CAPITULO VIII

EN LA MISMA VEREDA.


VIII

-Buenos días Don Rodolfo García... –dijo Sebastián-
-¡Hijo...!, que alegría de verte... Ya era hora que te acordaras de éste viejo.
-Yo siempre me acuerdo de ti abuelo, eso que nunca se te olvide –dijo Sebastián-

Don Rodolfo García, tenía entre sus manos una bolsa llena de migajas de pan fresco, se sentía muy feliz dándole de comer a las palomas por la mañana; en el gran jardín de la casona de los padres de Sebastián.

-Yo también hijo... Sabes muy bien, aquí entre nos, que tú eres mi nieto preferido.
-No sabes lo feliz que me hace escuchar eso abuelo... Vamos, te ayudo a darles de comer a las palomas, tú me enseñaste que las palomas son las mensajeras de la paz, y siempre hay que alimentarlas porque son ellas las que vuelan hasta el cielo para pedir paz en éste mundo.

-Sí hijo... ¿Cómo te acuerdas...?, eso te lo dije cuando eras un niño.
-Cuando uno aprende con amor, es muy difícil de olvidar, abuelo...

Sebastián, también le daba de comer a las palomas que, muy gordas, con las justas podían caminar. Una bandada de ellas cubría el pasto verde de un color blanco y negro como un desordenado tablero de ajedrez.

-¿Y qué tal hijo, cómo van los estudios...?, porque si te pregunto por la música... No te preocupes muchacho que siempre los escucho por la radio.
-Jejejeje abuelo, que te puedo decir... Justo hoy por la tarde tengo un examen muy difícil.
-Jejejeje hijo, no existe lo difícil para los Garcías.
-Bueno abuelo, más que un examen es una recuperación... Todo depende de ese curso para abrirme paso a los demás cursos y así terminar la carrera.
-¿Qué curso es ese que según tú es muy difícil...?
-Estadística, abuelo.
-Hijo mío, tienes que aprobar el curso de estadística.
-Sí abuelo, tengo que aprobar ese curso.
-Hijo perdona que te insista en esto, pero ya es hora que te vayas familiarizando con las empresas de la familia, a tu padre lo veo que ya no se basta con todas... Y el estrés lo está volviendo loco.
-Pero abuelo tú sabes muy bien que a mí no me gusta nada de lo que tiene que ver con empresas. Lo mío es la música y si quiero terminar mi carrera es solamente por una cuestión de honor.
-Hijo, yo sé que te gusta la música, y sabes que me siento el viejo más orgulloso del mundo que seas en esta ciudad un músico exitoso... Pero no todo es la música en esta vida... Yo te conozco los 25 años de tu vida, y he visto en ti que eres el único nieto que ha heredado el olfato ganador que tiene un empresario. Si no hubiese notado eso en ti hijo, créeme que yo, no te estuviera insistiendo tanto... Tanto tú como tu padre y, yo por supuesto, hemos nacido para los negocios.
-Que te puedo decir abuelo... Gracias... Hablando de negocios... ¿Dónde están mis padres?
-Están en Estados Unidos, tú padre ha tenido un problema con una de sus empresas, algunos empleados le han metido juicio injustamente.
-¿Sí...? ¿Y por qué no están aquí?, ¿por qué mi padre no se les enfrenta a esos empleados mal agradecidos...?
-Porque su abogado le ha dicho que es mejor que se de unas vacaciones cortas... Así el río vuelve a su cause y se puede estudiar mejor su caso.
-Creo que es mejor así, abuelo. Sí, es mejor así... ¿Y qué abogado es abuelo...? –Pregunto Sebastián mirando a las palomas comer-
-Es uno de los mejores de Lima, se llama Felipe Córdova... Yo conozco muy bien a su padre, nos hemos cruzado varias veces, y su hijo ha heredado de la mejor manera el oficio... Incluso, puedo decir que lo ha superado.
-Ah, que bueno abuelo... Creo que para eso se paga ¿no crees?, bueno, esperemos que todo salga bien- dijo Sebastián-
-Es por eso hijo que quiero que tú empieces a tomar las riendas de todo, tu padre lo noto cansado, si no fuera por tu madre, que es una compañera de amor, tu padre ya se hubiese vuelto loco.
-Sí abuelo, la vieja es una gran mujer... Madre y esposa...
-Piénsalo hijo, mírame, yo ya estoy viejo, cansado y todo. Tu padre también se está poniendo viejo... Y tú eres el único que queda, mis otros nietos, tus primos, en lo suyo, quizás hacen bien su trabajo... Pero en ninguno he podido ver ese perfil que tienen los tiburones empresariales...
-Ya, está bien abuelo, lo voy a pensar, pero por favor tú estás como nuevo y tienes para rato... Sabes muy bien que no me gusta que pienses así. Además, que no se te olvide que tienes que estar en mi graduación, entonces, prohibido hablar así, ¿ya?.
-Eso sólo Dios lo sabe hijo, además ya no quiero estar más en este mundo, tú abuela Liseth me está esperando y ¿sabes?, La extraño mucho, no sabes cuanta falta me hace, hijo... Con muchas ansias espero que Dios me lleve pronto para encontrarme con ella... La necesito tanto hijo, tanto, porque la amo con todas mis fuerzas a pesar que ella ya no está conmigo físicamente, la tengo muy presente en mi corazón.
-Vamos abuelo, no te pongas así, la abuela Liseth desde el cielo se va enojar mucho si nos ve así... Yo también la extraño mucho, pero como tú mismo dices, eso sólo Dios lo sabe.

Sebastián, muy dentro de sí pensaba. “Dios, si realmente existes, haz que mi abuelo no piense así, dale mucha vida, quiero demostrarle que su nieto favorito no le ha defraudado. Si realmente existes, otórgame ese milagro.”

-No ves hijo, ya acabamos de darles de comer a las palomas, pasemos a la terraza a disfrutar de la mañana.
-Claro abuelo... Espera déjame ayudarte.

