CAPITULO VII
VII
-No te pongas así Eduardo, ya no puedes hacer nada... Perdiste el caso, a lo hecho pecho amigo.
-Tienes razón Felipe... Pero había puesto muchas ganas en este caso, y ahora me cuesta mucho saber que he perdido.
-Te entiendo bastante abogado, pero como te repito, ya nada puedes hacer. Yo te dije que ese congresista estaba embarrado hasta el cuello y creo que cualquier abogado te hubiese ganado.
-Pero ahí está el reto Felipe. Ahora sólo me queda la satisfacción de saber que estuve a punto de ganar, a sabiendas que estaba nadando contra la corriente.
-Tienes razón Eduardo, eso es meritorio. Pero tú no me hiciste caso, te adelantaste a las conjeturas y eso fue tu fracaso.
-Bueno Felipe, ya no hay más nada qué hacer, caso cerrado.
Felipe quería levantarle la moral a su amigo Eduardo, y no encontró mejor ocasión que contarle que había comprado la casa, la misma casa que lo había cobijado por varios años.
-Eduardo te tengo una sorpresa.
-¿Buena o mala Felipe?... Si es mala, por favor te abstienes, es suficiente por hoy.
-No amigo. ¿A que no adivinas...?
-¿Qué...?, ¿Terminaste con Lorena?
-No tonto. No, nada que ver.
-Entonces Felipe, ahora no me hagas adivinar, que no estoy para adivinanzas.
-Ya, está bien amigo, te hice caso. He compadro la casa donde estoy viviendo.
-¿Sí...?, que bueno Felipe, esa casa es maravillosa, que buena noticia amigo. Esa casa siempre fue tuya, porque ahí te hiciste un abogado de renombre en ésta sociedad.
-Claro Eduardo, si no fuera por ti, no me animaba a comprarla, y tienes mucha razón, esa casa siempre fue mía.
-¿Y Lorena ya lo sabe...?
-Bueno, le comenté algo, pero lo que no sabe es que anoche firme todos los papeles con el dueño y finiquitamos el asunto de la mejor manera.
-¿Y cuánto te costó la linda casa...?, claro, si se puede saber...
-Sabes muy bien que no me gusta hablar de dinero, pero como eres mi mejor amigo, te lo voy a decir... Llegué a un buen acuerdo con el ex dueño, y bueno, cerramos el trato en noventa mil dólares.
-¡Carajo, usted sí que tiene plata!
-Por algo no soy unos de los mejores abogados de éste país.
-¿Al principio cuánto quería Felipe, ahora el ex dueño?
-Quería cien mil, pero se le olvidó al ex dueño que soy un abogado, jajajaja...
-Enhorabuena Felipe, felicidades para ti y para Lorena.
-Gracias Eduardo, pero a Lorena las felicidades se las tienes que dar tú personalmente... Hoy en la noche te espero amigo, también a Claudia y, sobre todo, a mi ahijadito. Los espero en mi casa, siento una alegría enorme llamarla mi casa.
-Jajajaja…
-Los invito a cenar. ¿Qué dices?...
-No faltaba más, eso estaba esperando, y no te preocupes que estaremos todos, Claudia y el pequeño Eduardito júnior.
-Entonces amigo no me falles, ah.
-Cómo crees, ¿Y Lorena está enterada de la cena?
-No te estoy diciendo que algo le dije, pero ahora más tarde la llamo, le digo que compré la casa y que tenemos esta noche una cena con nuestros mejores amigos y asunto arreglado.
-Lorena seguro se va a poner muy contenta.
-Eso espero Eduardo, porque también va a ser su casa. Es más, para qué esperar, ahora mismo la llamo, debe estar en la universidad.
Felipe marcó el número de Lorena desde su celular y, mirando a su amigo Eduardo, esperó muy feliz que ella le conteste...
-Hola mi amor, qué milagro a esta hora. –dijo Lorena-
-Hola Lore, ¿qué, sí, milagro?, ¿estás en clase...?
-No, estoy en la biblioteca estudiando.
-Ah con razón hablas así media misteriosa.
-Sí amor, espérame un toque, ahora te hablo mejor...
Lorena salió de la biblioteca muy acelerada, mientras que Úrsula y Miguel que estaban sentados estudiando junto a Lorena en la biblioteca no podían contener su desazón.
...¿Sí, ahora me escuchas mejor mi amor?...
-Ahora sí, como siempre jajajaja, ¿Lore, te tengo una sorpresa...?
-¿Buena o mala mi amor?...
-Tú crees que si hubiese sido mala, te estuviera llamando a esta hora y de buen humor.
-Entonces eso quiere decir que es buena.
-Y de las mejores...
Eduardo, dejó de mirar el periódico, se detuvo un instante para mirar a Felipe, él le hizo a lo lejos una sonrisa vaga.
-¿Y cuál es la sorpresa amor...?
-Adivina Lore. No te la lleves tan fácil...
Lorena, no se imaginaba nada, porque Felipe no era de darles sorpresas.
-¿Cambiaste de coche, te amistaste con tu padre, nos vamos de paseo...?, no sé Felipe, no me gusta adivinar, amor.
-Jajajaja... Que desesperadas son las mujeres cuando quieren saber algo.
-Ya pues amor no me dejes con las ganas. Y sí pues, nosotras las mujeres nos desesperamos, más aún, cuando algo nos interesa.
-Bueno Lore, sostente en algo, porque cuando escuches la sorpresa que tengo para ti, creo que te vas a desmayar...
A Lorena se le vino a la mente que Felipe le iba a proponer matrimonio, que le iba a decir que se case con ella. “Por fin mi amor te decidiste, te diste cuenta que no vale la pena esperar más... Sí acepto mi amor.” Así pensaba Lorena mientras escuchaba a Felipe por el celular.
-Mi amor estoy esperando la sorpresa.
-Entonces Lore te rindes, no adivinas nada.
-Esta bien Felipe tú ganas. Por favor mi vida me estoy desesperando.
-Bueno Lore... he comprado la casa, desde ahora la casa donde vive tu novio es tuya y también de nuestros futuros hijos.
Lorena, se quedó en el silencio, no le parecía mala la noticia, al contrario, la casa siempre le gustó desde el primer día que entró en ella. Sabía que en ese lugar tenía presente los mejores recuerdos con Felipe. Una casa linda para Lorena, más aún, cuando se imaginaba escribiendo en la terraza la llegada de su primer bebé. Pero Lorena no esperaba esa sorpresa, tenía mucho que ver con la sorpresa que ella se imaginaba, pero no era realmente lo que ella quería escuchar.
...Te dije que te ibas a quedar muda con la noticia, Lore, esa casa es para los dos y ahora sí nadie nos va a separar.
-Me alegro mucho Felipe, tú sabes que esa casa siempre me gustó y ahora saber que es tuya, me pone muy feliz. De imaginar que será nuestra casa cuando nos casemos, me llena de mucha emoción. ¿Dime mi amor... que más le puedo pedir a la vida? Te amo, y ese sentimiento es la decoración que le vamos a poner tú y yo a nuestra preciosa casa.
-Dime ahora pues, Lore, soy un exitoso, soy un triunfador...
-Sí Felipe, lo eres mi amor, y todo a base de tu esfuerzo.
-Entonces Lore, prepárate para esta noche, vamos a inaugurar la casa como nuestra, nuestra casa. He invitado a Eduardo a Claudia y a mi ahijadito. Esta noche los esperamos para cenar y celebrar la compra de nuestra casa.
-Genial mi amor, hace tiempo no veo a Eduardo y mucho menos a Claudia y sólo por foto conozco a mi sobrinito Eduardito.
-Entonces motivos sobran, Lore. El pequeño Eduardito ya está grande como su padre, ese es mi ahijado será un triunfador como su tío y padrino jajajaja.
-Con tal que crezca sano mi amor. Creo que eso es lo más importante.
-Claro que sí... Así tiene que ser, Lore.
-Salúdalo a Eduardo.
-Justo está conmigo acá en el despacho... También te manda saludos.
-Gracias. Y dime amor ¿Quién va a cocinar...?
-Quién más pues, Lore… quién más si no es Rosita… ya le comenté de la cena y ella se ha ofrecido voluntariamente. Así que prepárate que nos espera una cena fabulosa.
-Qué bien que hayas pensado en Rosita, ella cocina muy rico…
-Por eso mismo lo hice…
-Entonces mi amor estaré ahí como a las nueve de la noche.
-Está bien, Lore. Bueno, te dejo que sigas estudiando y te espero.
-Ok mi amor y espérame con muchas ganas jajajaja...
-Yo siempre tengo muchas ganas, Lore.
-Mejor te dejo, porque si comenzamos con insinuaciones, soy capaz de ir ahora mismo a tu trabajo, Felipe.
-Mmmm eso sería estupendo...
-Mañoso jajajaja...
-Espero que hoy después de la cena y la tertulia repitamos la escena que hicimos en la playa.
-Eso sí suena bien amor. Acepto.
-Entonces… Ah, no, se me olvidaba, Lore...
-¿Qué cosa amor?
-Tengo el coche en el taller, cada fin de mes siempre lo afino y lo reviso.
-Qué importa Felipe, ya se nos ocurrirá algo.
-Eso espero. Bueno, ahora sí, te dejo, cuídate y te espero.
-Ok, un beso y te quiero mucho…
Felipe, terminó de hablar con Lorena, Eduardo le miraba ya no tan cabizbajo como al principio.
-Amigo, si quieres te puedo prestar mi coche jajajaja... –dijo Eduardo-
-No, gracias Eduardo, y no te burles, ah. Además sólo puedo manejar un coche y ese es el mío.
-Jajajaja... ay Felipe, quién lo diría. Tú que tanto nos criticabas, sobre todo a mí, en hacer cosas fuera de las reglas de la moralidad, ahora te veo… y no lo puedo creer. Ya te gustó la playa de noche amigo.
-Digamos que lo encuentro muy interesante. Pero por favor Eduardo, yo sigo siendo igual, el mismo abogado que respeta los semáforos.
-Jajajaja... y Ahora, ¿cómo vas a hacer si no tienes coche?.
-No sé amigo, como dice Lore, algo se nos va a ocurrir, imaginación nos sobra.
-Bueno, no me quiero meter en tu intimidad, pero te voy a dar un consejo, algo que siempre hago con Claudia, lo hacemos cada vez que nos queremos escapar de la rutina.
-Jajajaja ¿ah, sí?, ¿Y cuál es ese consejo...?
-Amigo, por qué no se filman cuando hacen el amor...
-¿Qué... tú haces eso, Eduardo...?
-Claro, es alucinándote amigo, es muy diferente hacer el amor por el simple hecho de hacerlo, y otro, porque sabes que te estás filmando. A la hora de vernos Claudia y yo por la tele, no sabes cómo nos matamos de la risa.
-Mira tú, uno nunca conoce a nadie... ¿Y Claudia no te dice nada...?
