmm... Sí, mi padre me regaló unas botas negras por haber ingresado a la Universidad…
-Que paja… Pero, Abril, nunca te las he visto puestas.
-No, yo ya sabré cuando me las pondré, loquito.
-Vaya que misterio.
-Ahora, yo te hago la misma pregunta: ¿Qué te han regalado últimamente?...
-Bueno, al decir verdad, yo mismo me he regalado…
-¿Sí?, ¿Qué cosa?...
-Una guitarra eléctrica…
-¿Qué?... pero sí tu no tocas ni las mañanitas… ¡no me jodas, Pocho!...
-Lo que pasa es que no sé si te habrás dado cuenta, yo soy un chico que se compra cosas no por la necesidad de adquirirlas o pora un fin especifico, sino, las compro porque me gustan, y bueno, vi esa guitarra eléctrica en vitrina y simple y llanamente me dio la gana de comprarla, y punto.
-Qué buena, Pocho. No sabía esa… qué chistoso.
-Ahora resulta que yo soy un payaso…
-No precisamente, pero, estás en camino de serlo…
-Sí, ya veo…
-Que lindo es verte así, Pocho…
-¿Así cómo, Abril?…
-Tranquilo, sereno, de buen humor… no como hace un rato en la calle… que feo te pones cuado estás así…
-Ya pasó chiquita, no volverá a ocurrir…
-Eso espero, loquito.
-¿Vamos a bañarnos juntos?, ¿Qué dices, Abril?…
-No. Prefiero bañarme sola y de paso ocupo el baño…
-Cochina…
-Es natural ¿no?, somos una pareja… mejor dicho, somos humanos ¿no?...
-Sí, pero, no hace falta que seas tan explicita en tus cosas con tu enamorado…
-En fin, ya regreso… me baño yo primero y después entras tú ¿ya?...
-Ok, Abril. No te olvides de echar bastante aromatizador al baño después de ocuparlo, ah…
-Payaso…

Abril, totalmente desnuda, buscó sus cremas sobre su mostrador, cuando las encontró, caminó hacia el cuarto de baño. Entró y cerró la puerta del baño. Dejó las cremas en el mostrador del baño que estaba por debajo del espejo. Se miró el rostro, lo encontró cansado y a la vez excitado. No perdió más tiempo y ocupó el inodoro para sentirse libre otra vez. Abril, terminó con todo el peso que le agobiaba y entre risas vagas echaba el aromatizador con olor a fresas perfumadas. Después, ya no esperó más tiempo, para sentir el agua fresca que caí de la ducha de su casa. Abril, pensó en sus botas que le regaló su padre por su ingreso a la universidad: “cuando me compre mi celular nuevo, entrenaré dos cosas a la vez, celular y botas…
Abril, automáticamente cerró la llave de la ducha… se quedó quieta y pensativa. “Dios, no, ¡mierda!, no puede ser.” Abril, pensó en voz alta. “qué rara conversación la que acabo de tener con Pocho. ¡No!, ¡mierda!, todo el dinero de mi nuevo celular está escondido en mis botas nuevas”… Abril, casi se cayó al salir de la ducha. Abrió la puerta del baño y no le importó estar desnuda para salir corriendo desesperada hasta su cuarto. Al entrar al mismo, se dio con la sorpresa de que Pocho ya no estaba. También se dio cuenta que todas sus muñecas estaban por los suelos y al abrir su closet, donde había guardo sus botas, todavía sin estrenar, desvaneció en la tristeza de ver, cómo en su presencia, había pasado por su cuarto un huracán con vientos de adicción. Abril, no perdió más tiempo, levantó las dos botas y al no encontrar nada de dinero, cayó en un llanto de pena, mas no, de cólera. Abril, se reprochó a sí misma, por no haberse dado cuenta de la estratagema de Pocho. Cada pregunta y respuesta para Pocho tenía un significado importante. Nunca imaginó que, de una simple conversación, prácticamente le estaba diciendo a él, donde había guardado todo el dinero que había ahorrado para comprarse un celular moderno. Abril, también comprendió y entendió que, la enfermedad de Pocho, iba más lejos de lo que ella imaginó. Regresó al cuarto de baño y en ese caminar, Abril, volvió a pensar en voz alta: “esta vez si llegaste muy lejos, Pocho. Tu adicción es de gravedad”…


-Abril, hija, ¿estás ahí?…
-Sí, mamá… me estoy cambiando.
-Ah, bueno, tienes visita…
-¿Quién es mamá?...
-Diana…
-Que me espere un toque… ya salgo.
-Muy bien…

Abril, sobre su cama se secó las lágrimas, respiró lentamente y se ubicó. Abril, ya más tranquila, salió de su cuarto para recibir a su amiga, Diana.

lunes 3 de octubre de 2011

CAPÍTULO 6







NUNCA TE OLVIDARÉ ABRIL.











-Me gusta éste hostal, primo. Por fin me llevas a uno decente. -Diana, entró primero a la habitación, lo primero que hizo fue encender la luz de la habitación y la luz del baño, después, se sentó sobre la cama y no dejó de mirar las paredes decoradas por los cuadros.-

-Eso es porque es fin de mes, Dianita… -Él, cerró la puerta de la habitación, se puso cómodo y prendió un cigarrillo, de la nueva cajetilla que se había comprado por el camino. Él empezó a fumar tranquilo y muy relajado.-

-A ya, y como todos cobran en fin de mes, seguro, a mi tío ya le han pagado en su trabajo.