Llegaron sin apuros a la terraza, abuelo y nieto. Desde ese lugar, Sebastián observaba la piscina muy terroríficamente. Todavía tenía muy vivo el recuerdo de que un día casi se ahogó en ella. Era muy niño y si no fuera por su padre, Santiago García, Sebastián no estuviera hablando hoy con su abuelo. Es por eso que nunca le gustó nadar en una de esas piscinas, inclusive detestaba ir a la playa. Aprendió a nadar más por seguridad que por placer. El abuelo se dio cuenta del motivo del silencio de su nieto, y cambiándole el pensamiento, le tocó el tema que siempre ellos disfrutaban hablar:

-¿Hijo... y qué dicen las mujeres...?

Sebastián, al escuchar la pregunta de su abuelo al instante convirtió la terrorífica mirada, en un tierno suspiro.

-¿Las mujeres...? Bien abuelo, me siguen tratando muy bien.
-No entiendo hijo, esa no era tu respuesta cada vez que yo te preguntaba por ellas.
-…
-Vamos hijo…
-Abuelo a ti no te puedo mentir... ¿sabes?, estoy enamorado... El voluble amoroso Sebastián García, está enamorado...
-Jejejeje... Te atraparon hijo... Apenas llegaste, observé que tus ojos brillaban y de inmediato supe que ese brillo era producto de una mujer.
-Sabía que lo ibas a notar... No te equivocas abuelo... Ya te lo dije, estoy enamorado.
-Pero eso no es malo hijo, el amor es lo más lindo que puede existir, entregar la vida a alguien, amar a alguien, es sinónimo de gloria. También es madurar emocionalmente hijo.
-Yo no sabía hasta hora, qué era enamorarse abuelo... Pensar en alguien, sentir celos por alguien, dormir con los ajos abiertos por alguien, en fin…
-Sí, te entiendo y te comprendo hijo... Pero hablas como si enamorarse no fuera para ti.
-No sé si es para mi abuelo, pero la protagonista de mi fábula de amor, pienso yo, que está muy lejos de serlo.
-Ah, ahora caigo hijo... Un amor no correspondido. Empecemos por ahí, pues... ¿Cómo se llama la mujer que te tiene así?
-No abuelo, no hablemos de ella... Hoy no.
-Te equivocas Sebastián, tú has venido por ayuda... A mí no me engañas... Vamos hijo que experiencia tengo y me sobra.
-Está bien abuelo –dijo Sebastián sintiendo el amor de Sara como si le estuvieran inyectando una droga- te voy a contar lo que me pasa.
-Adelante hijo... Estoy contigo –dijo el abuelo mirándolo muy preocupado-
-La mujer que me tiene así, se llama Sara.
-¿La conozco?, la última que conocí fue a Paty... Y por lo que sé, a ti no te gustaba, eso tú me lo hacías saber a simple vista.
-No, Paty es ahora una amiga –dijo Sebastián recordando la última noche que estuvo con ella recién llegada de NEW YORK- además ella vive al costado en toda la manzana que rodean estas casonas, y claro, no te voy a mentir que fue mi enamorada no oficial.
-Vaya hijo, eres muy original para etiquetar las situaciones, pero al grano hijo... ¿Qué pasa con Sara?
-Se llama Sara abuelo, la conocí en el cumpleaños de un amigo... No sé si te acuerdas de Lucho Otcane, amigo del colegio...
-Ah claro, tu amigo Lucho, el mismo que me contaste que cuando le pusiste una amiguita para que debutara no quiso por razones muy chistosas... Claro que me acuerdo, muy seguido le veo en ese programa de modas que dan por cable.
-Ese mismo abuelo, resulta que Sara es modelo, y Luchito está metido en todo eso. En ese cumpleaños la conocí. Abuelo, Sara es eternamente bella, muy bella, si la vieras abuelo… y estuve con ella esa misma noche. Y pude ver el cielo por primera vez. Y sabes abuelo, al principio su carrera de modelo no me importaba; pero hace poco la vi modelar y empezó arderme la conciencia. No soportaba que todo el mundo la mirase modelar. Es ahí donde entendí que estaba enamorado. Yo siento que ella siente algo por mí, por cosas que hemos hecho, no sabes cómo hemos disfrutado de la vida, nos hemos entregado el uno para el otro. Pero el problema es saber hasta qué punto puede llegar ella conmigo, y, si yo realmente soportaría su carrera exitosa como modelo. Antes el machismo me era indiferente abuelo, pero no sabía que el machismo iba de la mano del amor. Ese día cuando la vi modelar, con todos los presentes que estaban ahí mirándola, sentí una cólera, odiaba a todo el mundo. Y cometí el error de desatar mi furia contra ella. Discutimos y la trate muy mal abuelo. Y por primera vez sentí que perdí los papeles con una mujer.
-Hijo, hijo, hijo... Cometiste un grave error... No debiste hacer eso. Si realmente la quieres tienes que luchar por ella. Y amar lo que ella ama. Respetar su carrera y aceptarla tal como es. Porque hijo si no es así, te aseguro que vivirás un infierno eterno, un infierno si llegas a estar con ella.
-Se me es muy difícil abuelo, créeme que se me es muy difícil...
-Pero tienes que ceder hijo, aprender a amar no es fácil. Lo que es fácil es enamorarse, y por lo que siento y veo, tú estás enamorado de Sara.
-Entonces enséñame cómo tengo que aprender a amar, cómo tengo que aceptar a Sara tal como es, y respetar su carrera.
-Lamentablemente eso no puedo hacer Sebastián, daría mi vida por hacerlo... Tú mismo tienes que dejar de lado tus prejuicios, el machismo, y sobre todo, aceptar a Sara tal como es.
-... Cómo es la vida abuelo, tengo tandas mujeres que en un torcer de dedos ofrecerían su vida por mí. Pero la mujer que realmente quieres que esté a tu lado, lamentablemente no está contigo. Ironía de la vida abuelo.
-Así es hijo, nada es fácil, y siempre lo fácil dura muy poco... Te voy a contar un secreto que espero que te ayude, yo sé que vas a salir airoso con el dilema que te está atormentando la cabeza, y cuenta conmigo, más que tu abuelo, soy tu amigo.

Sebastián, se acercó hacia su abuelo y le dio un beso en la frente.

-Gracias abuelo, tú eres todo pata mí.
-Este es un secreto que ni tus padres y nadie en la familia lo conoce, hasta hora, eso creo, pero igual te lo voy contar.
-No te preocupes abuelo, yo te guardo el secreto.
-Eso espero hijo...

