AYER TE VI.


Ayer te vi. Estabas como siempre, bella, ¡Error!, estás más bella que nunca. Te vi y se cumplió mi deseo de verte. Por fin se cumplió aquel bendito deseo de verte, por fin se me cumplió, pero... Estabas con él, sí, con él, con tu nuevo amor. Los dos caminaban de la mano por un andén sin fin, sin dirección. ¿Sabes?... nunca en mi vida te vi tan feliz, ni siquiera cuando estabas conmigo, ni siquiera cuando éramos uno, ni siquiera cuando por primera vez te hice mujer, ni siquiera eso y ni siquiera… ni siquiera nada.
Ayer te vi y, estabas, y estás, más bella que siempre, que nunca. Ayer noté que habías bajado de peso, dicho sea de paso, noté también que así tus curvas se prolongan más al vaivén de tu caminar, que tu cuerpo siempre fue más hermoso cuando se sentía delgado, yo así te conocí, pero… pero yo te hice engordar. Lo siento mucho. Ni modo pues, es inútil disculpase, ni modo pues.
Conmigo estabas gorda, bueno, siempre me lo solías decir, claro está, sin regañar. Siempre dibujabas tus enojos con una sonrisa iluminada que pintaba mi cansado corazón. También es importante decir que llenita y toda me gustabas más… nunca te lo dije, no faltaba hacerlo, porque ya lo sabías. Cuando llegabas a mi casa, siempre me encontrabas comiendo chatarra y lo peor de todo que siempre había chatarra en el microondas esperando por ti. Comida chatarra y algo así:

–Mi amor, que te parece si vamos a comer algo mejor.
-No pequeña. Ahí te he dejado comida en el microondas…
-¡Otra vez chatarra amor!… ¡Por tu culpa he subido cinco kilos!...
-¿Sí?... yo veo que estás igualita, bebé… igualita.

De esa manera, tan costumbrista, pasábamos todos los días, tú siempre llegando apurada de la universidad y yo vago, flojo, sucio, desabrido, gordo y engordando más, tratando de escribir una novela de amor, mejor dicho, perdiendo el tiempo en una computadora, perdiendo el tiempo dentro de un mini-departamento alquilado, ubicado en todo el corazón de Magdalena del Mar. Prácticamente una vida de un “don nadie”, “de un don vago”.

Pero ayer te vi. Estabas con la cadena que te regalé por el día de tu cumpleaños. No sé por qué la sigues usando, si ya no estás conmigo, si le debes respeto en todos los sentidos al que ahora es tu nuevo amor. ¿No sé?... Ah, ya me acordé, ese día que te regalé la cadena, me dijiste que nunca en tu bella vida te la ibas a sacar, ni regalar, ni nada… sí me acuerdo de ese día, cómo no acordarme, si fue el día de tu cumpleaños y fue tú primera vez (te hice beber de más, y te quedaste en mi pequeño departamento, prometiéndonos que nada malo íbamos a hacer… mentira, ya nos besábamos sin control… lloraste, ahí me di cuenta que fue tu primera vez… ¡Te amo pequeña!.) te amo sin paréntesis. Lamentablemente soy el único que se acuerda de ese momento… el único tonto: “El corazón siempre quiere que la sangre corra a toda velocidad”.

Ayer te vi, como ya dije antes, con la cadena que te regalé. Pero ahora yo tengo mis dudas… ¿No será que no te quieres deshacer de la cadena porque es una cadena de oro puro, de alto valor y qué pesa, vaya qué pesa…?, no creo, perdóname por pensar así. Esa cadena la compré para ti, y fue en un año de ahorros, cuando yo trabajaba en una librería ordenando libros. Imagínate pues pequeña. ¿Eso no lo sabías, no?, ahora ya lo sabes. Incluso todavía me acuerdo que primero antes de comprarte la cadena, quería comprarme un auto con todo lo que había ahorrado, otra vez, qué iluso, tenía que envejecer si quería comprarme un auto, claro está, comprarme el auto que yo soñaba ja, ja, ja, ja… ¡Dios, qué iluso…!.