-Claro, Diana. Y yo ni corto ni perezoso le he picado rico…

-¿Sí?... ¿Cuánto le has picado?...

-Ciento cincuenta soles.

-Mira tú, entonces, será motivo para que me compres mi cajetilla de cigarros…

-Pero, acabo de comprar esta cajetilla…

-No primito, yo quiero mí cajetilla.

-Si es así, normal, no te preocupes por eso.

-Gracias, primo. A ver, prende la tele, hoy quiero ver una buena película por cable…

-¿Pero?, no hemos venido a ver una película…

-Tontito, no te olvides que tenemos toda la tarde y parte de la noche para estar juntos…

-Eso suena bien, Diana. Pero primero vamos a darnos el primero.

-Será tu primero, porque sólo lo gozas tú, porque a mí me dejas a medias.

-Tú sabes que siempre el primero lo acabo rápido. Pero ya para el segundo, tú misma eres…

-Ya, está bien. Pero primero déjame bañarme…

-¿No te has bañado antes de salir a la universidad?…

-Sí, monse, sí me he bañado, pero yo siempre me baño antes de hacer el amor, y a ti, eso te consta.

-Sí, verdad. Lo sé. Vaya, entonces.

-¿Quieres que nos bañemos juntos?...

-No, yo ya me bañé antes de salir.

-Cochino. Y te apuesto que con agua caliente.

-Clarín. Con este puto frío me baño con agua caliente y más caliente.

-Yo siempre me baño con agua fría. Me reconforta mucho.

-Entonces, adelante, Diana. Pero a mí, no me mete nadie a la ducha.

-Cochino…



ÉL, la esperó desnudo sobre la cama. Prendió la televisión y se puso a hacer zapping. En ese quehacer, no encontró nada entretenido para ver. Su cabeza y su cuerpo le estaban pidiendo hacer con su prima lo que realmente vinieron a hacer los dos en ese lugar llamado hostal de tres estrellas. Él, observó la cama, estaba bien acolchonada y forrada. En ese silencio, donde sólo se escuchó el agua caer de la ducha, Él, le dio la razón a su prima, ése hostal no era como los demás hostales que Él frecuentaba. Y no sólo con su prima, sino con algunas amigas cariñosas que Él tenía a su disposición. Él, disfrutaba mucho hacer el amor con su prima, porque su prima era muy estrecha. Sabía que para Diana, su primo hermano, era el primer hombre de su vida. Y también, porque todavía no había hecho con Diana el sexo contra natura. Algo que a su primo hermano le gustaba mucho hacer. Todo eso, y si lo asociamos de la mano a lo “prohibido”, y no sólo por el sexo en sí, sino, porque al fin y al cabo, Diana, era su prima hermana. Esa situación “prohibido” a Él le excitaba mucho. Miró las paredes de ese hostal. Buscó paz. Miró los dos pequeños cuadros que eran de paisajes que Él no conocía ni mucho menos le dio curiosidad de conocer. También miró y se miró en los grandes espejos laterales y horizontales donde a los lejos Él se veía enorme y a la vez pequeño. Diana, salió de la ducha, como un pollito remojado. No se mojó el cabello, ya se lo había nutrido antes de salir a la universidad con reacondicionadores importados. No quería malograr el tratamiento. Salió de la ducha con una risa vaga, ni ella misma sabía por qué se reía, la toalla era pequeña y le tapaba sólo una parte de su cuerpo. Diana, buscó el control del televisor, y así secándose, empezó a buscar algún programa para entretenerse. Él, la miró, no le dijo nada, pero ya su pene estaba prolongado, y se lo empezó a tocar suavemente sin que ella se diera cuenta. Diana, al no encontrar nada entretenido en la televisión, apagó la luz del cuarto y del baño y tirando el control remoto sobre el mostrador y dejando caer la toalla sobre el piso, se echó sorpresivamente sobre la cama. Diana, justo cayó sobre las piernas de su primo.



-Primo, tienes un pene muy bonito y grande…

-Cómo sabes eso, si a oscuras no se puede ver bien.

-Será porque eres el único hombre con quien he tenido sexo.

-Bueno, no pierdas más tiempo, Dianita, mi pene es todo tuyo…

-¿Sabes, primo?.

-Dime preciosa.

-Me gusta chapártela…

-Entonces adelante. Con cuidado, sin dientes, eh…



Diana, empezó con el ritual y su primo cerró los ojos, controlando los movimientos y la respiración.







-¿Sí?...

-¿Buenas tardes, señora, se encuentra, Andrés?...

-¿Paloma?...

-Sí, señora, soy yo…

-Hola hija, sí, pasa…

-Gracias…



Paloma, cuando apenas escuchó el contacto de la reja negra del edificio que se abrió lentamente, entró sin apuros y sin temores. Al subir al departamento de Andrés, notó que habían pintado todos los interiores del edificio que, si no fuera porque Paloma conocía el lugar de memoria, se hubiese perdido por la igualdad de los departamentos. Llegó al quinto piso, departamento número 55, no hizo falta que tocara el timbre, ya la puerta estaba abierta y al frente de ella la madre de Andrés que ya la estaba esperando con una sonrisa de cortesía.