Don Rodolfo García desviaba la mirada hacia las palomas que seguían en el jardín reposando del banquete de migajas de pan. Cerró los ojos en busca de retroceder el tiempo, y cuando encontró el hilo del pasado, le empezó a contar aquel secreto a su nieto:

-... Yo cuando empezaba a mover todo este imperio que ahora tu padre maneja, también estaba con mujeres de todo tipo, pero en ninguna de ellas veía nacer el amor, ese mismo amor que ahora a ti te tiene tan confundido y que en cada suspiro tratas de esconderte. Bueno, para ese entonces yo siempre me escapaba a Piura, para descansar, relajarme y de nuevo comenzar a batallar con el trabajo. Un día en dicho lugar que, dicho sea de paso, Piura es una maravilla, su gente, su sol, sus playas... Que hermoso lugar, pero sigamos: conocí en esa ciudad tan hermosa a tu abuela Liseth.... Claro que sí, ella era limeña, sino que ella estaba ahí en Piura por su padre, que era un español hacendado. Me acuerdo que la vi en la plaza mayor de Piura un domingo por la tarde. Yo paseaba por ahí, a mí me gustaba caminar, sentir a la gente, y observar las cosas lindas de esa ciudad. La vi sentada en una banca marrón leyendo un libro, todavía me acuerdo el nombre del libro: “En la misma vereda”, nunca lo llegué a leer, pero tu abuela sí, ella me contaba que se trataba de dos historias paralelas, donde en una se reflejaba mediante un personaje el orgullo, y el encarcelamiento de una vida rutinaria. Y en la otra historia la vida de un incipiente muchacho, con las ganas de vivir la vida apresuradamente. La cosa es que me acerqué a ella y le pregunté sobre una calle, pretexto conocido que utilicé para conversar con mi bella Liseth.
-Abuelo, por lo que tengo entendido mi abuela Liseth y tú, se conocieron en una fiesta de familia.
-Jejejeje, eso le hicimos creer a todo el mundo... Pero nosotros ya éramos enamorados... E incluso estuvimos íntimamente, no sabes cómo recuerdo la primera noche con mi pequeña Liseth... Como si fuera ayer...
-Vamos abuelo otra vez te me apagas... Sígueme contando, qué pasó en ese lugar.
-Disculpa hijo, sigamos... Ella, tu abuela, me dijo muy afablemente por donde quedaba la calle que yo estaba buscando, yo parado al frente de ella quedé embobado con sus ojos. Tenía una mirada tan trasparente, que hasta podía ver su alma... Le di las gracias por su afable ayuda, pero no me fui, más bien me quedé mirándola, me senté a su lado y le hice compañía.
-Jejejeje que mandado mi viejo... Cómo se nota que llevo tu sangre.
-Fue como si la vida me diera una respuesta a lo que estaba buscando todo ese tiempo de libertinos amoríos y efímeros romances. Y aquí va el secreto hijo, un secreto que pensaba llevármelo a la tumba, pero no... Ahora, tú, mi nieto, tiene que saber esto.
-Abuelo si quieres lo dejamos ahí... No quiero que te me pongas mal con los recuerdos.
-Para nada hijo, por favor déjame contarte...
-Bueno, adelante abuelo...
-Tú abuela era actriz, una actriz que recién empezaba a dar sus primeros pasos. Cuando me empezaba a contar sobre su carrera, sus sueños, sus metas, me daba cuenta que sus ojos se le morían de tristeza. Liseth no quería estar en Piura, no por el lugar, sino porque su padre detestaba que fuera actriz. Su padre a la fuerza, contra su voluntad la tenía prisionera en dicha ciudad.
-¿Y mi abuela te dijo eso?, si prácticamente eras un desconocido en ese entonces.
-A mí también me sorprendió eso, no sabes cómo me hablaba de su carrera, hasta yo mismo quería ser actor... Todas las tardes a la misma hora nos veíamos en ese lugar esperando que cayera la noche, porque después, terminada la tarde, se aparecía su nana y se la llevaba. Así nos fuimos conociendo poco a poco, ella siempre con un libro en la mano, dándome consejos, frases eternas y mucho apoyo cuando le contaba que las cosas no me salían bien en el trabajo. Yo regresaba a Lima, y apenas me sentía mal, me iba volando hasta Piura, ahora con un sólo propósito, de ver a tu abuela Liseth. Yo ya me sentía muy enamorado, perdidamente enamorado y, en una de esas tardes, decidí declararle mi amor. Afortunadamente fui correspondido al instante. Nos besábamos con mucha intensidad, pero, yo la seguía viendo triste, sus ojos me pedían algo, me pedían ayuda... Al final me puede dar cuenta el motivo de la tristeza de sus ojos... Hijo, tu abuela Liseth quería ir a Lima a continuar su carrera de actriz. Quería escaparse de su padre, quería ser libre... No tuve más remedio que llevármela a Lima, en contra de su padre, pues su madre no opinaba. Y nos fuimos una tarde con complicidad de la nana, y desde ese momento empezó las locuras de amor, porque cuando uno realmente está enamorado, hace locuras sin importarle el que dirán, sin importarle la familia, sólo el amor y punto.
Sebastián, muy atento a la confesión de su abuelo pensaba en Sara, en las tantas locuras que había hecho con ella.
... Llegamos a Lima, la instalé en un hotel, es ahí donde hicimos el amor por primera vez, su primera vez, yo ya tenía dinero, me iba bien en mi empresa y sobre todo ya sentía las ganas de casarme con ella, de formar una familia... Tu abuela continuó su carrera de actriz, si la hubieses visto hijo en escena, era la reina, era la actriz del momento... Y acá viene seguro la pregunta que te está vulnerando la cabeza... ¿Cómo hice para aguantar su carrera...?, Para mí fue un placer aceptar su carrera, incluso en las escenas que tenía que darle un beso a otra persona, a otro actor, no me afectaba, no te voy a negar que tampoco me alegraba; pero... Acepté su carrera como acepté mi amor por ella, como acepté mi vida con ella, la acepté como mujer y madre de mis hijos. Porque amar a alguien es no ponerle trabas ni ataduras, es dejarla libre, respetándola y amándola eternamente.
-¿Y el español qué hizo...?
-Movió cielo y tierra para separarnos, pero yo ya era poderoso... Reconocido por mi éxito de empresario y muy querido. Al final tuvo que aceptar nuestra relación, nuestro amor... Incluso él fue un día a ver a tu abuela Liseth en una obra de teatro, y tu abuela me contó que ese día le pidió disculpas por todo lo mal que se había portado, y que se sentía orgulloso de ser su padre... y mi querida Liseth alma de pan, le perdonó, es más, nunca le guardó rencor, y yo también, total él fue el progenitor de la persona más bella de este mundo. Después vinieron los hijos uno de ellos es tu padre, ella tuvo que dejar la carrera de actriz por decisión propia, yo no estuve de acuerdo con la idea... Pero en fin, fue su voluntad...
-Mira tú, la historia que me cuentas abuelo, maravillosa, me acuerdo cuando la abuela estaba viva siempre me decía cuando estaba confundido en mis tareas de colegio, que tenía que hacer lo que realmente me gustaba hacer. Incluso recuerdo una frase de ella que siempre quedará en mi mente como un sabio consejo:

