MUJERES AUTÉNTICAS.

Claro que existen mujeres auténticas. Esas que buscan lo original y no lo gastado y no lo trillado. Esas que dicen no a lo convencional y no al qué dirán; porque simple y llanamente, son ellas, son auténticas, son reales.
-¿Tiene mucho que ver la personalidad?-. Bueno, sí, puede haber algo de raíz (familiar). Pero, también hay mujeres que aprenden a ser originales, auténticas e impredecibles. -La vida golpea muy duro-.
Me acuerdo que una amiga iba todos los domingos a misa porque sus padres le exigían que vaya con ellos. Desde que tiene uso de razón, ella, mi amiga, se acuerda que no dejaba de ir a misa todos los domingos a las diez de la mañana. Hasta que un día mi amiga, cuando cumplió la mayoría de edad, les dijo a sus padres que ya basta, que ella iba a ir a misa cuando realmente tenga ganas de ir. Ojo, que ir a misa todos los domingos no es nada malo, ah. Pero, a uno le tiene que nacer su religión, su fe, su compromiso. Y no ir a la iglesia porque te obligan o peor aún, por demostrarles a los demás que eres un(a) fiel católico(a) asiduo(a) (en este caso me refiero a la religión de las masas: la religión Católica), no, ni hablar. Ahora, si realmente sientes tu religión como tal, carajo, mis respetos y adelante. Visite su iglesia cuantas veces le de la gana y no le rehuya a las limosnas, que dicho sea de paso, minimiza sin querer queriendo y queriendo sin querer su economía. Hoy en día, mi amiga siente más a Dios. Y no precisamente porque vaya más seguido a misa, sino, más bien, porque le nace (sin obligación) sentir a Dios. Ella, tiene una familia maravillosa, un esposo cumplidor y dos hijos sanos. Ella, trata de acercarse a Dios por medio de la práctica. Por ejemplo: saludar a todo el mundo (a todos, ah), contribuir con el bienestar de su ciudad (plantas, jardines, etc), colaborar con la cruz roja, con la liga contra el cáncer, con los niños, jóvenes y adultos que padecen de SIDA y con la conciencia, su conciencia, de saber que no lo hace para demostrarles a los demás que es buena gente, sino, porque realmente siente que quiere ayudar a su prójimo y, lo más importante, porque se siente una mujer libre de etiquetas de sociedad, libre de miradas envidiosas y libre de iglesias y limosnas que a la larga la encadenaban a seguir con la misma rutina de todos los domingos.
Entonces, venga este homenaje a esas mujeres que suben a las combis y se hacen respetar; a esas que caminan porque les gusta caminar y no porque quieren ahorrar dinero; las que salen a correr, a sabiendas que no lo hacen para bajar de peso, sino, porque simplemente les gusta correr; a esas que siempre se preguntan: ¿Por qué tengo que hacer todo lo que ellas hacen?.. ¿por qué tengo que ir a la peluquería? si me gusta mi cabello con el mismo color y suelto al viento... ¿Por qué no voy a invitar a todos los amigos de mi hijo a su cumpleaños? si todos somos iguales... ¿Por qué me tengo que avergonzar lo que hice en esa discoteca con ese chico?, si la pasé muy bien, me sentí muy bien, si me gustaron sus besos. ¿Por qué me tengo que ir a las playas del sur? si las playas de la Costa Verde son eternamente bellas, no tienen nada que envidiarles a las demás playas. Y lo más chistoso, si me puedo broncear igual. Venga, hay más; a esas mujeres que son padre y madre de sus hijos; a esas mujeres que no saben qué ponerse y prefieren estar desnudas en sus casas; a esas mujeres que toman licor para no olvidar su pasado, en vez de beber por un desamor; a esas mujeres que comen con cuchara o con las manos, a la mierda las etiquetas, así sabe más rico; a esas que no se bañan todos los días, porque no quieren bañarse, les da flojera; a esas que salen decididas a conquistar el mundo y lo hacen, con tan sólo caminar ellas mismas son, y vaya que paran el trafico; a esas mujeres que están en las oficinas haciendo el amor con sus jefes; a esas mujeres que siguen luchando contra el cáncer de mamas, no hay nada mejor que tener una prueba en esta vida, darle sentido a la vida; a esas que prefieren el río para bañarse o para nadar, en vez de una piscina con agua de cloro; a esas que bailan y no llevan el ritmo, pero igual, están ahí, bailando, desafiando el compás y sus alborotos movimientos; a esas que lloran la muerte de un hijo, pero saben que mañana tienen que empezar otra vez, saben que hay que vivir, no queda de otra; a esas que escuchan música que no es música, sino, música, simple y llanamente; a esas que escuchan a Joaquín Sabina, a las que leen a Mario Vargas Llosa; a las que tienen miedo, pero saben afrontarlo; a las que se comen las uñas; a las que lloran cuando ven a su padre partir; a las que nacieron con defectos físicos y saben reírse de sí mismas; a las mujeres que no usan ropa interior; a las mujeres prostitutas, porque es muy poco lo que piden por dar tanto amor ficticio; a las mujeres que denuncian a sus esposos por maltratos físicos o psicológicos; a las mujeres que salen de ese infierno llamado anorexia y bulimia, a mi abuela que tuvo dos matrimonios; a mi madre que soportó una infidelidad; a mi hermana que todavía no puede tener hijos pero nunca pierde la fe; a las mujeres que aman a otras mujeres; a todas las mujeres que se llamen Kárem, a esas mujeres que prefieren convivir antes de casarse, a esas que lloran y mandan todo a la mierda, a esa que, si el destino quiere, será mi mujer, la que me soporte, la que me entienda; y… y a esas mujeres que todavía no conozco, pero sé que están por ahí, en cualquier lado y que algún día conoceré.