-Al principio no voy a negar que Claudia se resistió, incluso cuando nos vimos por primera vez en ese aparato llamado televisor, en cada escena se sonrojaba, cerrando los ojos. Ahora Felipe parece una actriz porno jajajajaja, cada escena de amor lo hacemos como una aventura alucinante, actuando en la escena como dos desconocidos y locos. Y a la hora de vernos por la televisión, nos criticamos mucho... Así es amigo, un buen consejo aunque sea de un conejo.
-No sé que decirte Eduardo... Y cuantos CD tienen ya.
-No Felipe, sólo en el cassette de la filmadora, no queremos dejar huellas.
-Ah, bueno Eduardo, tú debes saber más de eso, yo con la tecnología sólo con celulares.
-Sí, pero no te puedes filmar muy bien con un celular, tiene que ser con una filmadora Felipe. Es muy fácil. Pásame la voz si te animas.
-No voy a negar que la idea me parece fabulosa. Pero hay una diferencia muy grande, Claudia y tú ya están casados.
-Ah, sí es verdad, pero eso no tiene nada que ver, incluso cuando éramos novios nos filmamos un par de veces.
-Escúchame Eduardo, yo tengo dos filmadoras de último modelo en mi casa, pero no las uso porque no me llaman la atención, ahora que me dices de tus cualidades de productor porno, será motivo que me enseñes a usarlas.
-Jajajaja... Con mucho gusto Felipe.
-Entonces hoy mismo me enseñas, saliendo del trabajo. La única dificultad es que, no sé cómo Lorena va a tomar esta nueva proposición.
-Eso sí no sé Felipe... Tú la conoces más que yo.
-Eso ni lo dudes amigo. Bueno, como ella dice, que su vida tiene que ser vertiginosa como toda escritora, pues ahora veremos amigo que tan buena escritora puede ser Lorena.
-Sólo cuando te conviene te gusta llamarla escritora jajajaja...
-Así parece, pero tú tienes la culpa por calentarme la cabeza.
-Yo sólo te estoy dando un consejo para salir de la rutina.
-Gracias Eduardo, justo ahora lo necesitaba. Entonces abogado perdedor, saliendo del trabajo vamos a mi casa y de paso me das un aventón ya que sabes que mi coche está en el taller.
-Ya, está bien Felipe. Pero ahora ya apurémonos que tenemos que estudiar el caso de ese empresario.
-¿Cómo dices que se apellida ese señor...?
-García... Santiago García.
-Claro Eduardo, ese, me suena...
-¿Cómo ves su caso, Felipe…?
-Ese empresario ya está libre de culpa Eduardo, eso lo puedes filmar... Disculpa, firmar, donde sea...
-Jajajaja... Siempre ganador Felipe... Tú Siempre ganador...
...
-Que rápido se hizo de noche Felipe.
-Así es abogado perdedor, las tardes en Lima parecen que fueran de una hora. El día se pasa muy rápido.
-Bueno, en vista que estamos de acuerdo con este caso, ya no hay nada más qué decir. Nos vamos.
-Sí, ya todo está listo, ese empresario esta libre de polvo y paja.
-Claro con la buena suma de dinero que ha puesto en su caso, no es para menos, ¿no?
-Es una gran verdad Eduardo, para la salud y para la ley, si no tienes dinero en este país, lamentablemente estás hecho polvo.
-Es el inmortal Don dinero, Felipe.
-Bueno Eduardo, nos vamos.
-Sí, vamos…
-Espero que no se te haya olvidado lo que hablamos esta mañana.
-Para nada Felipe, jajajaja.
-Ya, no me alucines mucho abogado perdedor.
-Jajajaja... Como cambian las cosas, o mejor dicho, las personas...
Felipe y Eduardo bajaron del edificio donde quedaba el reconocido despacho, lugar donde trabajaban sin contemplaciones. Un edifico moderno, justo al frente del Palacio de Justicia.
Felipe sentía el ascensor muy lento, estaba desesperado por llegar a su casa. Quería de una vez por todas llegar a su casa y aprender a manejar la filmadora. Pero una duda se apoderaba de él, no sabía cómo iba a reaccionar su novia Lorena cuando le diga que quería estar con ella íntimamente, pero ahora con una filmadora detrás de ellos. Conocía muy bien a Lorena, pero sabía que aquella proposición en mente era muy fuerte. “¿Y si se niega a hacerlo...?, ¿Cómo reaccionaria...? ¿Y si ella me manda a rodar… a lo mejor no le gusta la idea y si le insisto mucho no se molestará...? Ya no quiero tener más problemas con ella, una pelea más y sería fatal, bueno, vamos a ver que pasa esta noche. Pensaba Felipe, mirando a Eduardo ya en el andén de aquel edificio.
-Jajajaja ¿Dónde estacionas tu coche Eduardo...?
-Acá fuera Felipe. ¿Por qué, ah...?
-Algún día te vas quedar sin ruedas.
-Es que se me hace un mundo estacionarlo en la cochera del edificio, soy un hombre práctico.
-¿Práctico ó flojo...?
-Las dos cosas amigo, jajajaja.
Felipe, se sintió raro, al estar sentado en el coche de Eduardo, extrañaba su coche, aunque fuera un solo día de no estar sin él.
-Bueno amigo vamos a poner un poco de música para que el viaje sea ameno.
-Con tal Eduardo que no manejes lento.
-Lento, pero seguro Felipe.
Eduardo puso el CD de un grupo de rock y Felipe automáticamente le dijo:
-Espera, antes que arranques... ¿Y ese grupo de rock...?
-¿Qué, nunca has escuchado a esta banda...?
-No, tú sabes que el rock no es mi fuerte.
-Sí, pero ésta banda es famosa, éste grupo es peruano... Y tocan en las discotecas más fichas de Lima, hace poco los fui a ver con Claudia.
-Puede ser, suenan bien... ¿Y cómo se llama el grupo...?
-LOS DEBUTANTES.
-Jajajaja... ¡Que feo nombre!, ¿no me estás tomando el pelo no Eduardo...?
-Para nada Felipe... El nombre sí es un poco original, dicen ellos que se pusieron así, porque un ex integrante de la banda se jactaba de ser un “donjuán” y al final descubrieron que no había estado con ninguna mujer. Pero de verdad es una gran banda de rock. Te lo digo yo que los he escuchado tocar con Claudia en vivo.
-Jajajaja que estupidez, debe ser amigo, pero tú sabes que a mí el rock no me gusta, bueno una que otra banda, pero no, paso. Prefiero las baladas, música clásica, por ahí van mis gustos.
-No tienes porqué decírmelo, sé de tus gustos, pero Felipe tus gustos me aburre mucho.
El rock es una forma de vida amigo y yo soy muy pegado al Rock and Roll.
-Bueno, cada uno con su nota Eduardo. Para mí ser un rockero es perder el tiempo, lo veo muy alienado, y es una invitación a las drogas y a la alcohol.
-Tú mismo lo has dicho amigo: cada uno con su nota. Bueno, vamos a tu casa que parecemos dos locos discutiendo por tonterías.
-Sí vamos que estamos con la hora, y por favor baja el volumen que tanta guitarra me hace doler la cabeza.
-Jajajaja... Ay Felipe... No puedes con tu genio.
-Dime tú, ¿quién puede con su genio?... jajaja.
Salieron de ese lugar, como los amigos de siempre. Eduardo era muy diferente a Felipe, él tenía la idea bien clara, que entender a los amigos era perder el tiempo. Es mejor quererlos tal como son. Eduardo quería mucho a Felipe, era su mejor amigo, y fuera de su manera de ver las cosas, lo aceptaba tal como se mostraba. Sin importarle mucho la reciprocidad que pudiera ofrecer Felipe hacia su persona. Eduardo manejaba lento, sin apuros, y miraba a su costado que Felipe se desesperaba. Con una sonrisa muy solapada, Eduardo se decía a sí mismo.
“Felipe nunca voy a olvidar lo que hiciste por mí cuando pasaba momentos difíciles. Y no lo digo por el dinero que me prestaste cuando estaba hasta el cuello endeudado, sino por tu incondicional ayuda, aunque te pague el doble amigo, siempre estaré en deuda contigo, mi eterno amigo, Felipe. Es por eso que te he revelado mis aventuras íntimas, me da un poco de pena por Claudia, le prometí que a nadie le iba a contar, pero en fin, si se trata de ayudar a un amigo para salir de la maldita rutina, bienvenido sea. También me preocupa tu felicidad, tienes que dejar de ser un poco egoísta con Lorena, yo sé que es difícil a estas alturas hacerte cambiar, pero Felipe, si Lorena es la mujer de tu vida, entonces abogado, no hay nada más que decir, sólo esperar con mucha felicidad el parte de tu matrimonio.”
-Que lento manejas Eduardo, pareciera que estuviera encima de una tortuga.
-Paciencia Felipe ya vamos a llegar a tu casa.
-Eso me gusta Eduardo, repítelo cuantas veces puedas, mi casa jajajaja.
-Pareces como un niño con juguete nuevo.
-No es para menos amigo, me siento muy feliz, a la cuenta que he ganado el mejor caso de mi vida.
-Se nota y créeme que comparto tu felicidad.
-Gracias Eduardo, y por favor acelera que me duele el trasero.
-Hablando de trasero Felipe, mira esa flaca…
-Cual, ah…
-Esa flaca que está saliendo del cajero, no es la modelo famosa que está dando que hablar en el mundo del modelaje, mira...
-A ver...
Felipe, muy entusiasmado al ver la silueta de aquella mujer ya no le pedía a Eduardo que acelere.
-Claro, sí es Eduardo. Que bella es ¿no?...
-Sí amigo, se le ve más bella en persona que en esas revistas de modas.
-Que tal cuerpo, con razón es modelo... ¿Y cómo se llama...?
-Creo que Sara Vivas, bueno así dicen las revistas que Claudia lee.
-Sara Vivas, ¿no?, belleza de mujer, carajo.
-Pero no nos podemos quejar Felipe, tanto tú y yo tenemos mujeres muy parecidas a esas mujeres de modas.
-Sí, es verdad Eduardo, Lorena y Claudia no se quedan atrás, son tan parecidas e incluso me atrevería a decir que son mejores que esas modelos... Y ahora así acelera que me muero de ganas por aprender a manejar la filmadora.
-Está bien amigo, vas a ver que es muy fácil manejar esos aparatos digitales.
...
-Listo llegamos... Ya ves Felipe tanta impaciencia por llegar.
-Como manejas, pareciera que he estado sentado dos horas en tu coche.
-No exageres amigo, y entremos que se me va a ser muy tarde para regresar otra vez a tu casa con Claudia y el bebé.
-Espera quiero preguntarle a Fermín si hay alguna novedad.
Felipe, bajó del coche de su amigo Eduardo, alzando la mirada, se dio cuenta que Fermín se aproximaba a darle el encuentro.