“Todo lo que hagas, por más pequeño que sea, hazlo bien...”

-¿Sabes hijo?, eso siempre me decía cuando yo estaba muy confundido sin saber qué hacer. Cuando tenía que tomar una decisión y la tomaba pero siempre me entraba la duda. Es por eso que ahora me hace mucha falta, mi Lisetita, así es como la llamabas hijo cuando de niño no podías decir Liseth jejejeje...
-Así ¿no?, Lisetita... jejejeje, mi querida abuela...
-¡Adelante hijo!, si realmente la quieres a Sara, ¡Adelante...! Lucha por su corazón, aprende a amar, a respetar, y lo más importante a aceptar a Sara tal como es... Y bueno, a la universidad hijo, aprobar ese curso que no significa nada para los Garcías... Y por favor acuérdate de lo que te dije... Ya es hora que tomes la riendas de las empresas de tu padre... Tus empresas...
-Gracias abuelo, seguiré tu consejo, hablaré con Sara, aprobaré ese cursito y pensaré muy detenidamente la idea de trabajar junto a mi padre. No pienses que le soy muy indiferente, pero no te prometo nada...
-Con tan solo que lo pienses es suficiente para mí hijo... Y buena suerte... Ahora ayúdame, quiero ir a mi cuarto, quiero ver la repetición del mundial México 86, y sobre todo, ver al más grande barrilete cósmico de todos los tiempos, Diego Armando Maradona.
-Adelante mi viejo... Y por favor no se me emocione mucho... Por aquí abuelo...
...

La profesora Márquez miraba de pie por la ventana del salón de clase la tarde gris de Lima. El silencio de su mirada la transportaba en el día de su matrimonio. Los estudiantes muy apresurados buscaban sus aulas para dar algún examen final, otros con caras tristes, producto de sus bajas calificaciones. Y otros muy alegres por finalizar un ciclo de estudio con calificaciones excelentes. La profesora hacía similitud de la cantidad de estudiantes con los invitados de su boda. Similitud de invitados en la iglesia, recepción y en la fiesta. Fue unas de las pocas veces que se sintió tan querida y amada. Nunca le preguntó a Dios, a la hora de dar el sí, si su matrimonio duraría para siempre. Se dejó llevar por la emoción y la felicidad. Pensaba que, al estar de blanco y frente a un altar, le iba asegurar una vida eterna al lado de su esposo. Si en su carrera fue exitosa, por qué tenía que fallar en su vida de pareja.
Ahora solamente, quería separarse de aquel hombre que era participe de tu infelicidad; “nunca es tarde para darse cuenta que estaba aferrada a un cambio que pudiera mejorar las cosas. Cómo he soportado tanta humillación, física y moralmente. Tanto maltrato... Una vez más, está comprobado que las estadísticas son para el papel, no para la vida en común... No, para la realidad... Pediré el divorcio y comenzaré otra vida porque me la merezco, porque quiero ser feliz...” Así Pensaba con mucha fuerza la profesora Márquez hasta que fue interrumpida por el primer estudiante que iba a ser valiente en dar el examen sustitutorio de estadística.

-Tome asiento y revise algunas formulas... Eres el primero y si no llegan los demás en diez minutos entonces darás tú solo... Y el resto no me importa, lo que están en lista para este examen son quince, eso ya no es mi culpa. Para mí la puntualidad es muy importante...
-Esta bien profesora... –dijo el alumno muy nervioso-

La profesora Márquez seguía mirando la tarde por la ventana, quería aprovechar esos diez minutos para continuar con su plan de vida; ya se veía firmando junto con su abogado ese papel que significaría su libertad. Lucharía por eso, ya no soportaría más maltratos, y mandaría al infierno la sombra de la soltería, amenazada por los años. Ese miedo de quedarse sola no la hacía retroceder con sus pensamientos, mas bien, le daba muchas fuerzas. No permitiría nunca más que un hombre otra vez le levantase la mano. “En la vida se tiene que aprender de los errores, pero no quedarse con ellos, eso sería fatal, que tonta fui, cómo pude soportar tanto, cómo pude creer es sus promesas de cambio, maldito policía, mantenido y orgulloso. Ya te quiero ver la cara cuando te pida el divorcio y me vaya de tu vida... Te haré pagar cada golpe, cada insulto, cada mentira... Y así acabar con la desesperante aberración de oler todas las noches ese licor barato cuando hacíamos el amor... Maldito policía mediocre...”
La profesora Márquez hacía de su mirada proyectiles artificiales, quería destruir las ventanas del salón de clase, era tanta su indignación que quería cambiarlo todo en un instante, pero sabía muy bien que no podía hacer nada, que el tiempo iba a ser su peor enemigo. El ciclo regular ya estaba a punto de acabar, la profesora Márquez se iría de viaje para después emprender la lucha de divorcio, un divorcio oportuno que significaría para ella una luz de esperanza y la destrucción de una tormentosa vida conyugal. La profesora dejó de mirar por la ventana y observó que en el salón de clase ya estaban la mayoría de valientes dispuestos a dar el examen sustitutorio de estadística. Miró su reloj y supo que no había tiempo para más. Se tenía que concentrar en lo suyo, en su trabajo. Con la seriedad del caso, abrió su maletín, sacó las pruebas con variantes diferentes, y empezó a entregar los cuadernillos a los estudiantes que mordían los lapiceros de puro nervios.
Sebastián, estaba tranquilo, estaba consciente que había estudiado, le hizo mucho bien hablar con su abuelo. Más, pensaba en Sara que en su examen, porque quería verla, después del examen iría a buscarla y le pediría perdón, “y... Paty, me había olvidado de ella, ahora tendré que decirle la verdad, ser fuerte y sincero con ella. Paty es muy bella, y cualquiera hombre se volvería loco por ella, yo sé que entenderá, pero yo quiero estar con Sara, es la única que me importa. Se me pasó la mano al decirle cosas a Paty cuando estuvimos juntos, espero que entienda, porque más que una amante es una verdadera amiga y la quiero mucho.” Pensaba así Sebastián sentado en el medio del salón esperando su cuadernillo de preguntas.