-Hola, hija…

-Señora., cómo le va.

-Bien hija, pasa, toma asiento…

-Gracias. -Paloma, se sentó y esperó que la madre de Andrés hiciera lo mismo y de paso que tomara la palabra.-

-¿Y qué tal Paloma, dice Andrés que han tenido una practica muy dura, no?…

-Sí, señora, tan dura que apenas terminamos nos fuimos a nuestras casas…

-Con razón Andrés me vino a la una de la tarde, ya para almorzar.

-Me imagino. No era para menos, señora. ¿Y está Andrés?

-Sí está hija y menos mal que has venido, porque está que no quiere ver a nadie. Ya sabes qué le pasa ¿no?... esa depresión o tristeza tiene un sólo nombre: Abril.

-Sí señora, así parece…

-No sé qué le habrá visto Andrés a esa chica tan ligera… no me cae para nada, mira cómo lo tiene a mi pobre, Andrés.

-Su hijo se ha enamorado, señora.

-Ya veo, hija. Sufre como un tonto, como un idiota. Y no se da cuenta que hay chicas mejores que esa tal Abril. Por ejemplo: Cielo. Esa chiquita cómo lo quiere a mi hijo, cómo lo cuida, cómo lo llama, cómo se preocupa por él… y claro, y tú, también serías una buena compañera para mi hijo…

-¿Yo?, ay señora, me hace reír…

-De verdad, hija.

-Señora, pero Andrés y yo somos los mejores amigos del mundo. Y por eso he venido a verlo, porque sé que debe estar deprimido.

-Gracias hija. Pero, ¿Por qué, no?, si tú eres una chica linda, que tiene bonito cuerpo y muy estudiosa…

-Gracias, señora…

-Dime Paloma, ¿tienes enamorado?…

-No señora. No pienso en eso todavía.

-Bueno, hija, ya te llegará… ojalá, sea con mi hijo.

-Ay, señora, todo puede pasar, ¿no?…

-Eso espero, espérame, lo voy a llamar.

-Está bien, señora…

-Estás en tu casa, eh…

-Gracias.



Paloma, pensó en los labios de Andrés. Un día soñó que lo estaba besando apasionadamente. No evitó reconocer que aquel sueño le gustó mucho, lo sintió como algo real. “¿Y por qué no?... se preguntó Paloma mirando la foto de Andrés que estaba en el mostrador. “¿Por qué no, si todo puede pasar. Andrés, se puede fijar en mí y yo en él?... bueno, todo puede pasar”. Paloma, salió de ese pensamiento, porque apareció la madre de Andrés del hall, muy sorpresivamente:



-Hija…

-¿Señora?...

-Dice mi hijo que pases. No quiere salir de su cuarto.

-Gracias, señora…

-Conoces, ¿no?.

-Sí, conozco señora, gracias…



Paloma, cuando entró en el cuarto de Andrés, se dio con la sorpresa de lo ordenado que estaba. Ella entró, sin antes, tocar.



-¿Se puede?- dijo ella-

-Pasa, Paloma, pasa…



Andrés se levantó de la cama y saludó con un beso a su amiga Paloma. Ella le agarró el hombro después del beso y sin rodeos le dijo:



-Vamos amigo. ¿No es la primera vez, no?, ya fue…

-Soy un idiota, Paloma. Soy un idiota, toma asiento.

-Gracias. Ay amigo, no me gané mucho el pase, pero cuéntamelo todo…

-Nada, Paloma. Pasó lo de siempre.

-No me digas que la conchuda de Abril, se molestó otra vez contigo porque no le pasaste todas las preguntas.

-Sí, amiga…

-¡Me muero!... ¡Qué conchuda!...

-Y lo peor de todo es que, íbamos a salir éste sábado…

-¡Carajo!...

-¡Puta madre!... Le pasé todas las preguntas, sólo me faltó la última, y se la llegué a pasar, pero muy tarde, el profesor ya estaba recogiendo los exámenes.

-No Andrés, por favor, no me mientas, si estás así, no es por esa maldita pregunta, ya… si no porque Abril no quiere salir contigo.

-No entiendo, Paloma…

-Mira, hijito… Abril, ha tomado de excusa esa última pregunta para no salir contigo. Te lo digo así, de esa manera, sin anestesia. Esa es la carne de la sopa, Andrés. Y lo más patético es que tú no quieres aceptar esa realidad. Te ciegas ante todo y ante todos. Y lo peor de todo, es que tú mismo sabes a lo que me estoy refiriendo. Ya lo dice el viejo dicho, Andrés: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Sabes muy bien que eso, te hace mucho daño y tu sigues y sigues, ¡por favor!, ¡basta ya!.

-No me jodas, Paloma.

-Sí, y te voy a joder mil veces más, Andrés. Ya es hora que te des cuenta del verdadero juego de Abril.

-¿Entonces, dime qué hago?...

-Que pares con esa maldita ayuda. ¿No entiendo?, te jactas que eres un mujeriego, que nadie se resiste a tus encantos. Y a la hora de la hora, con Abril nada de nada. ¡Entonces vamos!, juega también con ella, dale de su propia medicina, y ya verás que así, las cosas van a cambiar.