-Hola Fermín, ¿alguna novedad?
-Ninguna joven Felipe.
-¿Llevaste el coche al taller?
-Sí señor, mañana en la mañana, como a las diez lo recojo.
-Muy bien Fermín, apenas lo recoges me lo llevas al trabajo. Es insoportable dejar de manejar.
-Como usted diga señor... ¿ah, se me olvidaba?
-¿Qué Fermín...?
-Lo vino a buscar una señorita.
-A mí, ¿y no te dijo su nombre?
-Le pregunté, pero sólo me dijo que le hiciera presente su visita.
-¿Así te dijo, sin darte una explicación?
-Sí señor.
-¿Y cómo era...?
-Era una rubia alta, como de su tamaño, y llevaba un arete en la cien, bueno medio encima del ojo.
-Un piercing.
-¿Cómo señor?
-No, nada, olvídalo.
Felipe, no lo podía creer. Era Susana. “Maldita sea cómo se habrá conseguido mi dirección, y para qué me busca, si mil veces le advertí que no lo hiciera, ni siquiera que lo intentase, ya no quiero saber nada de ella.” Pensaba así Felipe mirando a Fermín sin hablarle.
-Gracias Fermín... ¿Ah, otra pregunta?
-Diga usted joven Felipe.
-¿Esa chica que dices, estaba sola o acompañada?
-Sola, vino en un coche rojo. Y por lo que vi, ella sola manejaba.
-Muy bien Fermín, entonces, ya sabes ah, mañana quiero mi coche en mi trabajo y más tarde vamos a tener visita, ¿Ves ese coche de mi amigo Eduardo?
-Sí señor.
-Mas tarde él con su familia van a venir, y por su puesto, también mi novia Lorena.
-Algún motivo en especial señor.
-De verdad que todavía no te he contado nada. Sabes Fermín alégrate porque vas a tener trabajo para rato.
-¿Por qué señor...?
-Amigo Fermín, he comprado la casa que tú cuidas con mucho esmero.
-Que bueno señor, lo felicito y cuente conmigo para todo... Ah, con razón Rosita acaba de llegar con varias bolsas.
-Que bueno, entonces nos espera una cena muy sabrosa, yo le digo que te guarde algo Fermín.
-Gracias señor Felipe.
-Bueno te dejo y cualquier novedad no dudes en decírmelo.
-Como usted diga joven Felipe.
Eduardo, le hizo a Felipe una señal como diciéndole que la hora se pasaba volando, y Felipe aceleró el paso hasta llegar a la puerta de su casa. Abrió la puerta y con una mirada atónita que Eduardo captó al instante los dos sin pronunciar palabra alguna entraron a la casa.
-¡Qué pasa hombre...! ¿Por qué esa cara de asustado?
Felipe caminó hacia el bar y se sirvió un whisky y de un solo tirón acabó sobre la mesa el vaso vació.
... Tranquilo amigo, nadie te va a robar tu whisky...
Felipe, golpeó la mesa del living sin importarle la bulla, le miró a Eduardo, con una risa irónica le dijo:
-¿Sabes quién ha venido a buscarme...?
Eduardo, algo se imaginaba, pero quiso esperar que su amigo desfogara, así podía calmarlo.
-¿Quién Felipe?
-Susana, ¡Maldita sea...!, ¿Cómo se habrá conseguido mi dirección?
-No lo puedo creer, que sí... Seguro, habrá preguntado haciéndose pasar por una señora que quiere divorciase de su esposo.
-Puede ser Eduardo, Susana es muy hábil para eso... ¡Pero para qué carajo me busca!, si ya no hay nada que hablar, lo nuestro ya se terminó.
-Eso sí no te lo puedo decir Felipe... Seguro está despechada, ya se habrá dado cuenta que ese muerto de hambre con el que anda no sirve para nada.
-¿Y yo que soy?, su pañuelo de lágrimas, su consejero... Qué irónica es la vida amigo, te imaginas yo dándole consejos a Susana, a ella que tanto me hizo sufrir.
-Es bueno perdonar Felipe, si sabes que la persona ha cambiado.
-¡Qué va cambiar esa perra!, ¡Lo único que puede cambiar es su ropa interior!
-Cómo se nota que todavía te sigue doliendo... Estás hablando por la herida.
-¡No me jodas Eduardo¡ ¡ya te he dicho que Susana no me importa...! ¡Y sí, me da cólera, porque yo no perdono tan fácilmente!
En eso salió Rosita de la cocina, ella no pudo evitar escuchar lo que Felipe hablaba. Pero su indiscreción sólo se basaba en la suculenta cena que tenía para esta noche.
-¡Rosita!, me había olvidado que Fermín me dijo que estabas en casa.
-Buenas Joven Eduardo.
-Qué tal Rosita, cómo le va.
-Bien joven Eduardo. Sí joven Felipe, me adelanté para que no haya ningún percance a la hora de cocinar.
-Me parece muy bien Rosita, una mujer precavida vale por dos. Dígame que se le ofrece.
-Me falta comprar algunos condimentos. No será mucha molestia, no quiero abusar.
-Faltaba más Rosita, dile a Fermín que los vaya a comprar, todos creemos en ti Rosita y esa cena va a hacer que todos nos chupemos los dedos.
-Gracias Joven Felipe, permiso Joven Eduardo.
-Pase Rosita, y de verdad me muero de ganas de probar su sazón.
Rosita salió de la casa y se dirigió donde Fermín. Este ojeaba el periódico sentado en su caseta de vigilancia.
-¿Habrá escuchado algo Rosita...? –Pregunto Eduardo-
-No Eduardo, y si ha escuchado no importa, la gente que trabaja para mí es muy discreta. Por algo no trabajan para mí.
-Si tú lo dices amigo... Pero lo bueno es que veo que ya se te pasó la cólera, vamos a tu cuarto y aprovechemos para indicarte donde debes poner la cámara.
-Vamos abogado perdedor, de verdad me había olvidado de eso.
Llegaron al cuarto, Felipe sacó del closet dos cajas que se notaba a simple vista que se habían abierto una sola vez, eran las cámaras digitales filmadoras de último modelo.
-Jajajaja... Están nuevas amigo. –dijo Eduardo-
-¿No?, qué te dije, creo están guardadas como un año.
-Sí, se nota por el polvo.
Eduardo, las revisó, y le dio el visto bueno a las dos filmadoras, después de un rato, haciendo algunas pruebas eligió a una.
-Ésta es amigo, ésta filmadora es... Con ésta te vas a ver mismo actor porno, jajajaja...
-Yo también atinaba a esa cámara, me la regaló un cliente que es productor de cine.
-Vaya Felipe, que también te relacionas con la gente de la farándula.
-Claro, cuando alguien me inspira inocencia no dudo en ayudarlo.
-Eso rescato mucho de ti, tienes un olfato para los casos, igual que tu padre.
-Odio reconocer eso, pero es una gran verdad. Ahora enséñame abogado. ¿Cómo utilizo ésta
cámara y en qué posición de la cama debe estar?
-Mira te voy a enseñar lo básico, porque tú productor de cine no vas a ser, creo jajajaja, en la vida Felipe.
-Dios me libre amigo, morirme de hambre yo, jamás amigo.
-Jajajaja... Mira agarras la cámara de esta manera, prendes la cámara, en la parte de atrás está tu pantalla, donde está tu punto para filmar, lo ves...
-Claro, así que tengo que enfocar el lente solamente.
-Sí, pero para filmar tienes que tener apretado este botón o sino no filmas nada.
-Ah, que así de fácil Eduardo.
-Te dije que era muy fácil, bueno eso es lo básico... Ahora si quieres agrandar la imagen sólo aplicas el zoom.
-Ah, a ver, déjame probar.
-Toma, espero que hayas entendido Felipe.
Felipe, cogió la cámara con las dos manos y empezó hacer lo que Eduardo le estaba enseñando.
-Claro amigo, mirada fija, tú no eres el que filmas, sino es esa camarita, así que apunta bien...
-¿Así?...
-Aja, de esa manera, no te olvides que si no dejas prendido ese botón no filmas nada.
-Que fácil es manejar estos aparatos, jajajaja... Hola abogado perdedor, algunas palabras para la gente que nos está viendo...
-Jajajaja, ya te gustó la cámara, ahora vamos a enseñarte como puedes verte por el televisor y vamos a buscar el mejor ángulo para que te puedas filmar con Lorena a la hora de la “batalla sexual”, ¿Felipe adónde vas...?
Felipe, salió del cuarto, y caminó hasta llegar al anden de su casa y empezó a filmar su calle... filmaba los árboles, a las personas, y estas le hacían un gesto de molestia. También empezó a filmar el cielo oscuro por la noche como buscando a Dios. Y a lo lejos también filmó a Fermín que estaba regresando con Rosita de comprar los condimentos que faltaban para la cena. Luego regresó a su casa y llegó al cuarto donde estaba su amigo Eduardo sentado en la cama muy molesto esperándolo.
-Jajajaja, que divertido es esto Eduardo... No pensaba que fuera tan divertido.
-Felipe mira la hora que es y todavía me falta volver a mi casa para regresar más tarde a la tuya... Claudia ya me debe estar esperando lista...
-Disculpa Eduardo, bueno ahora qué me toca aprender.
-Ahora busquemos el ángulo preciso. Yo siempre me filmo por el lado derecho de la cama. Así evito dañar la cámara y tengo mucha libertad para salir del cuarto.
-Entonces yo haré lo mismo, instala la cámara por el lado derecho.
-Ya, pásame el trípode por favor...
Eduardo, puso la cámara junto al trípode en el ángulo derecho de la cama de dos plazas de Felipe.
-Listo amigo... Está perfecto, soy un maestro... –dijo Eduardo-
-A ver, déjame mirar.
Felipe empezó a observar muy emocionado, imaginando con deseo todo lo que iba a hacer en la cama con Lorena.
-Te pasaste abogado, mejor te hubieras dedicado a estudiar cine, y así ser productor de cine porno, jajajaja...
-Eso lo voy a tomar como un halago. Ahora sólo metes el cassette, presionas rec y listo. Usted mismo es.
-Eso espero abogado.
-Ah, ¿sabes conectar la filmadora para que te puedas ver en el televisor?
-Por favor abogado “perdedor”, me estás ofendiendo jajajaja...
-No, yo sólo preguntaba. Bueno amigo se me hace tarde. No te preocupes todo va a salir bien. Entonces estoy regresando con mi familia más tarde.
-Mira Eduardo, no me falles y te espero. No te molesta si no te acompaño a la puerta, es que quiero familiarizarme con la cámara.
-Ok amigo siga usted con su juguete, entonces nos vemos.
-Hasta más tarde Eduardo, cuídate mucho y gracias.