-Listo señores... Está demás decirles que el examen es personal... Que al mínimo detalle de plagio queda anulada su prueba y automáticamente desaprobado del curso. Tienen una hora y media para resolver las cinco preguntas, cualquier consulta, duda o sugerencia, por favor a mi persona... Sólo me queda decirles mucha suerte y, por favor una vez más, sean coherentes con sus formulas y respuestas. Ya saben que no me gusta que me inventen, entonces señores... Buena suerte.

La profesora Márquez después de advertir a sus alumnos, se sentó en su pupitre como dando fin a sus pensamientos extra laborales y empezó a revisar algunos trabajos de otras secciones. El silencio se apoderó del salón de clase, sólo los lapiceros empezaban a ser protagonistas, esperando los resultados de las calculadoras. Cada uno en lo suyo, por ratos la profesora alzaba la mirada despectiva asegurándose de que todo estuviera marchando bien. Sebastián asegurándose de algunos resultados revisaba de nuevo su procedimiento, en cada pregunta Sebastián veía la cara de Sara, en cada resultado que a Sebastián le parecía coherente, veía la sonrisa de Sara, cuando no le salía alguna pregunta veía la cara Sara apoyándolo, y al instante, se le cruzaba por su mente, como un virus, el desfile de modas que Sara le hizo a tanta gente estando él presente. Sentimientos encontrados para Sebastián que se le era muy difícil sacárselos de la cabeza. Pero también al instante sentía las palabras de su abuelo que le calmaban la conciencia, dándole muchas fuerzas paras seguir adelante, el sonido de las palabras de un viejo sabio, a quien amaba con todas sus fuerzas, y la frase arrolladora desde el cielo de su abuela Liseth “Todo lo que hagas, por más pequeño que sea, hazlo bien”, lo motivaban para seguir adelante.
La profesora Márquez empezaba a mirar su reloj, calculando los minutos, a veces lo hacía por costumbre, sabiendo perfectamente a qué hora tenía que dar por terminado el examen. Sus actas de notas parecía un calendario de fiestas patronales, se jactaba que era la única docente respetada y odiada a la vez. Se jactaba como tal, ya no dándose de valor, sino como un reto en la vida, de una vida miserable e infeliz a costillas de un hombre infiel y despiadado que lamentablemente era su esposo. Pero ya no le hacía mucha gracia que así la vieran, que la odiasen, quería escapar de todo. Ser más flexible con sus estudiantes, pero ahora cómo desfogaría la cólera, esa indignación que llevaba por dentro, cómo podía retribuir las ofensas de su esposo, tenía que desfogar con algo, y hacía de su trabajo como docente, la mejor venganza a su fracaso conyugal. “Así no debe de ser Profesora Márquez, tienes que empezar una nueva vida... no lleves al tacho tu digna carrera, tu trabajo que tanto te gusta, las aulas, las carpetas, la universidad, y más aún, tus alumnos. Ellos no tienen la culpa de tu fracaso matrimonial, la única culpable eres tú, por soportar tanto tiempo a un hombre que no te merece... Tienes que cambiar...”

Sebastián, se paró de su silla, carpeta, como si le importara otra cosa, caminó lento hacia la profesora Márquez y le entregó el examen. La profesora le recibió el examen y, mirando su reloj, y muy extrañada le dijo:

-García, estás seguro que quieres entregar tu examen... Todavía falta quince minutos.
-Ya acabé profesora, y lo he revisado como tres veces...
-Entonces, en este caso, mucha suerte... Los resultados lo estaré publicando la próxima semana o sino revisen su pagina web de la universidad ahí verán sus notas... –dijo la profesora hablando fuerte para que todos le oyeran-
-Muy bien profesora, ¿ah, sobre el trabajo final...? –preguntó Sebastián-
-Ah, la próxima semana, Sebastian... Para ustedes la próxima semana no se preocupen.
-Bueno profesora, hasta pronto.
-Muy bien García, y espero no verlo en el próximo ciclo llevando estadística de nuevo.
-Eso espero profesora, todo depende de usted.
-De los dos García... De los dos.

Sebastián, se retiró del salón, no sin antes escuchar las últimas recomendaciones de su profesora.

-Quedan diez minutos, así que revisen sus respuestas y pasen a limpio los resultados...

Sebastián, en la cafetería de la universidad, con una Inca Kola y una empanada, recuperaba fuerzas para ir a buscar a Sara. Estaba decidido a buscarla para pedirle perdón. En eso Sebastián divisó en la mesa de al lado a un compañero que acababa también de dar estadística en el mismo salón. Sebastián se acercó y le preguntó:

-¿Qué tal te fue pajarito...?
-Mas o menos Sebas, pero sí la hago... Seguro que sí... ¿Y tú...?
-Bueno, más no puedo hacer, pero sí, también creo que la hago.
-Entonces por fin nunca más volveremos a ver a la loca.
-Eso espero pajarito, y ese día nos meteremos una borrachera de los mil demonios, yo te invito.
-Claro pes Sebas, de todas maneras, ¿Y cuándo tocan...?
-Creo que la próxima semana.
-Sebas, para verlos tocar, pues... Quiero ir con una flaca que estoy afanando y me ha dicho que le gusta el grupo.
-Normal pajarito... Tú me llamas y yo mismo te doy las entradas de antemano.
-Gracias Sebas, te pasaste.
-No, al contrario a ti pajarito... ¿Y qué tal está la flaca...?
-Está bien buena.
-Entonces pajarito usted mismo es... Pero use condón... No vaya a ser que ad portas de terminar la carrera metas la pata jejejeje.
-Difícil... Pero igual gracias Sebas... Bueno Sebas, fugo, tengo que ir al cine con ella.
-Suerte pajarito y buena fortuna.