-No están fácil, amiga. Yo no quiero que Abril salga conmigo porque quiere aprobar un curso. Yo quiero que salga porque quiere salir conmigo, porque simple y llanamente le gusto.

-Entonces, quién te entiende, Andrés.

-No sé. Ni yo mismo me entiendo.

-Ya veo. Pero ya es hora que pares con eso. Vamos amigo, juega con la misma moneda, te vuelvo a repetir, dale de su propia medicina.

-Está bien, Paloma. Lo voy a intentar.

-Eso me gusta, amigo. No es que yo sea machista, pero, la vida es así.

-¿Qué quieres decir con: darle de su propia medicina?…

-Que, le aguantes las preguntas. Que cuando te diga que le soples, le digas: no sé, déjame pensarlo… así, de esa manera, verás que vas a tener la sartén por el mango, amigo…

-Suena fácil, pero lo voy a intentar.

-Ya ves, Andrés. Eso es buen comienzo…

-Gracias, Paloma. Eres una gran, amiga.

-Para eso están las amigas, ¿no?, y tú también, tú también eres un buen amigo, Andrés…



Los dos amigos no perdieron más tiempo y se dieron un fuerte abrazo, se abrazaron como si fueran hermanos de verdad. Andrés, soltó a su amiga y reanudó el dialogo:



-Cambiando te tema, Paloma… ¿después del examen, te busqué y ya no estabas?...

-Ah, me fui a comprar algunas cosas, tú sabes, cosas para la casa, en fin.

-A ya, con razón… Que dices: ¿Unos empanadas de carne, donde don Lucho?

-Sale, pero yo invito esta vez…

-Falta más, Paloma… Entonces vamos.

-Vamos…

-Espera Paloma, te quiero enseñar algo…

-A ver…



Andrés, sacó de su mochila su cuaderno de dibujo y le enseñó a Paloma lo que había dibujado, era un dibujo medio extraño.



-¿Te gusta?...

-Qué bonito. Eres un genio, Andrés. Pero, ¿Qué es?

-Es un ángel, es un ángel de un grupo de rock llamado: SERU GIRAN.

-Nunca he escuchado ese grupo, ¿Son peruanos?...

-No. Son argentinos. Pero el grupo es antiguo, ahí tocaba el loco de Charly García.

-Ah, ese fumón. Ese tipo ya está hasta las patas, ¿no?…

-Es verdad, pero estaba hasta las patas, porque ahora ya está bien, más tranquilo y es un genio…

-En fin, ¿cómo conseguiste ese dibujo?… que yo sepa, tú no escuchas esa música…

-Se lo copié de mi prima, Karen. Ella es fanática de ese grupo. Y bueno, en uno de los tantos discos que tiene ella de ese grupo, estaba ese ángel que ves ahora. Es un ángel como si estuviera recién bajando del cielo ¿no?…

-Sí, da esa impresión. Ah, mira tú, no sabía que Karen le gustaba grupos antiguos.

-Sí, mi prima escucha buena música y dibuja, no sabes…

-Melómana la chica. Pero nunca he visto un dibujo de ella… no creo que dibuje mejor tú…

-No, ni hablar, yo dibujo mejor que ella.

-Tranquilo, matador… Bueno, nos vamos por las empanadas de carne, ¿no?…

-Sí, vamos…

viernes 2 de septiembre de 2011

PARTE CINCO (5)

NUNCA TE OLVIDARÉ ABRIL.




5



Pocho, miró las paredes de su casa. Las encontró bien pintadas con un color azul lavable. Las tocó, las sintió, y volvió a la nostalgia. Recordó que de pequeño esas paredes eran tachadas, maltratadas y dibujas por él mismo, simulando ser un pintor de aquellos. Era un niño, su madre nunca le reprendió, lo dejó ser, lo dejo dibujar, hasta que ella misma se cansó de mandar a pintar cada cierto tiempo las paredes de su casa. Un día ella, mandó a pintar todas las paredes con pintura lavable. Pocho, cuando buscó hacer de las suyas con las paredes, se dio cuenta que ya no era igual pintarlas, maltratarlas o mancharlas. Recordó muy bien, cómo lloraba, al no poder hacer un solo trazo en las paredes de su casa. El usaba dos plumones, azul y rojo, y un lápiz que le regaló su padre. A los cinco años dibujó un corazón en la pared junto al cuarto de baño de la sala. Su padre, cuando vio ese corazón plasmado de colores y rayas por doquier, se rió mucho y le preguntó: ¿Por qué has dibujado un corazón tan grande y bonito, hijo? Pocho, le contestó: “La profesora dice que los corazones tienen el tamaño de un puño cerrado, pero mi corazón es muy grande, papá, así como ese dibujo que acabo de hacer”. El padre volvió a reírse y, antes de entrar al baño, lo abrazó y le dio un beso en la frente y le dijo: “el mío también hijo, mi corazón es igual al tuyo. Te quiero mucho, hijo. Sigue dibujando” Pocho, se sintió feliz, muy feliz. Amaba a su padre, lo respetaba y lo lloraba. Cuando Pocho, se dio cuenta de la enfermedad de su padre, fue a los quince años. Todo fue tan rápido para él. Su madre, llorando, lo abrazó un día y le dijo: “Tu padre te quiere ver hijo” cuando Pocho entró al cuarto donde estaba su padre, lo vio blanco, seco, al acercarse a su padre, Él, su padre, le dijo que ahora él tenía que llevar los pantalones de la familia, que cuidara mucho a su madre y que siguiera dibujando porque lo hacía muy bien. Pocho, lo besó en la frente y no le dijo nada, por ratos se le era difícil reconocerlo, el cáncer, a su padre, lo había cambiado mucho. Pocho, salió de su cuarto y siguió dibujando las paredes de su casa. Al día siguiente murió su padre y recién entendió que lo había perdido para siempre. No dibujó por un buen tiempo. Porque ya no tenía a su padre vivo. Su padre cada vez que lo veía dibujando lo felicitaba y le daba todo su apoyo. Pocho, lo lloraba mucho, y su madre también.
Pocho, escuchó que abrían la puerta principal de su casa y de inmediato soltó las paredes y también el recuerdo. Al mirar quien entraba, se escondió para darle la sorpresa a su madre de su regreso. Al entrar su madre a su casa, empezó a oler la presencia de alguien conocido, Chimenea, la empleada de la casa, también lo sintió.

