DESEO VERTE.

Iván Luis Sánchez Córdova.
Deseo verte. ¡Ay no sabes cuánto deseo verte!. Tan sólo eso, verte. No me importa que me hables y/o que me mires caminar, sólo necesito verte. Ya me cansé de soñarte todas las noches e imaginar que mis sueños son reales para luego despertar y morir sollozando en silencio. ¡Maldita sea el destino!… Mi vida es como la luna, sale cuando quiere… así es mi vida, muero cuando no te veo.
Todavía me acuerdo la última vez que te vi, estabas mirando a la nada, hasta ella (la nada) goza con tus miradas perdidas. En cambio yo, me tengo que conformar con tus miradas del pasado, con tus sonrisas de agua dulce, con tus besos fugitivos, con tu indiferencia (indiferencia, bueno, al fin y al cabo, es algo) y con la loca idea (ilusión) de estar a tu lado, porque yo fui (y soy) el único que se enamoró de ti y, eso aunque no lo creas, es el infierno mismo, es el pecado mortal.
¡Ay, no sabes cómo deseo verte!. A la sal le doy azúcar y a la miel el dolor de tu ausencia. ¡Ay pequeña, no sabes cuánto deseo verte!
Estabas ahí, de pie sobre el final de un andén, como ya dije antes, mirando a la nada; pero mirando al fin y al cabo… yo me escondí, junto a un árbol, qué tonto: ¿por qué me escondí?, iluso pensar que ese día me estabas buscando, ja, ja qué iluso. Ahora sé que la última persona que quieres ver en este mundo es a mí… en fin, ahí te esperé, hasta que tomaste el primer taxi y te fuiste… seguro a encontrarte con tu nuevo amor, con el que te roba los ojos, con el que respira por ti, con el único que te hace mirar a la nada… con tu nuevo amor, el amor de tu vida. Esa tarde, al verte partir en aquel taxi amarillo, recordé aquella vez que me dijiste adiós. Fue en un centro comercial, allí me dijiste que ya no me querías, que ya no era igual, que habías conocido a otro chico, y que el nuevo chico ya te estaba empezando a gustar mucho… me juraste que no me hiciste infiel, yo te creí, me acuerdo que con los ojos llorosos te dije: -gracias por ser tan sincera conmigo-, total, al fin y al cabo, si me hubieras hecho infiel, ya no me importaba en ese momento, porque ya me estabas diciendo adiós. Terminando con todo lo que habíamos vivido, matándome físicamente sin hacerme daño y burlándote (sin querer) de mis verdaderos sentimientos. Ja, ja, burlándote de mi amor, de éste amor que se mantiene vivo a través del tiempo. Qué tonto soy. Después me enteré de la verdad. Me fuiste infiel, me dolió mucho, pero más me dolió tu adiós, aquel adiós perdedor, tu adiós pequeña, que eso te quede bien claro, que no se te olvide… Y ahora no me importa que me hayas hecho infiel, eso se veía venir, te digo la verdad: ¡me importa tres cuernos!, ahora sólo te quiero ver, tan sólo eso, te quiero ver… y de nuevo repetir la misma historia escribiendo:
Deseo verte. ¡Ay no sabes cuánto deseo verte! Tan sólo eso, verte. No me importa…
Hola.
ResponderEliminar