Eduardo, salió apurado del cuarto de Felipe, llegó al living, recogió su portafolio de color marrón y abrió la puerta principal de la casa. Se despidió de Fermín, éste le hizo la guardia y al instante lo vio despegar con su nave, haciendo del viento un pequeño polvo peinador.
...
-¡Mamá...!, ¡mamá! –dijo Lorena saliendo del baño-.
-¿Qué hija?, acá estoy en el hall.
-¿Has visto mis aretes que me regalo Felipe...?
-Sí, están en mi tocador...
-Ah, verdad que yo los dejé ahí. ¿Me los buscas?, quieres... Por favor...
-Ya, está bien hija, tú cámbiate que yo te los busco.
-Gracias mamá, eres la mejor mamá del mundo.
Lorena, al retornar a su cuarto, después de un baño relajante se empezó a mirar en el espejo. Quitándose la toalla, totalmente desnuda, se empezó a tocar los senos muy tiernamente. Eran ejercicios rutinarios de todos los días para moldear sus regulares y preciosos senos, más aún, lo hacía como una forma de prevención.
“Uno nunca está libre de algún tumor en el pecho, sobre todo, nosotras las mujeres, la mejor solución es la prevención. En el mundo, de cada diez mujeres, dos mueren de cáncer de mamas. Es muy terrible eso.” Pensaba así Lorena, recordando a su tía Yolanda que murió de cáncer de mamas. “Vamos Lorena, no te pongas triste, hoy es una noche muy especial para ti, hoy es la “inauguración” de tu futura casa, y de una vida de eternidad con Felipe, la persona a quien amas con todas tus fuerzas. La tía Yolanda está en el cielo, y seguro estará muy feliz porque sabe ella que tú también eres feliz.”
Lorena ya estaba sentada en su tocador echándose el perfume elegido para esta noche. Siempre con la delicada sutileza de sentirse eternamente bella. Ahora pensaba en lo de esta noche, se imaginaba la escena, sentada ahí con su novio y con Eduardo y su familia. “¿Estoy preparada para hacer una familia...?, ¿Puedo compaginar la vida conyugal con mi carrera de escritora...?”, Lorena no sabía responderse, porque sentía que su corazón no era su profesor sino un aliado al plagio de cualquier pregunta. Mirándose en el espejo ahora con el vestido rojo que tanto le gustaba a Felipe, Lorena sintió por primera vez que no podía escapar de aquel miedo tonto. “¿Y si no resulta vivir con Felipe?, ¿y si él se empeña en malograr mi carrera?, ¿por qué estás dudas, ahora?, si siento que lo amo... Si siento que es el hombre de mi vida. Ya no hay marcha atrás Lorena, tienes que hacerle caso a tu corazón y si realmente sientes que Felipe es tu compañero para toda la vida, entonces, no cuestiones tu futuro.”
Lorena escuchó el llamado de la puerta de su cuarto y sabía que era su madre. No dudó en decirle que pase.
-¿Mamá, encontraste los aretes...?
-Sí hija, son lindos éstos aretes, con ese vestido rojo te van a quedar de maravilla.
-Gracias mamá, necesitaba sentirme halagada. ¿Sabes?, estaba acordándome de mi tía Yolanda, de todos sus consejos y lo muy cariñosa que fue conmigo.
-Ay mi hermana, nos dejo tan pronto, no sabes la falta que me hace. Pero lo único que me alivia es que sé que está con Dios ya tranquila mirándonos desde arriba.
Lorena abrazó tiernamente a su madre, y ella se dejó abrazar correspondiendo el abrigo filiar.
-Mamá por favor no nos pongamos tristes, alegrete, mira que hoy es una noche muy especial para mí.
-Sí hija, lo sé, ya te veo vestida de blanco entrando a la iglesia junto con tu padre.
-Estoy muy feliz mamá, sólo nos falta fijar fecha, eso nada más, pero eso será a partir que termine mi carrera que por lo visto me falta muy poco, prácticamente un mes.
-Eres una mujer muy organizada, me siento muy orgullosa de ti hija...
Ahora fue la madre quien abrazó a Lorena dejándose llevar por la emoción.
-Ahora apúrate hija, mira que ya se te va a hacer tarde.
-Estoy en la hora mamá, ¿Y mi papito...?
-Está viendo su programa favorito, ya está enterado de tu cena, además sabe muy bien que ya no eres una niña. Bueno voy a prepararle su té con manzanilla para que descanse bien. No te olvides que estoy en la cocina.
-Ya mamá, en un rato estoy lista y te doy el encuentro para despedirme.
La madre de Lorena salió del cuarto lentamente. Mientras tanto Lorena se miraba en el espejo ya con el vestido rojo puesto y los aretes que le hacían juego a plenitud. Se soltó el cabello. Sus zapatos de color rojo de taco cinco le hacían sentir muy alta, así se sentía muy fuerte y bella ante cualquier duda de feminidad. Terminó de arreglarse, metió las cosas de necesidad en su cartera, simplemente lo básico, Lorena sabía que no necesita mucho maquillaje. Eso sí, indispensable su cajetilla de cigarrillos Hamilton y su celular. Salió de su cuarto sin ningún problema de nostalgia y se dirigió a la cocina para despedirse de su madre.
-Listo mamá, deséame suerte... Hoy me siento muy feliz.
-Hija, toda la suerte del mundo, que Dios te proteja y te cuide.
La madre le dio un beso en la frente muy emocionada.
... ¿Felipe te va a recoger...?
-No mamá, su coche está en el taller, no te preocupes me voy en un taxi. Además él está ordenando su casa para la cena y supervisando que todo esté en orden.
-Ah... No me gusta que te vayas sola Lorena, tú sabes que ahora en cada taxi hay cada pervertido.
-Sí lo sé mamá, pero yo ya tengo un taxi que es caserito, que siempre me lleva y me trae.
-Entonces mi amor adelante, cuídate mucho, salúdame a Felipe. Y cuando tomes el taxi siéntete en la parte de atrás. Por más caserito que sea, no hay que confiarse.
-Sí mamá, no te preocupes...
Lorena, retribuyó el beso en la frente que le dio su madre, salió de la cocina emocionada, radiante, hermosa y con todas las ganas de ver a Felipe, sintiéndose ya la señora de Córdova.
Lorena ya estaba afuera de su casa parada sola en el andén de la avenida Brasil en Magdalena del Mar, donde el ruido de las combis y de los micros congestionan el tráfico, sacó de su cartera el celular y se puso a digitar el número de Felipe. Le pareció necesario llamar a Felipe, quería avisarle que ya estaba en camino.
-Aló, Lore... –dijo Felipe-
Lorena, se alejó de la avenida porque no escuchaba bien a su novio.
-Sí Felipe, ¿me escuchas...?
-Sí Lore, ¿qué pasa?... ¿Estás en la calle, no?
-Sí amor, justo ya estoy por tomar el taxi, sólo te llamaba para que sepas que estoy en camino.
-Ah ya, justo me estoy bañando, menos mal que traje mi celular o sino me ibas estar llamando por las puras.
-Ya amor, entonces te dejo. Ya sabes que estoy en camino...
-Sí Lore, te espero.
-Ok, un beso amor...
Lorena, guardó su celular en su cartera, caminó sin mirar a nadie hacia la esquina de la avenida Brasil. Con una mirada desconfiada observaba muy detenidamente si estaba el taxista que siempre la llevaba y la traía a cualquier parte cuando la hora se le iba volando. Se dio cuenta que el coche amarillo estaba estacionado en el mismo lugar y, sin pensarlo dos veces, se acercó al mismo y le dijo:
-Buenas noches señor...
-Buenas noches señorita, ¿qué tal?, ¿cómo le va?.
-Bien, por favor a San Isidro, a la casa del abogado Córdova.
-Cómo no, un placer, suba...
Lorena subió por la parte de atrás y cerró la puerta sin echarle seguro a la misma.
-¿Señorita estamos de fiesta...?
-Sí señor, más que una fiesta es una cena.
-Que bien señorita, felicidades.
-Gracias...
En todo el trayecto Lorena fue muy lacónica con el chofer del taxi de color amarillo. Lorena muy pocas palabras dijo, estuvo atrapada en mutismo total, sólo, se limitaba a decir lo que para ella era necesario. Su mente estaba en otra parte, se sentía extraña, se sentía sola. Sentía mucha incomodidad, algo que nunca había experimentado antes, más aún, cuando se iba a su futura casa. Se le vino un vago recuerdo a su memoria, cuando era niña, recordaba, cómo un día de escuela su profesora Margarita la regañaba por haberse portado mal. Recordaba, cómo lloraba escuchándola gritar a su profesora por lo muy mal que se había portado. Con la mirada perdida sentía cólera, mucha rabia por esa profesora, quería verla, decirle que ya no era una niña, que ya era una mujer, quería gritarle a la cara, “ahora ella será una anciana y a mí también me gustaría mucho verla llorar...” Pensaba así Lorena mirando la noche de Lima por la ventana del coche de color amarillo.
...Señorita... Señorita ya estamos en la casa del abogado Córdova...
-Ah disculpe, no le había escuchado.
-¿Se siente bien señorita...?
-Sí, no se preocupe... ¿Cuánto le debo...?
-Siete soles...
Lorena, sacó diez soles de su cartera, le dio al chofer del taxi, y esperó muy impaciente su vuelto. En eso le tocaron la luna, Lorena alzó la mirada y se dio cuenta que era Fermín que la estaba esperando afuera.
-Su vuelto señorita, dos soles, gracias...
-De nada, al contrario...
Lorena bajó del coche siendo tomada de la mano de Fermín.
-Gracias Fermín...
-De nada Señorita Lorena, bienvenida y felicidades por la casa.
-Ya veo que ya estás enterado de la compra de la casa
-Sí Señorita Lorena, muchas felicidades a ambos.
-Gracias Fermín, muchas gracias.
-Adelante señorita Lorena le acompaño hasta la puerta.
-Gracias...
Llegaron a la puerta, Fermín se despidió y Lorena tocó el timbre. Felipe sabía que era su novia, dejó todo lo que estaba haciendo y sin mirar por el ojo mágico abrió la puerta automáticamente.
-¡Lorena...!, ¿Eres tú?
-Quién más Felipe, ¿La vecina...?
-Estás... Estás, eternamente bella, el color rojo te hace la mujer más bella del mundo.
-Jajajaja... Gracias señor abogado, pero, tanto halago y ni siquiera hay un beso para la novia, y voy a estar aquí parada todo el tiempo.
-Perdona Lorena, soy un tonto, pasa... Pero antes déjame besarte...
Felipe, sin cerrar la puerta, la besó eternamente, sintiendo todo el sabor del carmín con olor a flores perfumadas.
-Amor, ya te manché...
-Qué importa Lorena, ahora sí la dejo pasar señorita jajajaja.
Lorena pasó sintiendo que Felipe, ya se sentía el dueño de la casa, por la seguridad de sus palabras. Felipe al cerrar la puerta se arrepintió de no haber recogido a su novia. “En qué estás pensando Felipe, sólo en lo que vas a hacer esta noche con la filmadora, y no te das cuenta que hay cosas más importante que eso...”