-Chimenea, ¿has dejado entrar a alguien en la casa?…
-No, señora, a nadies…
-¿Ha venido algún familiar a visitarnos?...
-Que yo sepa, no señora…
-No te huele a una presencia conocida…
-Ay, señora, no será la almita del señor…
-¡Calla, Chimenea!... ya te he dicho que no hables ni pienses así…
-Pero es raro, señora. Que huela asís…
-Sí, a mi también me parece raro.

Es entonces donde Pocho se presentó, sin “anestesia”, ni nada:

-Cómo mamá, ya no conoces las colonias que yo usaba y uso.
-¡Hijo!... ¡hijo!... ¡qué sorpresa!...
-¡Joven, Pochito!…
-Mamá, Chimenea, sí, soy yo, el mismo…
-¿Cuándo te dieron de alta?, ¿Y por qué no me has avisado para irte a recibir al aeropuerto?.
-Te quise dar una sorpresa…
-Ay hijo, tu siempre tan impredecible…
-Joven Pochito, está gordito…
-Así parece, no me puedo quejar, allá en la clínica me han tratado muy bien…
-Me alegro joven, Pochito…
-Que bueno hijo… Chimenea prepáranos algo para desayunar.
-De inmediato, señora.

Chimenea, corrió hacia la cocina para preparar el desayuno.

-Sentémonos hijo. Cuéntame, cómo te fue…qué te han dicho los médicos.
-Bueno mamá, estoy bien. Tú sabes que es una lucha constante todo esto de la adicción, ¿no?... pero, estoy con todas las fuerzas para luchar y, ya me ves, mírame… llevo casi un año sin tomar drogas… y no sólo eso: nada de cigarros y nada de alcohol.
-No sabes lo feliz que me haces, hijo. Te veo muy bien. Yo te voy a ayudar, todos vamos a poner de nuestra parte…
-Eso espero, mamá. Ahora, quiero terminar mis estudios de dibujo y presentarme otra vez a la agencia de publicidad de mi tío, Antonio.
-No te preocupes por eso, hijo. Tu tío, Antonio, siempre me pregunta por ti, dice que te extraña y también extraña tus dibujos. Que nada es igual sin ti en la agencia…
-Te lo dice para quedar bien contigo, mamá.
-No hijo, modestia a parte, tú eres uno de los mejores dibujantes de éste país… así que, cuando puedas te presentas en la oficina de mi hermano y ya vas a ver, se alegrará mucho por tu regreso y, seguro, de inmediato otra vez te contratará en su empresa.
-Eso espero, mamá.
-Sí hijo, dalo por hecho.
-Y que dice el país mamá, ¿Magdalena Espinoza está en la cárcel, no?.
-Así es hijo, esa es la noticia de moda y la cortina de humo, según algunos personajes importantes de éste país.
-Bueno, el que a hierro mata, a hierro muere, mamá…
-Si pues, hijo. Creo que esto es el comienzo del fin de Magdalena…
-¿Sí?, ¿por qué lo dices?…
-Porque cuando Magdalena Espinoza quiera volver a lo suyo: ampays y de más, todos los perjudicados se van a agarrar de ahí, por sus antecedentes penales y de más juicios. Y eso hijo, a cualquiera lo mata. Una cosa es un juicio, de los tantos que ella ha tenido y tiene, y otra cosa es haber estado en la cárcel. Eso te marca para siempre.
-Estás en lo cierto, mamá. Le dirán que es un presidiario, que se va a ir otra vez a la cárcel si sigue igual de venenosa y bueno, en fin, todo eso y más, los periódicos chicha no creen en nadie.
-Eso es, hijo, bueno, allá ella.
-Sí pues. Cambiando de tema, mamá ¿has visto a Abril?
-Esperaba esa pregunta, hijo.
-Abril fue mi gran amor. Y se portó muy bien conmigo, cuando estuve en problemas.
-Yo siempre le agradeceré a Abril todo lo que hizo por ti.
-Se portó como una esposa, como una hermana, como madre.
-Me consta, hijo… me consta. La última vez que la vi fue en el centro comercial comprando ropa…
-Qué novedad, mamá…
-Sí, y bueno, nos saludamos, está igualita, sigue en la universidad, y bueno, la vi muy bien…
-¿Y preguntó por mí?.
-Sí.
-¿Y qué le dijiste?.
-Que estabas mejorando y avanzando.
-Tú que piensas si la voy a buscar.
-Bueno, no sé hijo, creo que ella se va a legrar mucho de verte después de mucho tiempo, pero tengo miedo.
-¿De qué, mamá?...
-Bueno, ella sigue frecuentando discotecas, no digo que esté mal, pero por ahí te invita sin querer, olvidándose de tu problema, y no quiero que recaigas, el tan sólo ir a una discoteca, ya te está llevando a lo mismo, hijo…
-Sí, tienes razón, mamá. La voy a buscar un domingo y la invitaré al cine.
-Eso es, salgan, vayan al parque, conozcan lugares, en fin…
-Sí, eso haré. Pero ahora en la tarde voy al instituto y aprovecho para pasar por la agencia de mi tío.
-¿Por qué, tan pronto?, mañana en la mañana lo puedes hacer.
-No, mamá, no quiero perder más tiempo.
-Bueno hijo, adelante entonces. Pero primero a desayunar…
-Sí, me muero de hambre…
-Chimenea, te va a hacer tus huevos revueltos que tanto te gusta.
-Gracias, mamá. Cómo se nota que he vuelto a casa.
-Y tu cuarto está igualito.
-Sí, ya me di cuenta.
-Hijo, bienvenido a casa.
-Gracias, mamá…
-Mira, ahí está chimenea…
-¡Chimenea, hasta que por fin!.