...

-Sí Luchito, no se me olvida, mañana tenemos la entrevista con la revista Aplausos, me lo has dicho diez veces creo... –dijo Sara-
-Eso es para que no se te olvide vieja, ahora relájate, ponte a ver una película y mañana paso por ti...
-Ok Luchito, espero que la entrevista no dure mucho tiempo...
-No Sara, más que una entrevista es una sección de fotos... Vieja, tus fotos van a estar en primera plana.
-¿Y con quién piensas que estas hablando Luchito...?
-Muy bien vieja así me gusta... Eso de ser modesta es para los fracasados... Tú tienes talento y te vas para arriba porque no tienes techo...
-Gracias... Pero hay que reconocer que si no fuera por mi representante.
-¿Con quién crees que estas hablando vieja jajajaja...?
-Jajajaja... Ok Luchito, te dejo porque mi batería de mi celular está en muere.
-Ya, está bien Sara, entonces hablamos mañana...
-Ok... bye...
-Hasta mañana...

Sara, se echó en su cama después de hablar con Lucho, buscó el cargador de su celular que estaba en cima de su tocador. Se miró en el espejo, se encontró con el rostro exhausto, cansada por la rutina devastadora que había tenido toda la mañana y parte de la tarde. Colocó su celular en el cargador, quería tenerlo bien para mañana, porque era el único objeto digital que le podía sacar del aburrimiento de una tediosa entrevista. Mañana su celular sería una distracción. Antes las entrevistas le parecían muy interesantes pero ahora ya estaba cansada de ser entrevistada. Más que una obligación ya era un sacrificio. Sara estaba sentada cepillándose el cabello, en cada vaivén del cepillo dentro de su cabello se preguntaba si realmente esto es lo que quería para su vida, ahora, ya era una modelo famosa en revistas, en periódicos, en canales de televisión, en comerciales y en jugosos contratos de desfiles de modas. Miraba su cuarto con nostalgia, sabía que no le quedaba mucho tiempo en él, que ya era hora de comprarse una casa, o algo mejor. Miraba su tocador y ya lo empezaba a extrañar, es ahí donde se inicio, es ahí donde pudo soñar lo que ahora le estaba pasando, qué fue de esa chica que vino a la capital con sueños y ganas de triunfar en la vida. Ya no se encontraba más en ella, ahora era su realidad. Una realidad que sería perfecta si estuviera Sebastián a su lado. Miró su cama, se echó en ella, recordó los besos de Sebastián, sus caricias, las locuras que hicieron producto de la marihuana, y más aún el desfile particular que le hizo. “Por qué no me llamas Sebas, te explicaría muchas cosas, te diría que te amo, porque lo siento así. Te extraño con todas mis fuerzas. Sacrificaría algunas cosas por ti. Porque tú eres el amor, porque busco el amor en ti. Ya hace un mes que no fumo, y más que el placer de fumar, lo hacía para no quedarme atrás con las demás chicas. Las drogas no son mi problema, mi problema eres tú. Sara se estaba confesando con su almohada, en su cama miraba una y otra vez la foto que se tomó en el zoológico junto al elefante y junto a Sebastián, sintiendo vivamente la presencia del hombre que no puede olvidar. “Nunca quise demostrarte ser otra persona mi querido Sebastián, nunca te engañé, siempre te dije la verdad, me expresé con mucha naturalidad y tú Sebas, por un momento pensé que me habías creído, no sé que te pasó esa noche. En algo me reconforta la discusión que tuvimos, porque pude ver lo celoso que estabas, eso significa que no te soy indiferente, que mis besos te llegaron a tocar, que mi cuerpo te enseñó una nueva melodía con diferentes notas... Te quiero Sebastián.” Sara en ese momento escuchó el llamado a la puerta. Estaba con una bata muy sensual y provocativa. “Quien será a esta hora, no espero a nadie, seguro es el cartero que viene trayéndome invitaciones de algún evento... No le abro, que se de cuenta que no estoy, sigue tocando, que espeso, bueno, miraré por el ojo mágico, si es el cartero no le abro... No quiero ver a nadie, no quiero saber nada de nadie, ni de invitaciones ni de eventos... Ahora soy famosa, entonces, que se esperen pues...”
Sara se acercó a la puerta de su departamento, miró por el ojo mágico y se quedó estupefacta, plasmada por la presencia de Sebastián. Miró otra vez por el ojo mágico, y se dio cuenta que no era un sueño, que realmente Sebastián estaba ahí en su puerta esperando respuesta de ella. “Por qué algo me detiene para no abrirle la puerta, será que todavía llevo los insultos en mi cabeza... Fuiste muy duro conmigo Sebas... Pero te quiero perdonar, porque te amo y te comprendo a la vez... No es fácil ser novia de una modelo, a sabiendas de tu vulnerable visión del mundo...”
Sebastián sintió la presencia de Sara, y se dio cuenta que lo estaban mirando por el ojo mágico. Con más fuerza empezaba a tocar el timbre de la puerta. “Vamos Sara abre la puerta, te quiero pedir perdón, no me hagas esperar más... Te necesito.” Así pensaba Sebastián acomodándose el cabello...
Sara, escondió la foto, la única foto que le recordaba a Sebastián. “No quiero que él piense que lo he estado pensando todo este tiempo... Abriré la puerta, pero no pienses Sebas que seré muy fácil... “Serás una fecha más en mi calendario” esas palabras todavía me dan vuelta en la cabeza...”
Sara respiró lentamente, con una mano sacó el cerrojo del seguro y esta vez de un solo aventón abrió la puerta.