-Mañana Domingo iré a misa, me tengo que confesar.
-¿Tiene mucho que ver la personalidad?-. Bueno, sí, puede haber algo de raíz (familiar). Pero, también hay mujeres que aprenden a ser originales, auténticas e impredecibles. -La vida golpea muy duro-.
Me acuerdo que una amiga iba todos los domingos a misa porque sus padres le exigían que vaya con ellos. Desde que tiene uso de razón, ella, mi amiga, se acuerda que no dejaba de ir a misa todos los domingos a las diez de la mañana. Hasta que un día mi amiga, cuando cumplió la mayoría de edad, les dijo a sus padres que ya basta, que ella iba a ir a misa cuando realmente tenga ganas de ir. Ojo, que ir a misa todos los domingos no es nada malo, ah. Pero, a uno le tiene que nacer su religión, su fe, su compromiso. Y no ir a la iglesia porque te obligan o peor aún, por demostrarles a los demás que eres un(a) fiel católico(a) asiduo(a) (en este caso me refiero a la religión de las masas: la religión Católica), no, ni hablar. Ahora, si realmente sientes tu religión como tal, carajo, mis respetos y adelante. Visite su iglesia cuantas veces le de la gana y no le rehuya a las limosnas, que dicho sea de paso, minimiza sin querer queriendo y queriendo sin querer su economía. Hoy en día, mi amiga siente más a Dios. Y no precisamente porque vaya más seguido a misa, sino, más bien, porque le nace (sin obligación) sentir a Dios. Ella, tiene una familia maravillosa, un esposo cumplidor y dos hijos sanos. Ella, trata de acercarse a Dios por medio de la práctica. Por ejemplo: saludar a todo el mundo (a todos, ah), contribuir con el bienestar de su ciudad (plantas, jardines, etc), colaborar con la cruz roja, con la liga contra el cáncer, con los niños, jóvenes y adultos que padecen de SIDA y con la conciencia, su conciencia, de saber que no lo hace para demostrarles a los demás que es buena gente, sino, porque realmente siente que quiere ayudar a su prójimo y, lo más importante, porque se siente una mujer libre de etiquetas de sociedad, libre de miradas envidiosas y libre de iglesias y limosnas que a la larga la encadenaban a seguir con la misma rutina de todos los domingos.
Entonces, venga este homenaje a esas mujeres que suben a las combis y se hacen respetar; a esas que caminan porque les gusta caminar y no porque quieren ahorrar dinero; las que salen a correr, a sabiendas que no lo hacen para bajar de peso, sino, porque simplemente les gusta correr; a esas que siempre se preguntan: ¿Por qué tengo que hacer todo lo que ellas hacen?.. ¿por qué tengo que ir a la peluquería? si me gusta mi cabello con el mismo color y suelto al viento... ¿Por qué no voy a invitar a todos los amigos de mi hijo a su cumpleaños? si todos somos iguales... ¿Por qué me tengo que avergonzar lo que hice en esa discoteca con ese chico?, si la pasé muy bien, me sentí muy bien, si me gustaron sus besos. ¿Por qué me tengo que ir a las playas del sur? si las playas de la Costa Verde son eternamente bellas, no tienen nada que envidiarles a las demás playas. Y lo más chistoso, si me puedo broncear igual. Venga, hay más; a esas mujeres que son padre y madre de sus hijos; a esas mujeres que no saben qué ponerse y prefieren estar desnudas en sus casas; a esas mujeres que toman licor para no olvidar su pasado, en vez de beber por un desamor; a esas mujeres que comen con cuchara o con las manos, a la mierda las etiquetas, así sabe más rico; a esas que no se bañan todos los días, porque no quieren bañarse, les da flojera; a esas que salen decididas a conquistar el mundo y lo hacen, con tan sólo caminar ellas mismas son, y vaya que paran el trafico; a esas mujeres que están en las oficinas haciendo el amor con sus jefes; a esas mujeres que siguen luchando contra el cáncer de mamas, no hay nada mejor que tener una prueba en esta vida, darle sentido a la vida; a esas que prefieren el río para bañarse o para nadar, en vez de una piscina con agua de cloro; a esas que bailan y no llevan el ritmo, pero igual, están ahí, bailando, desafiando el compás y sus alborotos movimientos; a esas que lloran la muerte de un hijo, pero saben que mañana tienen que empezar otra vez, saben que hay que vivir, no queda de otra; a esas que escuchan música que no es música, sino, música, simple y llanamente; a esas que escuchan a Joaquín Sabina, a las que leen a Mario Vargas Llosa; a las que tienen miedo, pero saben afrontarlo; a las que se comen las uñas; a las que lloran cuando ven a su padre partir; a las que nacieron con defectos físicos y saben reírse de sí mismas; a las mujeres que no usan ropa interior; a las mujeres prostitutas, porque es muy poco lo que piden por dar tanto amor ficticio; a las mujeres que denuncian a sus esposos por maltratos físicos o psicológicos; a las mujeres que salen de ese infierno llamado anorexia y bulimia, a mi abuela que tuvo dos matrimonios; a mi madre que soportó una infidelidad; a mi hermana que todavía no puede tener hijos pero nunca pierde la fe; a las mujeres que aman a otras mujeres; a todas las mujeres que se llamen Kárem, a esas mujeres que prefieren convivir antes de casarse, a esas que lloran y mandan todo a la mierda, a esa que, si el destino quiere, será mi mujer, la que me soporte, la que me entienda; y… y a esas mujeres que todavía no conozco, pero sé que están por ahí, en cualquier lado y que algún día conoceré.
-Mañana Domingo iré a misa, me tengo que confesar.
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