Chimenea, salió de la cocina hacia la sala y en sus manos llevaba todo el desayuno de la familia.



-¡Marisol!... me habían dicho que eras muy buena, pero, no creí que tanto.
-Es mi trabajo, señor Sánchez.
-Ya veo, es por eso que te voy a pagar lo que vales…
-Gracias.
-¿Y cuándo nos volveremos a ver?
-No sé, señor Sánchez, eso depende de usted…
-Entonces te vienes la próxima semana a la misma hora. ¿Te parece?.
-Ok. Cualquier cosa le llamo. Usted sabe que no es mi único cliente.
-Me lo imagino. Bueno, toma…

Marisol, contó el billete, y confirmo que era más de lo que había pedido.

-Gracias, Señor Sánchez.
-No, de qué, a ti, por ser una excelente “profesional”.






miércoles 3 de agosto de 2011

PARTE CUATRO (4)

NUNCA TE OLVIDARÉ ABRIL






4



-Ya estoy afuera, prima.
-Espérame, ya falta poco para que termine la práctica.
-Ya, está bien, te espero…

Él, estacionó el coche en todo el frontis de la universidad del Callao. Prendió un cigarro, fue el último de la cajetilla, y con toda la paciencia del mundo, esperó sentado a su prima Diana.
Diana, aduras penas pudo hablar con su primo por el celular, porque estaba en plena práctica, estaba pasando a limpio el último ejercicio que Abril le había pasado. Diana, con todo lo que ella había hecho en su examen, le bastaba para salir aprobada. En cambio, Abril, quería más, llenar el examen, completar las cinco preguntas, hasta la pregunta opcional. Andrés, le faltaba resolver esa pregunta opcional, y se demoraba mucho porque no le salía coherente el resultado final.

-Abril, ya me voy… mi primo me está esperando…
-Espérate un toque, ahorita, Andrés, me pasa la cinco…
-No, ya con lo que tengo me basta y sobra, ¡no seas conchuda!...
-Mira quien habla. Vete pues, tú te lo pierdes… ah, y salúdame a tu primito… y usa… ya sabes qué, ah…
-Eso haré, amiga, no te preocupes, Chau…

Diana, se paró, recogió todas sus cosas, y caminó hacia donde estaba el profesor y le entregó el examen. El profesor, la felicitó, por ser la primera, y avisó en voz alta a todos los universitarios que sólo faltaban cinco minutos para acabar la dichosa práctica.
Andrés, encontró la respuesta coherente a la pregunta cinco. Y de inmediato copió la pregunta en otro papel. Abril, recibió la pregunta muy tarde, ya el profesor estaba recogiendo los exámenes y el fastidio por parte de ella fue duro hacia el pobre de Andrés.

-No jodas, Andrés. Mucho te has demorado.
-No fue mi culpa, Abril, no me salía la cinco…
-Hubieras estudiado más…
-Pero, Abril… has hecho casi todo el examen…
-No pues, quería hacer todo y así poder asegurar este horrible curso…
-Ah, bueno, lo siento…
-Sí, ya veo… entonces, yo también lo siento, éste sábado no podré salir contigo…
-Pero, así no era el trato…
-Ah, bueno, lo siento…

En eso, Cielo, los interrumpió, nunca le gustó cómo Abril lo trataba a Andrés.