-¿Qué quieres Sebastián...? –dijo Sara con molestia-
-Sara yo... –Sebastián no esperaba esa reacción-
-¿Para que has venido, para seguir insultándome...?
-Sé que de vi avisar de mi presencia... pero necesitaba hablar contigo. Y no quise esperar.

Sara no lo hacía pasar, pensaba que ese derecho se lo tenía que ganar, otra vez.

-¿Hablar...? si creo que ya todo está dicho... Fuiste muy expresivo aquella noche.
-Sara sé que estás molesta... Y por eso estoy aquí para explicarte lo que realmente me pasó aquella noche...
-Tienes razón, debiste avisar, ya estaba acostada, he tenido un día muy duro.
-Pero si van a ser la seis y media de la tarde.
-Si supieras que estoy sin dormir dos días... Trabajando, grabando comerciales, entrevistas etc...
-Ah con razón... Bueno, entonces de vi llamarte... Será para la próxima.

Sara no podía soportar las ganas que tenía de besarlo... “Sebastián me muero por ti... Cómo no te das cuenta... Qué tonto eres...”

-Qué importa... Ya me quitaste las ganas de dormir... Pasa, siéntate y ponte cómodo, déjame ponerme algo presentable.

Sebastián entró sin miedos a un terreno que sabía como era. Y mientras Sara se iba a su cuarto Sebastián pensaba. “No, quédate así, estás bellísima... Esa bata te queda estupenda...
Sara regresó con algo más ligero pero según ella presentable.

-¿Quieres algo de tomar...? Sólo hay vino.
-No gracias, esta vez no quiero beber... No ahora.
-¿Y eso...? No creo que un rockero deje de tomar cuando está al frente de una chica.
-No, ahora no quiero beber Sara... Sólo quiero hablar contigo.
-Puedes hacer las dos cosas.

Sebastián no quería pisar el palito, no quería darle el gusto de que Sara lo viera molesto.

-Sí, puedo hacer las dos cosas pero ahora no me provoca beber.
-Entonces yo sí Sebas, necesito relajarme.

Sara sacó el vino de la nevera, buscó una copa simple, se sentía muy segura de llevar la situación... “Por ahora vas bien Sara, eso es, demuéstrale que no eres una mujer absurda, sino mas bien apodérate de la fama que tienes como modelo... Sabes muy bien que eso a él le molesta...”
Sebastián, se pudo dar cuenta que todavía Sara seguía molesta, y no era para menos... “Tan duro fui contigo Sara, a veces soy muy duro con las personas que quiero... Perdóname Sara...”

-De verdad no quieres Sebas, está muy bueno el vino –dijo Sara sentándose en su mueble, mirándolo frente a frente y con toda la ironía de estar en su casa-
-No Sara, me conformo con mirarte beber.
-Si así lo quieres... Y bueno qué cosa es eso tan importante que me tienes que decir... Y se breve que mañana tengo una sección de fotos y no quiero llegar con sueño.

Sebastián quería pararse e ir a la cocina y sacar de la nevera el vino, necesitaba beber... Alucinaba que en esa maldita sección de fotos Sara iba estar media desnuda y eso le vulneraba la cabeza, no podía imaginar ver a un fotógrafo mirándola y tomándole fotos. Pero se calmó pensando en las palabras de su abuelo, tenía que ser fuerte, tenía que aceptar a Sara tal como era.

-Ah... No te preocupes seré breve... No quiero ser el culpable de tu tardanza en esa sección de fotos.
-Entonces soy toda oídos.
-Sara quiero hablar sobre esa noche, aquella noche que peleamos.
-¿Qué peleamos...? Creo que el que estuvo peleado fuiste tú.
-Bueno sí, pero déjame explicarte por qué reaccione así.
-No Sebastián, no quiero hablar de eso.
-Yo sí Sara, te tengo que decir qué fue lo que pasó.
-Sí, ya me imagino.
-No te imaginas nada Sara, ese día quería verte, quería estar contigo... Necesitaba verte, por primera vez quería buscar a una mujer porque sentía que me interesaba... Pero me faltaban huevos para llamarte, para ir a tu casa, porque mi pasado y mi presente me pedían cuentas, me pedía facturas que nunca llegué a guardarlas... Me refiero a mi vida de aventurero y solitario empedernido. Pero dejé de lado ese pasado y presente para verte, para buscarte, quería estar contigo... Entonces llamé a Lucho y es ahí donde él me dijo de tu presentación en el hotel “El Bouquet...” y fui a verte, contradiciendo todas mis opiniones que tengo en el pensamiento sobre esos eventos. Y me senté y esperé tu presencia como el hombre más enamorado. Pero tuvo que suceder lo peor, al verte modelar, sentí celos, rabia, creía que ese desfile que me habías hecho, significa para ti algo más que eso... Que te estabas desnudando no sólo físicamente sino también interiormente, desnudando de espíritu... Por eso actué así, por eso me odie, porque estaba celoso de ti Sara, de tu mundo de modelaje...Perdóname Sara, sé que te trate muy mal... Pero eso fue producto de los celos, de la rabia... Pero no justifica lo que te dije... Pero no es verdad, estoy enamorado de ti Sara, creo que es demasiado tarde para decírtelo, pero te lo estoy diciendo ahora. Y créeme el único huevón aquí soy yo, el único...

Sara ya no tenía vino en su vaso, nunca lo tuvo... Se sentía presa por el amor de Sebastián.

-Sebastián yo imaginaba lo que te había pasado ese día... Pero tú no me diste tiempo para decirte... Yo me estaba yendo a tu casa, porque no aguantaba más un día sin verte, porque yo también estoy enamorada de ti... Es por eso que me viste salir al último porque le dije a Lucho que no quería ir a celebrar con él y las chicas, le mentí, le dije que estaba cansada. Sólo quería verte y otra vez sentirme muy amada por ti, porque yo te amo... Suena descabellado, pero te amo... Soy famosa y exitosa pero nada me importa si tú no estás conmigo... Y es verdad que tus palabras me dolieron... Y algunas todavía no se me borran de la cabeza, yo te comprendo, no es fácil enamorase de una modelo... Ahora, ya no es mi culpa, yo te amo y podemos si tú quieres llevar una vida juntos. Pero tienes que dejarme ser libre, querer lo que me gusta, estar conmigo en las buenas y en las malas. Así como yo me enamore de ti, a primera vista y no me importo tu fama de mujeriego.
-Sí Sara ya entendí muchas cosas, tu carrera es tu carrera y de verdad no me quiero meter en ella... No es fácil tampoco aceptarla de buenas a primeras.
-Te entiendo Sebas, pero empecemos por ahí en acertarnos tal cual somos... Yo no he estado con ningún chico desde que te conocí... Con eso te demuestro que tú eres muy importante en mi vida.