-Felipe, todo está perfecto, ¿veo que te has esmerado, ah?
-No Lorena... En algo, parte de la decoración se la debemos a Rosita.
-¿Y dónde está ella...?
-En la cocina, dándole los últimos toques a la cena.
-¡Sí!... Hace tiempo que no la veo, voy a verla...
-Haz lo que quieras Lore porque ésta ya es tu casa... Y de paso, así me dejas terminar de arreglarme.
-Mi amor, así te ves regio...
-Jajaja no te burles, que me falta afeitarme y peinarme.
Felipe, tenía puesto, un pantalón negro de vestir, unos zapatos del mismo color que brillaban como una estrella. Pero sin nada arriba y con la barba media crecida.
Lorena en ese momento se preguntó a sí misma, “¿Felipe se habrá puesto las medias del mismo color, o estará con las medias diferentes?.” Lorena no lo podía notar, y mucho menos decirle. Se guardó ese pensar para ella sola, “ya habrá tiempo para conversar de tu problema de daltonismo mi amor, ya habrá tiempo”, Lorena con su sonrisa vaga pensaba así ya dirigiéndose a la cocina.
-Huele bien Rosita...
-¡Señorita Lorena, que alegría de verla...!
Rosita, esperaba que el agua hirviera, revisando el rico Asado que había hecho para esta noche.
-A mi también Rosita, gracias por todo, más bien dime, ¿En qué te puedo ayudar...?
-Por favor señorita, usted es la futura dueña de esta casa, yo estoy para atenderla.
-Gracias Rosita, pero no dudes en consultarme, así como tú, también me encanta la cocina.
-Se nota mucho señorita Lorena, pero no se preocupe.
-Bueno te dejo terminar, es un placer saber que la cena esta garantizada.
-Gracias, muchas gracias señorita Lorena...
Lorena, se dirigió al cuarto de Felipe para dejar su cartera sintiéndose ya la dueña de la casa. Caminó por el hall y no pudo evitar mirar la terraza que tanto le gustaba, miraba el jardín y los cuadros de la época colonial, algunos muy viejos, otros recién comprados, imaginándose y proyectándose en los cambios que haría cuando se case con Felipe y viva en aquella casa.
Lorena llegó a la puerta del cuarto de Felipe, y la encontró cerrada.
-¿Mi amor estás ahí...? ¿Amor...?
Nadie le respondió, “que raro, Felipe nunca había dejado cerrada la puerta de su cuarto, si todos los demás cuartos están con la puerta abierta, bueno, dejaré mi cartera en el cuarto de al lado.”
Felipe, estaba en el living buscando a Lorena, ahora con su camisa azul, ya peinado y afeitado. En eso se percató que Lorena llegaba atrás de él.
-Lore, te estaba buscando.
-Yo también, Felipe... ¿Amor por qué tu cuarto está cerrado con llave...?
Felipe, le abrazó por la cintura a Lorena y con una sonrisa de adivinanza le dijo:
-Es otra sorpresa...
-Otra mi amor, vaya que éste es el día de la sorpresas.
-Pero esta sorpresa, es una sorpresa para ambos.
-Y ni siquiera hay un adelantito.
-No, esta vez Lorena sí tienes que esperar.
-¿Hasta qué hora amor...?
-Mmm... Hasta que terminemos la tertulia con nuestros invitados.
Lorena, le dio un beso muy rápido al hombre de su vida y volteándose le dijo:
-Así que nos espera una noche muy larga.
-Eso parece Lore, todo depende de nosotros, si la queremos hacer larga.
-Yo estoy dispuesta a hacer todo lo que tú me pidas, Felipe.
-Entonces nos vamos a llevar bien esta noche...
Felipe, sabía que Lorena era extraordinaria, que no le iba a importar hacer el amor con él sintiéndose grabada por una maquinita digital. “Hoy la vamos a pasar bien Lore, te lo aseguro”, Felipe la volvió abrazar por detrás, pensado, imaginando, alucinando, otra vez, en todo lo que iba a hacer en la cama con su novia.
¿...Y a qué hora van a llegar nuestros invitados amor?
Felipe miró su reloj que brillaba como si fuera un foco de luz.
-Supongo que ya deben estar en camino... Nueve y media, ya estarán en camino Lore.
Lorena, se acordó de algo.
-Amor, hablé con tu madre.
-Sí... ¿Y de qué hablaron...?
-Doña Catalina, está muy preocupada por tu padre.
-¿Qué, no viene a dormir el viejo...? Jajajaja.
-No amor, no es broma. Doña Catalina me ha dicho que últimamente tu padre no se está sintiendo bien. Tose mucho por las noches agarrándose el pecho.
-Eso es por andar tanto con su pipa de humo por todos lados, pero no te preocupes Lorena, el viejo es fuerte. Además, uno no muere en víspera. Mañana mismo llamo a mamá para tranquilizarla.
-Sí Felipe, tu madre está muy preocupada.
-Mi madre exagera Lore, y por favor no me malogres la cena hablándome de ese viejo cascarrabias.
Lorena, en ese mismo momento recordó cómo Felipe hace unas semanas atrás había llorado por su padre junto con ella en su pecho diciéndole que amaba a Don Ernesto. “¿Cómo una persona puede cambiar de la noche a la mañana...?”, se preguntaba Lorena escuchando el timbre de la puerta.
-Ahí están Lore, lo ves, te dije que estaban por llegar nuestro dignos invitados...
Felipe abrió la puerta y muy alegre recibió a Eduardo, Claudia y al pequeño Eduardito que estaba durmiendo en brazos de su madre.
-Eduardo amigo, gracias por venir.
-Cómo crees, sabes muy bien que nunca te fallaría.
-¿Y ese cochecito...?
-Acá pues estoy con el coche del bebé para todos lados.
-Claudia amiga, que regia, te veo rejuvenecida jajajaja
-Felipe tu siempre haciendo bromas... ¿Qué tal, cómo estás...?
-Bien, muy bien y está dormido mi ahijado.
-Sí Felipe –dijo Claudia enseñándole el bebé, levantándole la pequeña sabana que le cubría todo el cuerpo-
Lorena abrazó a Eduardo recordando que fue él quien le presentó a Felipe.
-Eduardo a los años que te veo -dijo Lorena- ya no te dejas ver.
-Mira quien habla –dijo Eduardo- si eres tú quien no se deja ver, si o no Claudia.
-Eres una ingrata Lorena –dijo Claudia- pero me da mucho gusto verte, cómo estás amiga.
-Feliz porque están acá, a ver déjame ver al pequeño Eduardito –dijo Lorena muy tiernamente- No lo conozco en persona.
Claudia otra vez levantó la sabana y le enseñó el bebé a Lorena.
-Que lindo es, tan tierno...
-No lo conoces porque tú no quieres –dijo Eduardo- cuantas veces te hemos invitado a la casa y con el pretexto de la universidad no has dejo plantados varias veces.
-No es eso Eduardo, Claudia... Sino que la universidad me absorbe mucho y el tiempo que me queda se lo dedico a Felipe.
Felipe abrazó a Lorena y le dio un beso afirmativo.
-Así es pues hermano cuando uno es famoso jajajaja –dijo Felipe riéndose- Pero bueno pasen no se queden ahí, póngase cómodos, Claudia si quieres que mi ahijado duerma tranquilo, sólo escoge los cuartos que quieras, por favor es tu casa.
-Gracias Felipe...
-Te acompaño Claudia -dijo Lorena- así chismoseamos algo...
-Vayan no más mujeres, que creo que para eso sirven, para chismosear jajajaja. –dijo Eduardo-.
Lorena y Claudia con el niño en brazos se perdieron por el hall de los cuartos, mientras Eduardo aprovechó para preguntarle a Felipe si ya estaba listo todo lo que iba a hacer esta noche.
-¿Y Felipe, ya le dijiste a Lorena lo que vas a hacer esta noche...?
-Despacio abogado, cuidado que te vayan a escuchar.
-No te preocupes amigo, que no escuchan nada, cuenta pues.
-Algo le adelante, pero es un hecho... Ya me veo esta noche como un actor porno jajajaja.
-Eso espero amigo... ¿Y qué sabes de la visita de Susana?
-Ah... Me has hecho acordar. Nada abogado perdedor, ni que se le ocurra venir otra vez porque soy capaz...
-Esta bien amigo tranquilízate, no pierdas los papeles. Además estamos metidos en otra cosa... Caracho, yo tengo la culpa por hacerte acordar.
-No Eduardo no te preocupes, hoy más que nunca, nadie, me quita el buen sentido del humor...
Lorena, entró al cuarto donde guardó su cartera junto con Claudia y el niño en brazos. Claudia echó al niño en la cama con mucho cuidado para que no se despierte. Lorena al verla le entró unas ganas de ser madre, sabía que ese amor que existe entre una madre y su hijo se puede experimentar solamente teniendo uno. “El amor filial es algo que nadie te lo puede explicar, que privilegiadas somos nosotras las mujeres al poder traer al mundo un pedacito de vida.” Pensaba con ternura Lorena ayudándola a Claudia. Claudia sintió la envidia sana de su amiga Lorena y, con todo el amor de una madre, afloró sus palabras hacia ella:
-Ay amiga, pronto tendrás un bebé, y comprenderás que no existe nada en el mundo que se le pueda comparar.
-Sí amiga, ahora mismo estoy sintiendo tantas cosas al verte tan orgullosa y feliz con tu hijo. ¿Debe ser algo hermoso cargar a un ser que salió de ti, no?
-Sí amiga, es un sentimiento incomparable, ver sus dos manitos, sus deditos, su cabecita, su cuerpecito y, sobre todo, la curiosidad que tiene por conocer éste mundo.
-Ya veo Claudia, te felicito y te deseo lo mejor amiga.
-Gracias Lorena, pero tú no te quedas atrás, Eduardo me contó que Felipe compró ésta casa... Amiga es un buen comienzo, de verdad muchas felicidades. Mírame a mí, yo todavía sigo viviendo en la casa de Eduardo, aunque no me quejo porque mis suegros son una maravilla... Pero ya conoces el dicho “Casado casa quiere”.
-Eso con el tiempo Claudia, ya verán que cuando acuerden tendrán su casita. Yo no me puedo quejar, Felipe es maravilloso, mira la casa, es la casa de los sueños, que más puedo pedir amiga... No te voy a negar que nuestra relación ha tenido altibajos, sobre todo, en nuestra relación de pareja, pero en el fondo eso nos ha hecho más fuertes y realmente nos ha ayudado mucho a conocernos.
-Claro amiga, es normal, el matrimonio es una sociedad y siempre en una sociedad hay problemas... ¿Y cuéntame cuándo terminas la universidad...?
-Si Dios quiere sólo me falta un mes.