-Oye, conchuda… ¡todavía te molestas! ¡qué conchuda me resultaste!.
-Tú no te metas, no es tu problema, chata flacuchenta.
-Me meto del todo, porque no soporto, no aguanto, cómo tratas así a Andrés. No tienes sangre en la cara, conchuda.
-Cielo, no te metas, por favor.-Intervino Andrés.-
-¡Carajo, Andrés!, no te das cuenta que ésta loca de mierda te está utilizando, abre los ojos… mírate, y todavía se molesta contigo porque no le has pasado la cinco, ¡Abre los ojos, idiota!.
-Cielo, no te metas…
-Estúpida, ya escuchaste, no te metas… y aliméntate más, ya, mírate cómo estás, como un alfiler, chata flacuchenta…seguro tienes una tenia muy grande…
-Oye regala, no te metas conmigo, vas a salir perdiendo.
-¿Sabes qué?, me voy, no me voy a rebajar a discutir con una chata flacuchenta insignificante… Chau Andrés, y ya sabes, no hay salida para este sábado, adiós chata insignificante.
-Abril, espera… te acompaño.
-No, quédate con tu amiguita…
-Déjala, Andrés, déjala que se vaya- terminó Cielo-

Abril, no volteó más. Se fue, y se perdió por todo ese campo universitario. Andrés, no le quedó más remedio que desquitársela con Cielo. Aplacó toda su ira con la bella Cielo.

-No pues, Cielo, no te das cuenta lo que has hecho, iba a salir con Abril, pero por intervenir, lo has echado todo a perder.
-¿Ibas a salir con ella o le estabas rogando para salir?
-Eso, no te importa, Cielo. Pero lo has echado todo a perder, todo por tu culpa.
-A mí no me eches la culpa. Es tu problema. Pero, Andrés, abre los ojos… dónde está quedando tu dignidad… en fin, eso ya es tu problema…
-Sí, déjame tranquilo, yo resuelvo mis problemas… vete, déjame sólo.
-Está bien, te dejo solo. Sólo quiero que sepas una cosa…
-Qué cosa, mierda.
-Te quiero mucho, Andrés… mientras yo esté aquí viva y mirándote, nunca voy a dejar que te hagan daño… grábatelo bien, nunca, nunca, hasta pronto.

Andrés, ya no le dijo nada a Cielo. Sólo miró como se iba ella para perderse por todo ese tumulto de universitarios buscando un lugar y ubicación. Cielo, al caminar rápidamente, no soportó aguantar las lágrimas, y en el silencio comenzó a llorar. “llora Cielo, algún día esas lágrimas se convertirán en dicha y amor, llora, llora”. Así pensó, Cielo, después, se calmó y en el paradero, alzó la mano derecha, avisando que iba a subir a la Custer para así retornar a su casa.



Marisol, caminó hacia las cabinas donde estaban los teléfonos públicos. Sacó una moneda y el papel donde tenía apuntado el número de la persona a quien tenía que llamar. Descolgó el auricular y empezó a digitar el teclado numérico, al terminar, espero la recepción de la otra línea. Marisol, ese día estuvo cansada para ir a trabajar. Pero lamentablemente para ella tuvo que cumplir con su trabajo ese día. Supo desde el principio que ese nuevo cliente era un pez gordo. En la cuarta timbrada escuchó la voz de su receptor:

-¿Aló?...
-Sí, aló, con el señor Sánchez.
-Sí, soy yo…
-Cómo está señor Sánchez, soy Marisol.
-A ya, Marisol, estaba esperando tu llamada. Me han hablado muy bien de ti…
-Espero que esos comentarios hayan sido muy buenos…
-Claro que sí, hija. Bueno, ¿conoces mi departamento?...
-Sí, acá tengo la dirección…
-Qué bien, entonces te espero.
-En veinte minutos estoy en su departamento, solamente le estoy llamando para cerciorarme si el número que me dieron era el suyo.
-Entonces, ni modo, ya sabes que es el mío.
-Sí, ya me dí cuenta…
-Hija, acá te voy a estar esperando.
-Ok, estoy en camino.




-Tanto te has demorado, Diana. Qué chancona me resultaste.
-Sorry primo, me dio unas ganas de ir al baño, que ya no pude aguantarme, ni loca llegaba al hostal.
-Bueno, ustedes las mujeres se arreglan para todo. Hasta para tirar.
-Bueno, eso sí. Somos más preocupadas que ustedes. Más aseadas que ustedes, en fin…
-Y no sé por qué se arreglan tanto, si al final acabamos desnudos en la cama, sin ropa ni maquillaje, a lo natural…
-¿Sabes?, eso sí, es verdad.
-Ya ves, por fin me das la razón…
-Hablando de lo natural… ¿has comprado condones, no?
-No, pero en el hostal venden…
-No primo, vamos a una farmacia. Esos condones de los hostales, quien sabe dónde estarán puestos o expuestos. Ni loca, no friegues… así que vamos a una farmacia…
-Ya, está bien, ponte el cinturón.
-Así me gusta, primito… así me das tranquilidad, seguridad y, sobre todo, me cuidadas.
-Eso sí, Dianita, yo siempre te voy a cuidar.
-Ya vamos primo, lento ah, cuidado que atropellas a alguien…
-No te preocupes… ¡hey!, ¡mira!, conoces esa chica.
-¿A quién, primo?...
-A esa huevona, que está saliendo apurada… mira.
-Ah, la monja…
-¿Qué, es monja?...
-No tonto, así le decimos todos en el salón, porque nunca le hemos conocido enamorado alguno, y mira cómo se viste, como una monja, pero se llama, Paloma.
-Aunque hace un frío de mierda, pero al decir verdad, la monja exagera, ah…
-¿Pero, tú la conoces?...
-Me late que sí, no sé, no sé en dónde la he visto, no recuerdo muy bien, pero su cara se me es conocida.
-No sabía que frecuentabas conventos, primito…
-No, en serio… creo que la he visto ah, pero no sé en dónde.
-Suele pasar primito. Vámonos, ya me dio ganas de estar contigo…
-Bueno, ya me acordaré. Pero ahora sí, vámonos, ¿sabes, Diana?
-Qué primo…
-Hoy tengo una nueva pose.
-¿Sí?...
-Sí, pero tienes que poner de tu parte…
-Bueno, eso haré, hoy estoy inspirada…
-Que bueno, entonces, no perdamos más tiempo y a volar se ha dicho.
-Maneja despacio, primo...Vamos a ver, sorpréndeme. Eso me gusta.