Ayer te vi. Y estabas con él. Nunca te importó la pinta, eso se nota, yo soy un ejemplo, pero él es muy bien parecido. ¿Sabes?, hacen una bonita pareja… Dicen las buenas lenguas que él es Ingeniero de Sistemas y que tiene un buen puesto en una empresa internacional con sede en Lima. Que está apunto de comprarse un auto cero kilómetros, así como el auto que yo siempre soñé, -Dios, las vueltas que da la vida-. Ya te veo al lado de él sentada rumbo a la playa, a la que siempre solíamos ir (San Bartolo) claro, nosotros siempre íbamos en una combi-custer, lleno de gente y con un calor de M, a veces llegábamos tirando dedo, porque sólo teníamos en los bolsillos lo necesario para el regreso y para comprar a duras penas dos triples, esos panes delgados que venden en las tiendas que están aisladas de las playas. Pero yo te veía feliz conmigo, y eso era lo único que me importaba, que nos importaba. Tus ojos no me engañaban, eras feliz, éramos felices.

Ahora bien, yo sé que estás con él por lo que vale, por sus sentimientos, no por lo que tiene (¡ojo! tampoco no está mal combinar las dos cosas, ¿ah?), cada uno busca siempre lo mejor… y si es para bien, bienvenido sea… Imagínate mi situación, yo sigo escribiendo novelas y esperando que una editorial publique mis libros… hasta ahora nada… Ya la dueña del mini-departamento me quiere botar porque le debo como tres meses de renta, ni don Ramón. Sólo recibo una miseria escribiendo para la revista de farándula “Aplausos” imagínate pequeña qué vida te esperaba conmigo… Además, la monotonía de siempre, el de sólo estar en el mini-departamento inyectándonos amor por todas partes… el deber de ir a misa todos los domingos, ver las mismas películas, y de contarnos las mismas historias de siempre, esas historias sobre la gente que vive en nuestro entorno. Te aburriste, cualquiera se habría aburrido, hasta yo mismo me aburrí (no por tu presencia, sino por la misma situación que yo originaba). ¿Es para matarme no?, pero quiero que sepas que, muerto y todo, seguiré pensando en ti.
Yo me vestía (y me visto) con ropa vieja, simulando a un escritor exitoso, tú siempre estabas a la moda, por ahí que no andábamos bien. Cuando íbamos a las fiestas de tus amigos, me aburría, y tú cuando ibas a las fiestas de mis amigos coqueteabas con ellos… la verdad, no me molestaba, pero sí se veía muy mal. Aunque nunca fui, ni soy, un moralista, había que respetar códigos… Yo nunca te fui infiel, tú sí. Me imagino que fue con Paco, un conocido mío. Ya al final me enteré que los dos se fueron a ese lugar, que dicho sea de paso, nunca quise ir, “El Bolivariano”, ¿el motivo? Ja, ja, ay pequeña, sé por tu debilidad cuando bebes demasiado y sobre todo cuando tomas Pisco, vaya que te gusta el Pisco, ¿ah?, y en ese lugar abunda el Pisco, ya me imagino que bien lo habrán pasado sin mí (nuestra relación ya estaba de picada y yo siempre me aferré a una salida sin tener ya las llaves de tu amor), aunque nunca estuve ahí, en ese lugar llamado “Bolivariano”, a los dos les digo a la distancia ¡Salud, salud amigos!.

A mí nunca me gustó el Pisco. Que me perdonen todos mis compatriotas pero eso de que el Pisco es Peruano o Chileno, es un sinfín mal sano de controversias aburridas. Prefiero la cerveza, prefiero cualquier trago, menos Pisco. Más aún, que sé, que al escuchar esas discusiones infinitas de que si el Pisco es Peruano o Chileno, lamentablemente, me voy acordar de ti y de tu traición, no qué va… ¡Salud pequeña!, pero menos con Pisco.

Ya para terminar y no molestarte más, déjame reiterarte mil veces que estás muy bella, eternamente hermosa y que siempre va existir para mí un:

“Deseo verte y un Ayer te vi”, amada ya sin amar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ZAIDA

UN GIGA DE PROBLEMAS.