-Que bien amiga, así que ya veo boda jajajaja... Amiga cuenta conmigo, yo te puedo enseñar donde puedes comprar todo, de buena calidad por supuesto.
-Gracias Claudia y es un hecho, de todas maneras te tomo la palabra, pero ahora vamos a la sala que nuestras parejas ya deben estar con hambre.
-Sí Lorena, vamos, conociendo a Eduardo, que come... Dios, Pareciera que tuviera una tenia jajajaja.
-Ay Claudia tú siempre tan ocurrente...
Salieron las dos contentas, dejando el cuarto abierto con la luz apagada, también dejaron al pequeño niño durmiendo como un angelito abrazándose a los brazos de Morfeo.
-¡Por fin...! -dijo Eduardo- chicas ya era hora, me estoy muriendo de hambre.
Eduardo se acercó a Claudia y muy discretamente le preguntó en qué cuarto había dejado a su hijo...
-Bueno, en vista que todos estamos con hambre –dijo Felipe- Le diré a Rosita que ponga la mesa...
Felipe caminó por el lado opuesto del living hacia la cocina para darle órdenes a Rosa, ordenes para que ponga la mesa y sirva.
-Rosita te llegó la hora.
-Sí joven Felipe... No le parece muy temprano.
Felipe, miró su reloj y dijo:
-¿Sí, no?, bueno, que le vamos a hacer Rosita ya hace hambre.
-Como usted diga Joven Felipe, en diez minutos todo quedará listo.
-Tómate el tiempo que desees Rosita.
Felipe, salió de la cocina, muy apetecido con los olores de la comida. Caminó muy misterioso como ocultando algo, se dirigió al segundo bar que estaba en el otro lado de la casa y sacó un vino de cosecha vieja. Exclusivamente para momentos como este pensó Felipe. Cerró su vitrina y con el vino en mano caminó hacia living muy relajado.
-¡Eso es lo que faltaba Felipe! –dijo Eduardo- de acá no mas sentado en tu mueble a lo lejos puedo ver que ese vino es de una cosecha vieja.
-Por favor abogado -dijo Felipe- sólo aquí en ésta casa hay cosas que valen la pena, este vino es, Santiago Queirolo, Borgoña.
-Perdón, perdón, lo dije sin ofender Felipe.
-Felipe, felicidades ya me enteré de la casa –dijo Claudia-
-Gracias, es el producto de mi éxito –dijo Felipe-
-De nuestro éxito –añadió Lorena-
-Claro Lorena, cómo crees que me voy a olvidarme de ti.
Felipe, sentado con el vino semiseco en la mano abrazaba a su novia mirándole el ceñido escote.
-Eduardo hablaste con tu amigo, el ingeniero civil... –dijo Felipe-
-Ah, sí... El lunes te confirmo todo –dijo Eduardo como acordándose de algo-
-¿Por qué un ingeniero civil amor? –Pregunto Lorena muy desconcertada-
-Eduardo te lo puede contar mejor –dijo Felipe-
Claudia y Lorena voltearon sus caras para mirar a Eduardo buscando una respuesta.
-No, lo que pasa que yo tengo un amigo que es ingeniero civil –dijo Eduardo sintiéndose allanado con las miradas- y le comenté a éste amigo si podía diseñarme una piscina, que no era para mí sino para un amigo, en este caso Felipe.
-¿Felipe vas construir una piscina? –preguntó Claudia-
-¿Tú que crees...? Claro que sí –dijo Felipe- y les aseguro que será mejor que la piscina de la casa de mis padres.
-Amor, no me habías contado eso –dijo Lorena muy tiernamente-
-También era otra sorpresa, Lore...
Rosita se presentó en el living muy sorpresivamente, con el siempre permiso de respeto y saludando a los invitados le informó a Felipe que la mesa ya estaba lista, que cuando gustasen podían pasar al comedor a disfrutar de la cena. Felipe muy cortésmente le pidió a Rosita que lleve el vino que estaba sobre el mostrador del living. Sintiéndose muy extraña Claudia por la forma tan cortés que Felipe trataba a sus empelados. Felipe abrazó a Lorena y le dio un beso de protección, Eduardo hizo lo mismo y abrasados ambos con sus parejas se dirigieron camino al comedor.
Sentados los cuatros en la mesa del comedor, Claudia pidió permiso, quería darle un vistazo a su hijo, no vaya a ser que se voltee y esté durmiendo en mala posición, comentó Claudia muy preocupada. Lorena la seguía mirando con envidia sana, pensando que si fuera ella nunca dejaría a su hijo solo, siempre estaría a su lado. Lorena le encantaba los niños, es por eso que tenía la necesidad maternal de tener por los menos tres hijos, mirando a Felipe imaginaba las caras de sus hijos. “Debe ser triste ser hijo único, pero te prometo amor que nuestros hijos serán parecidos a ti, con tu cara tan bella, eso sí, tú los vas a querer como a nadie en el mundo, sin peleas ni resentimientos, ya veo la hora cuando me toque tener uno...” Lorena pensaba así acariciándole la mano a Felipe.
Eduardo, comentaba de la situación del país, muy molesto discutía con Felipe que el sistema de éste gobierno era muy parecido a un circo instalado en un desierto de camellos. Felipe no podía darle la razón, pues no tenía esa perspectiva de ver las cosas tan negativamente. No sentía la necesidad de flagelar a su país, pues todo lo que había conseguido y logrado estaba aquí, y sería estúpido negar que parte del éxito que logró Felipe se debía a las tantas injusticias de este país. Pero eso se lo guardaba para él, para no sentirse odiado por nadie. Claudia opinaba ya sentada en la mesa después de ver a su hijo, como economista que es: que la problemática de éste país radicaba en la educación, el gobierno de turno le conviene tener a la mayoría de pobladores del Perú en la más mínima ignorancia y tan sólo con un pan y un poco de leche le tapan la boca. En cambio si le damos a los niños y jóvenes, educación, valores y dignidad se darán cuentan que no todo es pan, ni leche o migajas de perdón. Estamos artos que el gobierno nos agarre como tontos e incapaces de cambiar algo en este país.
Eduardo apoyaba a Claudia, pero también agregaba que la educación tiene que ir de la mano de un sistema coherente, sin atropellos ni abusos. Felipe seguía refutando a su amigo Eduardo, le daba de entender que en esta vida existía el mal y el bien. Y que eso nadie podía cambiarlo ni siquiera Dios. Felipe daba como ejemplo el rico Asado que se estaban comiendo, le decía a su amigo, muy relajado a los presentes en la mesa, si realmente era justo que muera esa vaca. Entonces siempre va haber injusticias, siempre el más fuerte se va querer “comer” al más débil. Ahora llevar la vida como una balanza, eso es para mí, la mejor solución, y si hablamos de justicia, mira Eduardo que tú y yo somos abogados, en éste país y en este mundo, es perder el tiempo.
Claudia, movía la cabeza afirmativamente, encontrando mucha coherencia en las palabras de Felipe, agregaba también que la justicia cuando tarde ya no es justicia. Y aunque no quieran reconocer algunos, siempre el gobierno de turno va a querer llevar agua para su molino. Y lo hace. Sobre todo, ayudando a sus seres queridos.
Amor, eso se llama nepotismo, decía muy eufórico Eduardo a Claudia. Ya ves Eduardo tú mismo me das la razón...
Rosita, que empezaba a servir la cena no entendía nada de lo que estaban hablando los invitados, sólo se limitaba a hacer lo suyo. Para ella lo justo era trabajar y tener que comer todos los días. Igual Lorena no le importaba hablar de política, detestaba la política, no por ignorancia, sino, porque desde que tiene uso de razón siempre había escuchado hablar de los presidentes y sus infinitos defectos que son imperdonables. Le sonaba repetitivo, y más aún, aburrido. Se limitaba a decir: claro, me parece bien... quizás. Pero su mirada estaba o mejor dicho su pensar estaba orientado hacia otro camino, hacia otro mundo. Ella soñaba con su primer libro, de la catarsis que puede ser escribir para que después te lean y te digan gracias. De cambiar la vida de la gente mediante tus experiencias e historias sin ser participe de ésta sociedad tan convencionalista que a mucha gente la tiene metida en un cuadrado de vida rutinaria.
Para Lorena hablar de justicia y de Política era retroceder, no era avanzar. Si queremos cambiar éste país, empecemos por nosotros mismos, cada uno por lo que sabe hacer, por lo que quiere lograr, y no le echemos todos los males al presidente o a ese superhéroe tierno e imaginario llamado justicia, pensaba así Lorena pasándole la ensalada Rusa a Felipe.
-Qué bueno está esto –dijo Eduardo-
-¿Sí Eduardo?, que bueno que te guste –dijo Lorena- ¿y a ti Claudia qué te parece?
-Delicioso, hay que reconocer que la sazón de esa empleada tiene mucho sabor –dijo Claudia-
Lorena, no le gustó la formo como se expresó Claudia de Rosita. “Ay amiga, todavía no has cambiado sigues tratando igual a los que supuestamente son inferiores a ti. Es una pena que pienses así; todos somos iguales Claudia y, más aún, que ya tienes un hijo precioso.” Pensaba Lorena desacreditando con su silencio el mal comentario de Claudia.
-¿Cómo está tus padres Felipe? –dijo Eduardo-
-Por lo que sé bien, gracias...
Felipe, no se acordaba del comentario que le hizo Lorena acerca de su padre.
-Cuando los visites le das nuestros saludos –dijo Eduardo-
-Como no, ¿sabes? mi madre siempre se acuerda de ti –dijo Felipe, con una sonrisa-
-Que gusto me da oír lo que me acabas de decir Felipe, sabes muy bien que tu madre me ha trato como si fuero su hijo.
-Mira tú, no sabía amor que tenías otra mamá –dijo Claudia-
-Bueno amor, en ese tiempo tú no existías, te hablo en los años de universidad.-dijo Eduardo-
-Uf, cuanto tiempo jajajaja...-dijo Claudia-
-Tampoco no nos alucines Claudia, no somos tan viejos –dijo Felipe, sirviéndose más vino-
-Por favor Felipe, tú y Eduardo ya van a llegar a la base tres jajajaja –dijo Claudia riéndose-
-Pero Claudia aquí entre nos, si o no que a nosotras las mujeres nos gustan más los hombre mayores, sobre todo medios canositos jajajaja –dijo Lorena sintiéndose llena por la cena-
-Hija, es una gran verdad, Eduardo ya no sabe que echarse en el cabello, se tiñe el cabello cada fin de semana creo –dijo Claudia-
-Espera un momento amor, que está pasando acá... Felipe, las chicas nos están haciendo polvo –dijo Eduardo-
-No le hagas caso abogado, nosotros nos mantenemos aunque pasen los años, en cambio ellas, cuando llegan a los 25 ya se empiezan a bajarse la edad jajajaja –dijo Felipe, mirando a Lorena-
-No querido, yo no soy esas mujeres que se bajan los años y que ocultan su edad –dijo Claudia- yo tengo 25 años y bien llevados.
