Viajando en combi
La mañana empieza a ser cruda. Los hijos y los nietos salen de sus respectivas casas hacia los colegios, institutos y universidades. Lima cae sin abrigo sobre su misma vereda, sobre su mismo cuerpo. Todos somos atrapados, si se puede decir de alguna manera, por los desafiantes vientos limeños y las neblinas limeñas cegadoras. El tráfico es la orquesta desafinada de un concierto rutinario. Un oficinista dentro de su auto escucha U2 a todo volumen. Por la avenida prolongación los periódicos transportan a los canillitas, a su vez, ellos transportan las noticias; vaya mierda de frio, vaya calor humano de mierda de frio. El río Rímac es invadido por una carretera profunda y muy pronto será vulnerada por un conjunto de ruedas. Modernidad para algunos, locura para otros. Lo cierto es que cuando miremos de un buen tiempo a aquí a nuestro legendario río hablador, ya no vamos a ver tanta basura acumulada e indigentes autodestruyéndose por las orillas del río y los gallinazos emigrarán a las...