Sebastián no podía decirle lo mismo, porque sería mentirle... La situación con Paty tenía que resolverlo lo más pronto posible.

-Y yo no te he dejado de pensar todo este tiempo Sara, se me es muy difícil olvidarte, porque no quiero hacerlo... Sí, tienes razón, empecemos por ahí, aceptémonos tal cual somos...
Sebastián se acercó y Sara no esperó más. Se le fue encima y se besaron pensando que fueron unos tontos al estar separados por tanto tiempo.
-Sara te amo...
-Sebastián, yo también te amo... Nunca lo dudes...

Sebastián inició los besos en el cuello y Sara lo empezó a desvestir. Sebastián también hizo lo mismo, se empezaban a llenar los dos de placer. Sara se volteó y Sebastián vulneraba a besos su delicada espalda. No les importaba la incomodidad del mueble, sólo se querían sentir y amar sin comodidades ni argumentos. -Sebastián he dejado de tomar pastillas, ponte un preservativo- Pero Sebastián ya no le hacía caso, dibujaba de besos y sudor la espalda de su Sara. Ella tampoco le insistía, ya estaba en sus manos, se sentía la mujer más amada del mundo. Sebastián llegaba a la gloria sintiendo el olor a mar de una sirena enmudecida de placer, ella miraba su mente en blanco para luego escribir con un aerosol la palabra amor. Un amor de pasión. Sebastián ya estaba adentro de ella y empezaba a decirle miles te amos en el oído, Sara seguía de espalda buscándole la boca para besarlo, para ella no era difícil hacerlo. –No te detengas Sebastián, sigue, sigue, sigue mi amor- Sebastián seguía diciéndole que la amaba, pero ahora ya con un sólo propósito que era llegar al clímax, y sucedió. Estando dentro de ella se dejó caer, dejando todo el espíritu y el alma dibujada en la frágil espalda de su amada. Ella también llegó al clímax, sintiéndose otra vez la mujer más amada del mundo.

-No te separes de mí Sebastián, no te me separes... –dijo Sara-

Echados los dos en el mueble, contándose cosas locas, fantasías tentadoras, buscaban la manera de hacerse reír. La ropa en el suelo donde a veces tiene que estar, ellos totalmente desnudos siendo profanadores del naturismo; un naturismo placentero que les hacía gozar al máximo. Sebastián y Sara construían un mundo desde ese lugar maravilloso, sin violencias, guerras y muertes absurdas. Porque en ese lugar sólo se suele pensar las cosas más bellas. “Quizá Dios hizo este mundo así. Con todo el amor que se merece... Entonces Dios si existe, porque nadie en este mundo me haría pensar diferente.” Pensaba así Sebastián besando a Sara.

-Sebas está sonando un celular... Y creo que no es el mío porque el mío está en mi cuarto...
Sebastián sabía que era su celular, otra vez no lo había apago, no le gustaba que lo molestaran cuando se sentía ocupado. Y se puso nervioso cuando pensó que podría ser Paty...
-Contesta mi amor, puede ser algo urgente... –dijo Sara separándose de Sebastián-
-Sí, auque no creo que a esta hora a las diez de la noche me llamen mis padres... ¿Y dónde está mi pantalón...?
-Acá Sebas... Toma...
Sebastián rogaba que no fuera Paty, porque no sabía que decirle... Tampoco era dable cortarle o tratarla mal... Sebastián miró su celular y suspiro de alivio.
-Habla guitarrista. –dijo Sebastián-
-Hermano, te estamos esperando para ensayar... Qué pasa hermano se te subieron los humos. –dijo Benjamín-
-Ah, verdad ¿no?, no me había acordado...
-Escucha Sebas, acá todos te estamos esperando, el ensayo va a ser en mi casa... Termina lo que estás haciendo, que ya me imagino que es, y por favor se me viene a ensayar, que la próxima semana presentamos los nuevos temas y el disco.
-Ya, no te preocupes Benjamín, de todas maneras estoy ahí, a demás estoy cerca...
-Ya hermano, entonces te esperamos...
-Está bien... En media hora estoy en tu casa...
-Entonces hablamos Sebas...
-Hablamos...

Sebastián se le había olvidado por completo ensayar con su banda. Ese ensayo era muy importante y no podía faltar. Sara presintió que Sebastián se tenía que ir. Y también ella sabía que tenía que aceptar de la mejor manera su carrera musical.

-Sebas no te preocupes por mí si tienes que ir a ensayar, ya habrá tiempo para nosotros.
-¿Pero Sara no te molesta...?
-Para nada Sebas, yo te amo porque te dejo ser libre.
-Entonces se me ocurre una idea... Porqué no vienes conmigo al ensayo. Así conoces a la banda y te presento como mi enamorada, mi primera enamorada.
-Jajajaja estás loco Sebas... ¿Pero no incomodaré...?
-No Sara, quiero que me acompañes.
-Bueno, igual no iba a dormir pensado en ti. Ok Sebas vamos.
-Vas a ver que no te vas aburrir... Los muchachos de la banda son chéveres.
-Con tal que me toquen mi canción.
-¿Y cómo supiste que yo te hice una canción...?
-Ya no te acuerdas cuando fui a verte... Intuición femenina, mi amor.
-Ah, me has hecho acordar... Ahora por el camino me vas a decir por qué esa noche te fuiste de la discoteca.
-Está bien Sebas, pero apurémonos que tus amigos te van a matar.
-No te preocupes que hay mucho tiempo.

Sebastián volvió a besar a Sara reiniciado de nuevo el amor, su amor.

(Cada vez que el abuelo de Sebastián ve este gol, su corazón acelera, y no es para menos)



(Esta es la pelicula que Sebastián recomienda a todos los que escuchan buena música como él. Rock Star... y Sara feliz.)

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