-Jajajaja, eso dices ahora Claudia ya te quiero ver cuando llegues a los treinta. -dijo Felipe con mirada felina-
-¿Qué edad tienes Lorena? -preguntó Eduardo-
-24 años, y apoyo lo que dice Claudia: una mujer que oculta su edad es sinónimo que se siente vieja. –dijo Lorena-
-Esto está que se vuelve una guerra de sexos –dijo Felipe-
-Una guerra, que por supuesto le vamos a ganar jajajaja –dijo Claudia-
-Se aprovechan que son nuestras novias y que nada podemos hacer. –dijo Eduardo ya satisfecho con el rico Asado.
-No amor, tanto el hombre como la mujer son inseparables. Y pase lo que pase, siempre caemos juntos. –dijo Claudia-
-Sí, es verdad –dijo Lorena- yo no me imagino vistiendo santos, estando sola en una casa renegando por mi pasado...
Así terminaron la cena las dos parejas con muchas ganas de tenerse el uno al otro. Sintiéndose como una familia, una verdadera familia. Ahora le tocaba a Eduardo ir al cuarto a ver a su hijo, y los demás pasaron otra vez al living. Felipe buscaba su CD de música clásica para relajarse. Le tocaba el turno a Antonio Vivaldi. Lorena aprovechó para preguntarle a Claudia, dónde quedaba el gimnasio que ella frecuentaba diariamente, ya que la encontraba regia a pesar de tener un hijo de un año. Claudia le dio el nombre del gimnasio instalado en Miraflores, garantizándole que es una maravilla. Que tan sólo, en tres meses estás como nueva. Lorena se animaba, asegurándole que de todas maneras entraría al gimnasio. Quería tener una vida sana de puro ejercicios y vitaminas. Eduardo regresó de ver a su hijo sin ningún problema. Lorena le preguntó si se había despertado Eduardito, él contestó, que seguía durmiendo como si estuviera en su cuna. Felipe se empezó a reír y se jactaba de que su ahijado sabía que estaba en la casa de su padrino y que por eso no tenía problemas para dormir. Que padrino tan orgulloso respondió Claudia, como será cuando tengas tu primer hijo, le harás una fiesta con piñata y payasos cada semana de vida. Lorena respondió por Felipe, ni lo dudes, conociéndolo a Felipe, él va a tirar la casa por la ventana. Eduardo también afirmó las palabras de Lorena. Felipe, amigo has puesto la música de despedida, ya nos estás botando... Todos se rieron y Felipe contestó sin molestarse, lo siento abogado perdedor estás en mi casa, tú cuando pones en la oficina tu música de rock nadie te dice nada jajajaja... Además, ésta es la música que siempre escucho, así que no es nada nuevo para ti, si o no Lorena... Lorena se dejó llevar por la melodía clásica de Antonio Vivaldi y sin decir nada reconoció que ya se había acostumbró a escuchar música clásica. Felipe se sentó junto a Lorena y Eduardo hizo lo propio con Claudia. Las dos parejas se besaron dejándose llevar por una melodía clásica y solamente el silencio de la noche habló por ellos...
-Bueno amigo, viendo la hora avanzada, nos retiramos –dijo Eduardo bostezando-
-Qué, tan pronto se van, si es media noche –dijo Felipe mirando su reloj-
-Sí Felipe, lo hacemos más por el bebé –dijo Claudia dirigiéndose al cuarto donde estaba su hijo-
-Entonces, muchas gracias por la visita amigos, ha sido una cena fabulosa en compañía de ustedes –dijo Felipe-
-Al contrario amigo, gracias a los dos por tenernos muy presentes en sus corazones –dijo Eduardo-
-Tú eres como mi hermano, y Claudia también –dijo Felipe abrazándolo a su amigo-
-Sí Eduardo, Claudia y tú son nuestra primera familia –dijo Lorena-
En eso llegó Claudia con el bebé en brazos tapado como un capullo de un dibujo animado.
-¿Sigue durmiendo mi hijo? -preguntó Eduardo-
-Sí amor, que no se te olvide el cochecito -dijo Claudia-
-Entonces amigos, ya saben que cuando quieran pueden venir a esta casa, esta es su casa -dijo Felipe abrazando a Lorena-
-Gracias Felipe, y espero la boda con muchas ansias -dijo Claudia sintiendo el aire de la calle-
-No te preocupes, que eso será cuando menos se lo imaginen –dijo Lorena-
-¿Felipe mañana no tenemos nada pendiente? -preguntó Eduardo-
-No, sólo revisar algunos casos...
Eduardo se acercó a Felipe que ya no abrazaba a Lorena y le dijo muy al oído:
-Suerte por lo de esta noche y disfrútalo amigo.
-Hasta mañana abogado perdedor –dijo Felipe muy rápidamente-
Felipe, regresó hacia donde estaba Lorena, y los dos se quedaron mirando como se marchaban sus amigos por la penumbra de una calle coreada por los grillos.
-Mi amor, creo que Fermín se ha quedado dormido.
-Que importa Lorena, ahora estoy yo para protegerte.
Se besaron y regresaron a la casa...
Sentados en el mueble empezaron a hablar de la linda pareja que hacían, Eduardo y Claudia. De los consolidados que se veían junto a su pequeño hijo. Felipe comentaba que Eduardo se le notaba muy feliz, pero siguió pensando que su amigo Eduardo se había casado muy rápido. Podía haber avanzado más en la vida. Y la llegada de Eduardito lo puso como loco, sin saber qué hacer. Lorena estaba en desacuerdo con Felipe. Uno tiene que elegir su camino y batallar con él. No todo en la vida es “cálculos matemáticos”, Eduardo eligió casarse y tener un hijo con la mujer que él consideró que era la mujer de su vida. Así le hablaba Lorena a Felipe, muy tranquila sin enojarse. Felipe en parte le daba la razón, pero como amigo, hubiese querido que Eduardo llegue más lejos, le daba entender a Lorena que Eduardo podía tener mejor posición, no conformarse con vivir por ejemplo en la casa de sus padres. Pero bueno, Lore, como tú misma dices cado uno elige su camino...
En eso apareció Rosita, después de haber dejado la cocina como nueva y sin ningún plato sucio.
-Joven Felipe, paso a retirarme.
-¿Rosita, no crees que es muy tarde para que te vayas a tu casa? –preguntó Lorena con algo de preocupación-
-No señorita Lorena, todavía es temprano, no se preocupe.
-Estás segura Rosita, mira que puedes dormir en la casa, para mí y para Lore no hay ningún problema –dijo Felipe sin ningún apuro-
-Gracias Joven Felipe, pero tengo que llevar algo a mi casa.
-Ah, en ese caso la familia es más importante –dijo Lorena, acordándose de los suyos-
-Vamos Rosita te acompaño para que tomes un taxi... Lore, espérame y ponte cómoda...
Lorena ya sabía que significa ponerse cómoda, mientras que Rosita ya estaba en la puerta.
-Gracias Rosita por todo, esta cena nunca la voy a olvidar –dijo Lorena, despidiéndose a los lejos-
-Cuando guste señorita Lorena, estoy aquí para servirlos.
-Gracias Rosita…
Felipe, cerró la puerta, y acompañó a Rosita hasta fuera. En eso se despertó Fermín preocupado mirando su reloj. Felipe lo miró y no le dijo nada. Sacó de su billetera cien soles y le dijo a Rosita:
-Toma Rosita, cien soles por la cena...
-Gracias joven Felipe...
-No, al contrario, a ti Rosita, mis invitados han quedado maravillados con la cena... ¿De verdad no te quieres quedar...?
-Gracias joven Felipe, pero tengo que llegar a mi casa.
-Bueno, ante esas razones... Muchas gracias Rosita y cuídese... Fermín acompaña a Rosita a tomar su taxi...-dijo Felipe-
Fermín, no podía ocultar la vergüenza de saber que su jefe lo había encontrado durmiendo, al no ver el carro de su amigo Eduardo.
-Sí señor, como usted diga –dijo Fermín, con su voz ronca producto de haberse recién despertado-
Felipe regresó a su casa con todas las ganas de hacer el amor de una manera diferente. “Vamos a ver Lorena que tal nos vemos haciendo el amor...”
-¿Amor, tan rápido tomó el taxi Rosita...?
-Sí, jaja, se acaba de despertar Fermín y le dije que la acompañara.
-Ah, ya me parecía raro...
Felipe se acercó a Lorena, ella se dejó abrazar sintiendo las mismas ganas que su novio.
-Felipe bésame, pero bésame bien amor, quiero sentir en este beso que soy la mujer más amada del mundo.
Felipe, la besó, tocándole los glúteos y se percató que no llevaba prenda intima debajo de su vestido rojo.
-¿Qué me tienes preparado hoy amor, mira, no se me ha olvidado lo de la sorpresa?
-Vamos a mi cuarto, ahí está la sorpresa.
-Dirás a nuestro cuarto amor...
Lorena mirando hacia delante y Felipe por detrás, caminaron muy pegados y despacio hacia el cuarto que ella encontró cerrado y que seguía cerrado con llave.
-Espera Lore, déjame buscar las llaves... Aja, aquí están las llaves...
Felipe encontró las llaves en su pantalón y abrió la puerta de su cuarto. Sintió una rara sensación como si el cuarto que estaba abriendo no fuera el suyo.
-Adelante Lorena, todavía no enciendas la luz... Deja que yo lo haga.
-Qué misterioso te has puesto Felipe...
Lorena entró al cuarto sin ver nada y sólo esperó que Felipe encienda la luz para ver cual era esa sorpresa tan misteriosa.
-¿Estás preparada Lore...?
-Sí amor.
-Entonces, uno, dos y tres.
Felipe encendió la luz del cuarto y observó que Lorena estaba confusa, mirándolo sin saber que decir.
-¿Qué pasa Felipe, cuál es la sorpresa...? Sólo veo tu cama y una filmadora apuntando hacia la misma.
-Esa es la sorpresa Lorena.
-Jaja, sigo sin entender amor... ¿Qué me estás regalando...?, ¿La cámara filmadora...?
-Mmmmm, disculpa y perdona por no ser tan claro... Pensaba que te ibas a dar cuenta, pero veo que no has captado lo que te quiero decir.
-La verdad mi amor, no...
Felipe caminó hacia ella, la cogió por la cintura, Lorena se dejó, pero sin dejar de sentir mucha curiosidad por lo que le iba a decir su novio.
-Lorena, vamos a hacer algo diferente, vamos a escaparnos de la rutina, vamos a conocernos más... Jajajaja no te asustes Lorena, si ves esta cámara es por quiero que hagamos el amor y nos filmemos... Algo diferente, Lore...