lunes 27 de junio de 2011

PARTE TRES (3)

NUNCA TE OLVIDARÉ ABRIL.





3



Paloma, había ingresó a la universidad por un traslado externo. Lo cierto que nadie supo de qué universidad venía. Ni el porqué de su traslado a la facultad de Economía. Paloma, siempre fue muy misteriosa. Misteriosa incluso con Andrés, que, de cierta manera fue como su mejor amigo. Nadie conocía su casa. Cuando le hablaban de sus padres sólo solía decir que estaban bien y nada más. Nadie los conoció. En la universidad, Paloma cumplió. No fue una alumna maravillosa, pero tampoco una mediocre profesional. Paloma, siempre se vistió con mucha ropa. Paloma, fue todo lo contrario de Abril. Todo lo contrario en gustos y colores. No salía con nadie, no iba a fiestas, no tomaba, no fumaba, no iba por chicos, sólo le gustaba estar en casa leyendo libros, un placer sano que Paloma adoraba siempre hacer. Antes de ir a la universidad le gustaba correr una hora por todo el parque de su casa. No era ni gorda ni flaca. Tenía buen cuerpo, aunque ella siempre ocultó sus atributos corporales. Había pretendientes y muchos. Pero ella los alejaba, o simplemente no les decía nada. Andrés un día le preguntó: ¿Paloma nunca te has enamorado?. Ella le contestó, aludiendo, que no pensaba en eso todavía. Siempre fue lacónica con temas de amores y de sexo. En la universidad le pusieron la monja. Al principio no le gustó el sobrenombre que le habían puesto, pero al final se dio cuenta que nada bueno sacaba molestándose. Paloma, le gustaba hacer dulces, la cocina sí le gustaba y siempre salía con una receta nueva y no paraba hasta que el postre y la comida le salieran bien. Paloma, nunca usó un celular. Andrés siempre la regañaba porque cuando quería llamarla no podía hacerlo porque simplemente Paloma no tenía un celular.
Paloma, en su casa, escuchó el llamado a la puerta. Por la hora, ella misma se sorprendió de la visita de un hombre conocido y a la vez odiado. Paloma, lo dejó entrar, no le quedó de otra. Paloma, al cerrar la puerta de su casa, automáticamente, sacó un sobre que estaba camuflado en su vitrina de su sala, exactamente detrás de su espejo. El hombre misterioso, al recibir el sobre, empezó a palpar y a contar el dinero, moviendo la cabeza positivamente, en forma de aprobación. Paloma, al sentir que todo andaba bien, y sin esperar que el hombre terminase de contar lo que había en el sobre, caminó hacia la puerta y la abrió.

-Si todo está completo, entonces, ya te puedes ir… -el ruido de la puerta, por falta de aceite, molestó al hombre extraño.-
-Así me gustan las cosas, Palomita, al día y completo…
-Para la próxima, déjame una cuenta en cualquier banco, ya no quiero que vengas a mi casa…
-¿Qué pasó, Palomita?, ¿así es como tratas a tus amigos?…
-Por favor, tengo que estudiar, la puerta está abierta, yo no soy tu amiga… -el hombre extraño, le agarró del brazo, el otro brazo que estaba libre, y violentamente se pegó a ella y le dijo-:
-¡Creo que no has entendido, Palomita!, acá se hace lo que yo diga… así es que yo puedo venir a visitarte a tu casita todos los días si es preciso.
-¡Suéltame!, ¡me haces daño!…
-¿Entendiste?… todos los días. Ahora me voy, porque tengo varias cosas qué hacer… pórtate bien…y sé buena, ya… -el hombre extraño la saltó, y se fue sin mirarla-
-¡Hijo de puta!... –Paloma, cerró la puerta con violencia, gritó otra vez, ¡hijo de puta!, no lloró, se calmó, buscó sus cuadernos, los encontró, y los puso sobre la mesa y se sentó a estudiar. Antes de abrir su cuaderno, soltó por tercera vez el insulto, ¡hijo de puta!... y no puedo más, sollozó en silencio.