Lorena se apartó de Felipe y empezó a mirar la cama y la filmadora. Hubo un silencio necesario, pero Lorena rompió el silencio.
-Así que quieres ridiculizar lo que para mí es lo más hermoso de mi vida.
-¿Ridiculizar...? Ahora soy yo el que no entiende Lore... No entiendo por qué dices eso… no sé…
-Claro, que vas a entender Felipe, si con esto me demuestras que todo este tiempo te ha importado un pepino hacer el amor conmigo.
-Lorena creo que no me estás entendiendo... Esto es solamente entre tú y yo.
-Sí te entiendo Felipe, te entiendo muy bien... Así que todas las veces que estábamos juntos yo era la idiota que se entregaba por amor, mientras tú pensabas en escapar de tu maldita rutina... ¡Claro! que te entiendo muy bien...
Felipe, no podía creer lo que le estaba pasando, pensaba que la situación la tenía controlada, en sus manos, todo bajo control; pero nunca adivinó que Lorena lo iba a desubicar por completo.
-Por favor Lorena no discutamos otra vez... Yo te hacía el amor de verdad, yo te hago el amor porque siento hacerlo, no porque quiero escarpar de la rutina... Entiéndeme Lore, hago esto por los dos, para sentirnos bien.
-No Felipe, no sé quién te habrá aconsejado a hacer esto... Pero no cuentes conmigo.
-Por qué te pones así... Esto se me ocurrió a mí, nadie tiene por qué aconsejarme nada o decirme lo que tengo qué hacer... Tú me conoces bien...
Felipe jamás iba a delatar a su mejor amigo, Eduardo.
-Jajajaja, ¿sabes? Suena risible lo que me dices, yo pensaba que te conocía muy bien, ahora veo que sólo conozco tu casa...
Lorena estaba sentada en la cama, le daba la espalda a Felipe, imaginaba con tristeza su pasado, presente y futuro derretirse como un cubo de hielo en una vereda a pleno sol. Felipe se sentó a su lado, quería solucionarlo todo con un beso. Lorena se dejó besar, pero de inmediato se apartó de los labios de Felipe.
-¿Y éste beso, también fue para escaparte de tu rutina...?
Felipe se puso de pie y no pudo contener su cólera, la ira.
-¡Carajo!... Sigues con esa estupidez de la rutina... Por qué dices cosas que no son... Si yo estoy aquí a tu lado, si yo estoy contigo todo este tiempo, es por algo Lorena, no es por simple capricho.
-¡Perdón Felipe!, la palabra rutina es de tu vocabulario, así que por favor sé coherente con tus palabras...
Felipe buscó la manera de no perder los papeles, pero se le era difícil callar sin saber qué hacer. Sólo tenía bien puesta en su cabeza la idea de hacer el amor con Lorena sintiéndose filmado.
-Yo no te entiendo Lorena, me dices que harías cualquier cosa por mí y ahora te echas para atrás.
-No Felipe... Así no... No soy una puta que se deja filmar... Yo te hago el amor porque te quiero, te amo... Cada vez que me entrego a ti lo hago con unas ganas y entrego el alma en un solo suspiro. Para mí hacer el amor por el simple juego de hacerlo no va conmigo... Me siento cualquier cosa menos una mujer.
-Cómo, entonces, no te entiendo... No dices que vas a ser una escritora, que tu vida tiene que ser vertiginosa y tanta cosas más.
-¡No confundas las cosas Felipe!, ¡Yo no soy tu puta!, ¡Yo te amo...!, y otra vez con la misma discusión, siempre llegas a lo mismo... ¡Maldita la hora que te conocí!
Felipe quería calmar las cosas y empezó hablarle como pidiendo perdón...
-Solamente quiero pasar contigo una noche diferente, una noche singular para los dos, tú y yo pequeña... Pero no te entiendo Lorena, créeme que no te entiendo.
-Entonces, guarda esa filmadora si realmente me quieres tener en tus brazos.
-Déjame explicarte, no tienes porque sentirte mal... Vamos a hacer el amor porque sentimos hacerlo, sólo que ahora, nos vamos a filmar... Yo no le encuentro nada de malo.
-¡Yo sí Felipe!, no me sentiría bien, me entiendes... Sería como si me estuvieran viendo y creo que no me has entendido... Yo te hago el amor porque te amo... No porque quiero ser filmada.
-¿Pero por qué eres terca...?, deja las mariconadas... Nadie nos va a ver.
-No Felipe... Entiendes, no me hagas decirte cosas que al final me van a doler.
Felipe empezó a desesperarse y no pudo contener el orgullo macho que siempre estaba presente ante todo.
-¿Entonces te niegas...?
-Sí Felipe...
-¡No sé, que escritora vas a ser...! Una ves leí en un revista que para a ser un escritor tienes que tener de Dios y de diablo.
-¡Ah sí, y de cuándo te interesa la literatura...! ¡Ahora me llamas escritora, cuando te conviene...! Ya veo por donde va el asunto, Felipe...
Felipe ya estaba fuera de sus casillas, empezó hablarle a su novia con total demencia.
-¡Esta bien Lorena vamos a hacer el amor sin esa maldita filmadora...!
-Ya no Felipe, no tengo ganas... Es mejor que me vaya.
-¡De verdad no te entiendo!, ¡Carajo que complicado es hablar contigo!, ¡ahora eres tú la que has echado todo a perder...!
-¿Yo?, que ridículo eres Felipe... No de das cuenta que estoy mal, que me siento mal.
-¡No Lorena, no me doy cuenta de nada!, ¡una vez más me demuestras que eres una niña engreída y caprichosa!
-¡Ah sí, no me digas y cada vez tú me demuestras que eres un animal, un ser de lo peor que no sabe tratar a ninguna mujer...!
-¡Entonces que haces aquí, por qué no te vas carajo...!
-Eso quieres que haga Felipe... Que me vaya para siempre...
Felipe, no se contuvo, empezó a golpear la puerta de su cuarto con varias patadas.
-¡Sí, vete de mi casa...! ¡Ya no te soporto!, eres la mujer más voluble que he conocido...
Lorena empezó a llorar, pero no lloraba por herida, sino más bien por cólera.
-¡Está bien Felipe...! ¡Me voy!, ¡Pero que te quede bien claro, que amarte es muy diferente a ser tu esclava...¡
Lorena, lo empujó de la puerta y salió corriendo a buscar su cartera que estaba en el cuarto de al lado siendo perseguida por Felipe.
-¡Ese extremismo, es tu peor desgracia, Lorena...! ¡Yo nunca te llamé esclava ni te he hecho sentir como tal...!
Lorena al verlo en la puerta, le tiro la cartera totalmente derrumbada ya por el llanto.
-¡Eres de lo peor Felipe...! ¡Que tonta fui al pensar que íbamos ser felices...!, ¡Adiós...!
Lorena otra vez lo empujó de la puerta y salió corriendo de la casa, Felipe cerró la puerta del cuarto estando él adentro, pensaba que de todas maneras iba a regresar porque tenía en sus manos su cartera con sus cosas. Esperó sentado golpeando la cama con los puños. Espero diez minutos, desesperado y sospechando ahora sí que Lorena ya se había ido. Salió corriendo del cuarto, hasta llegar a la calle, pero no vio nada, sólo a Fermín que caminaba hacia él.
-Joven Felipe, perdone que me meta, ¿pasó algo...?
-Nada Fermín, por favor se más discreto...
-Disculpe joven Felipe...
-Ahora dime ¿cómo se fue Lorena?
-Joven Felipe, salió desesperada de la casa... Estaba llorando...
-¡Si ya sé que estaba llorando...!, ¿Pero cómo se fue...?
-Paro un taxi, y se fue... Yo la quería detener pero fue imposible, señor.
-Así que se fue en un taxi... Se llegó a ir la muy tonta... Pero tiene que regresar tengo sus cosas en casa.
-Perdón joven Felipe me hablaba.
-No Fermín... ¡Y sigue vigilando, no te duermas, que no te pago para que duermas sino para que cuides la casa, carajo...!
Felipe, totalmente molesto, retornó a su casa, cerró la puerta con vehemencia a sabiendas que ya era su casa. Caminó hacia el bar del living, sacó su vaso preferido, puso dos hielos que al caer hicieron el sonido de un timbre, movía el vaso haciendo ruido como si ese ruido lo fuese a calmar. De inmediato agarró la botella de whisky y echándolo en el vaso se acordó de la filmadora y de las ganas que tenía por verse filmado con una mujer haciendo el amor. Ya no le importaba la pelea con Lorena, para Felipe eso al final tenía solución. Se sentó en el mueble a pensar detenidamente la idea diabólica que le estaba rondando su cabeza...
Lorena en el taxi seguía llorando, odiando, amando y maldiciendo a Felipe. El chofer del taxi que era un viejito, no podía contener la pena, pero tampoco quiso preguntar, sólo manejaba despacio como calmándola de alguna manera. Lorena se acordó que su cartera estaba en la casa de Felipe. Con la cólera que llevaba no se percató que era su cartera la que caía al piso. Se odio por no tener buena puntería. Pero eso ya no le importaba porque adentro de su cartera estaba su celular, y eso, significaba no saber nada de Felipe por algún buen tiempo. Ya que sabía que Felipe no le gustaba llamarla a su casa. Pero ahora cómo le pagaba al señor del taxi, tenía que entrar a su casa y sacar dinero de su cuarto, su perrita Peloncita la iba a sentir, igual que su madre, y no quería que la vean así, totalmente destrozada. No le quedaba de otra.
-A la derecha señor, delante de las rejas Blancas –dijo Lorena más calmada- me tiene que esperar un momento voy a sacar dinero...
-No se preocupe señorita, yo espero...
Felipe ya iba por el segundo vaso de whisky, todavía no se había derretido los dos hielos. Haciendo del vaso un huracán en su mano, seguía pensando, en la loca idea devastadora que le había originado la pelea con Lorena. Sacó su celular de su bolsillo y empezó a llamar a la persona menos indicada...
-Sabía que me ibas a llamar Felipe... –dijo Susana echada en su cama con ropa interior-
-¿Alguna vez has hecho el amor filmándote...?
-Sí, una vez...
-Entonces no hay primera sin segunda...
-Estoy en quince minutos en tu casa, mi vida...
-Está bien Susana, te espero.
Felipe, terminó de hablar con Susana sin ninguna expresión en su rostro, guardó su celular apagándolo del todo, caminó hacia el bar. Volvió a llenar su vaso de whisky, sacó otro vaso a la medida del primero. Por fin sintió que la loca idea que le estaba vulnerando la cabeza, se iba a transformar en una realidad, caminó con los dos vasos uno vació y el otro lleno muy despacio para luego llevar la botella de etiqueta azul, pero ahora hacia su cuarto, donde estaba la maldita filmadora.
(Felipe es fanático de Antonio Vivaldi y de ésta canción, Storm)
(Sin comentarios, tal cual es)
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